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UTILIZAR AL ENEMIGO PARA DERROTAR AL ENEMIGO

08 Nov

UTILIZAR AL ENEMIGO PARA DERROTAR AL ENEMIGO

Los grandes éxitos militares colombianos de los últimos tiempos, incluida la Operación Odiseo, se fundamentan en un antiquísimo principio de la guerra: utilizar al enemigo para derrotar al enemigo (Sun Tzu).

El desarrollo de Odiseo es un ejemplo excelso de la aplicación del engaño, en el que se basa ese arte de la guerra. Cuando se es capaz de atacar, ha de aparentarse incapacidad (después del primer golpe, se dio la impresión de retirada que llevó al enemigo a pecar de confianza y salir de sus refugios); cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca.

Otro principio común a estas operaciones exitosas ha sido la celeridad en la acción ofensiva final. Sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear; tanto así que la reacción del enemigo ha sido lenta y tardía como se demuestra en el reducido número de bajas en las propias tropas o en las del enemigo, que ha cambio ha representado un alto número de capturas o desmovilizaciones de los elementos de la narcoguerrilla, situación en la que se cumplen otros dos principios: Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo y aquel que reza que los que consiguen que se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores maestros del Arte de la Guerra.

En ello ha sido fundamental la aplicación de los principios de inteligencia militar que determinan conocer de antemano la dificultad de la lucha armada para hacer cercanas las distancias largas y convertir los problemas en ventajas, conocer cada detalle de la condición del terreno y de la disposición del enemigo para maniobrar y guerrear con éxito.

El Ejército colombiano es exitoso porque sus maniobras militares han sido el resultado de la determinación dinámica de los planes y las estrategias como la manera más ventajosa para ganar, han permitido determinar la movilidad y efectividad de las tropas con la mayor economía de recursos, pero obteniendo victorias que en corto tiempo han minado la capacidad y la voluntad de lucha del enemigo.

Sin embargo hay que reconocer y ponderar, como parte de ese mismo conocimiento del enemigo, donde aquel ha venido aplicando también esos principios; indudablemente que no en el campo de las armas, como tal vez pudo hacerlo en un reciente pasado cuando infiltró elementos en bases aisladas para propinar dolorosos golpes.

Pero el enemigo no se ha quedado quieto y desde hace tiempo tejió una red de apoyos logísticos y políticos. Los primeros puede decirse han sido neutralizados de manera efectiva, pero los segundos siguen vigentes y adelantan acciones no armadas tendientes a destruir la voluntad política del Estado aprovechándose de las debilidades de la democracia.

Infiltrar elementos del PC3 en diversas instancias del mismo Estado para combatirlo utilizando sus propias normas, procedimientos y programas ha sido quizá el mayor logro que Alfonso Cano deja como nefasto legado; la guerra jurídico-política podría llegar a paralizar la acción militar contra las estructuras criminales amparándose en un principio de legitimidad cuando esta la desarrollan las mismas instituciones del Estado.

Utilizar los partidos y movimientos legítimamente constituidos para presionar al Estado a fin de que cesen las operaciones militares contra las estructuras criminales en aras de una pretendida ‘humanización del conflicto’ o denunciando falsamente estas operaciones como agresión contra la población civil, con el concurso de la idiotez mediática, es otra forma de utilizar las instituciones democráticas para combatirlas a ellas mismas.

La guerra contra el enemigo narcoterrorista tiene muchas facetas y es deber de todos los ciudadanos estar vigilantes para evitar que la victoria militar pueda convertirse en derrota política o jurídica, presentes deben estar casos como el de Mapiripan para ejemplarizar como el enemigo tiene una capacidad de hacerle más daño a la sociedad que el que las facciones terroristas puedan alcanzar.

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Publicado por en noviembre 8, 2011 en Opinión Pública

 

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