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SECUESTRADOS PERO NO OLVIDADOS

25 Oct
SECUESTRADOS PERO NO OLVIDADOS

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Desafortunadamente y de tanto repetido el tema, la suerte de nuestros secuestrados parece a veces olvidada por nuestra sociedad; el secuestro de la hija del Alcalde de Fortul pareció remover la conciencia de nuestros ciudadanos, pero una vez liberada todo vuelve a ese cauce de anormalidad que es la indiferencia.

Hoy recordamos no sólo a los 21 miembros de la Fuerza Pública que padecen por años este delito a manos de la banda criminal Farc, sino a los cientos de colombianos cuyo destino no se conoce y que son víctimas del secuestro extorsivo de las narcoguerrillas y otras organizaciones criminales.

A los miles de niñas, niños y adolescentes secuestrados de su hogar para servir de instrumento de violencia terrorista o como víctimas sexuales de los cabecillas de las estructuras criminales de la narcoguerrilla.

Con razón reclama el editorial del diario El Nuevo Día de Ibagué para que en medio de lo que ya parece un sainete no sobra volver a reclamar por la liberación de quienes sí padecen el secuestro en todas sus abominables concepciones para que esta liberación se produzca ya, sin condicionamientos ni demoras[1].

Según la fundación País Libre, desde el 1 de enero de 2007 al 30 de junio de 2011 fueron secuestrados en el país 212 menores de edad. De estos, 21 se produjeron este año. Los departamentos en donde más se han producido los secuestros son Valle, Bogotá, Antioquia, Nariño, Huila y Magdalena[2].

“Los secuestros de menores de edad representan el 15 por ciento del total de 1.400 personas secuestradas en Colombia durante estos 54 meses”, señaló País Libre. En las cuentas de la fundación esos 212 casos, 83 corresponden a niñas, 116 a niños y 13 sin establecer. De los plagiados en el primer semestre de este año, 13 son niñas y 8 niños. De estos casos 148 fueron rescatados por la Fuerza Pública y a junio 30 de este año, 11 menores permanecían en cautiverio y uno de ellos, durante 2007, perdió la vida estando bajo el poder de sus captores. De los 212 casos reportados; 186 fueron producto del accionar de la delincuencia común, 9 a las Farc, 4 a familiares, otros 4 a las bandas criminales, 3 al ELN y en 6 casos no se ha establecido el autor[3].

Las bandas criminales Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), han convertido el secuestro en toda una industria del delito, siendo responsables de más de 20.000 secuestros desde 1997, según cifras del 2005 publicadas por la organización colombiana País Libre. Sin embargo familiares de secuestrados sostienen que las cifras oficiales sobre el secuestro en Colombia están muy por debajo de la realidad pues la mayoría de las familias afectadas no denuncian por temor a represalias[4].

Según cifras de la OMS, la cotidianidad colombiana está caracterizada por una violencia generalizada con alrededor de 26.000 homicidios al año. El conflicto colombiano, uno de los más antiguos del mundo, ha sido impulsado por la producción y tráfico de estupefacientes. Según cifras oficiales, tan sólo las FARC, recaudaban anualmente, según cifras del 2005, entre $300 y $800 millones de dólares al año a través del narcotráfico, el secuestro y otras operaciones clandestinas[5].

Secuestrados militares y secuestrados económicos son un botín de guerra para las bandas criminales, no es sólo la obtención de un beneficio económico ilícito, sino fundamentalmente sembrar el terror entre la población civil que se siente víctima potencial de la práctica criminal. Ese terror es especialmente promovido por organizaciones afines al narcoterrorismo, que desde la legalidad manipulan el dolor de las víctimas y advierten a los ciudadanos que de no plegarse a los requerimientos de las narcoguerrillas podrían ser los próximos en sufrir la ilegal privación de la libertad.

Aquí hay organizaciones que se han especializado en obtener ganancias económicas al margen del secuestro, no sólo pretendidos negociadores entre las víctimas y la narcoguerrilla, sino verdaderas industrias que bajo la mampara del derecho trasladan la culpa de la existencia de ese reprochable crimen al Estado, por acción u omisión de los servidores públicos. Si uno hace una evaluación de quienes manejan los procesos por secuestros o desapariciones en Colombia, va a encontrar en un alto porcentaje a los mismos actores.

Son esos mismos personajes que tienen como tarea convencernos de que el Estado también ejerce el secuestro al imponer la definición de presos políticos a los terroristas capturados y judicializados. Según estos perversos personajes la humanización del conflicto pasa por el reconocimiento gubernamental de tal práctica, el Estado, dicen, también priva de la libertad a las personas por medio de mecanismos institucionalizados de justicia que vienen a estipular a quién se quita o no la libertad, punto crucial en términos judiciales, culturales y simbólicos, para un eventual intercambio de personas presas en cárceles colombianas con los considerados fuera del status quo en el país[6], los secuestrados por las narcoguerrillas y otras bandas criminales.

La práctica del secuestro por parte de las narcoguerrillas en Colombia ha querido ser reducido a un plano lingüístico o si se quiere de una definición epistemológica por parte de aparatos, organizaciones y movimientos políticos o gremiales afectos al narcoterrorismo.

En ese embeleco pseudointelectual caen muchos sectores ‘contestarios’ que consideran al Estado como el agente único y exclusivo de los males sociales, económicos y políticos gracias al maniqueo aprovechamiento de los llamados neosocialistas o neocomunistas que tratan de reanimar las desuetas tesis de Marx, Engels y Lenin, disfrazadas de bolivarianismo, indigenismo o medioambientalismo. Culpar al Estado es más fácil y menos riesgoso.

Nada más hay que apreciar a muchos candidatos a corporaciones públicas que han vivido de las arcas estatales y que en época de elecciones se presentan como contrarios a esas prácticas, recurriendo al expediente de culpar al Estado y sus instituciones y no a los factores de violencia que desde los 50 agreden a la sociedad colombiana, los que en 1964 se declararon ‘inconformes’ y han utilizado la llamada ‘combinación de las formas de lucha’ para atacar a los colombianos, las bandas criminales Farc, Eln y sus apologistas en el comunismo criollo.


  1. EL NUEVO DÍA. De secuestros y secuestrados. Opinión. Octubre 25 de 2011. En: http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/opinion/editorial/116552-de-secuestros-y-secuestrados
  2. FUNDACION PAIS LIBRE. Este año 21 niños han sido secuestrados en Colombia.  Octubre 25 de 2011. En: http://www.lasvocesdelsecuestro.com/noticias_detalle.php?id=4870
  3. Ibíd.
  4. DW-WORLD.DE. Colombia: La industria del secuestro.  30 de marzo de 2005. EN: http://www.dw-world.de/dw/article/0,,1534515,00.html
  5. Ibíd.
  6. GÓMEZ RODRÍGUEZ, Oscar Enrique. Secuestro en Colombia: Significados y prácticas discursivas. Bogotá, 2009. En: http://www.dissoc.org/recursos/tesis/Tesis%20Oscar%20Gomez.pdf
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1 comentario

Publicado por en octubre 25, 2011 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “SECUESTRADOS PERO NO OLVIDADOS

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    octubre 25, 2011 at 10:01 pm

    Reaccionemos carajo. Al menos una hora de plantón diario hasta que nuestros secuestrados vuelvan a la libertad. Ni un minuto más para los narcoterroristas y sus apologistas.

     

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