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CUANDO LA LIBERTAD DE PRENSA NO CUENTA

21 Dic

CUANDO LA LIBERTAD DE PRENSA NO CUENTA

Con ocasión de las denuncias contra los propagandistas de las Farc, Hollman Morris y otros, el gremio de los periodistas colombianos convocó la solidaridad internacional para defender la libertad de prensa y el derecho de expresión, amenazados según ellos por las investigaciones judiciales sobre el papel probado de esos elementos en el desarrollo de una actividad eminentemente apologética de la organización narcoterrorista.

Carlos Lozano, a través del semanario Voz del Partido Comunista Colombiano, no oculta la propaganda profariana; al fin y al cabo las Farc constituyen el ideario comunista de la combinación de las formas de lucha que el PCC ha impulsado desde los años 40 del siglo pasado. Sin ningún reato este periodista se da el lujo de injuriar las instituciones democráticas mientras hace apología del narcoterrorismo. Pero cualquier oposición a ello se considera un atentado contra la libertad de prensa.

Qué decir de columnistas y periodistas de los medios de comunicación considerados tradicionales y afectos al sistema, que no pierden espacio u oportunidad para despotricar contra las instituciones cuando no se aceptan dócilmente las imposiciones de las minorías derrotadas en las urnas, pero ahora soberbias empoderadas en el Ejecutivo.

Todos estos supuestos ‘librepensadores’ han llorado el retiro de un insultador de oficio de un diario de Cali, de cuyo nombre no quiero acordarme, pero callaron cuando Alfredo Rangel fue sacado de Semana por no opinar en contra del Estado; el pecado de Rangel era el de defender las acertadas políticas que en materia de seguridad y defensa democrática se tomaron, manteniendo su espíritu crítico sin embargo.

Hoy, la historia se repite. Por no haber escrito nunca a favor del PCC, de las Farc y los actores del conflicto en Colombia, un fiscal de Montería, Córdoba llamó a indagatoria al reconocido analista político y columnista Ernesto Yamhure por sus presuntos vínculos con grupos paramilitares. Ningún gremio periodístico alzó la voz para defender la libertad de prensa o la inmunidad del periodista para defender sus fuentes.

Las denuncias contra Yamhure nacieron después de los contactos de Piedad Córdoba e Iván Cepeda con los cabecillas de las AUC, entre ellas con el cabecilla del Bloque Elmer Cárdenas de las Autodefensas, Freddy Rendón Herrera, alias ‘el Alemán’, quien deberá explicar su conocimiento sobre los vínculos entre el columnista y Carlos Castaño, y de cómo, recogiendo la tesis de la Fiscal Viviane para favorecer a su esposo Carlos Alonso Lucio, tuvo el inmenso bache del olvido del que ahora se recupera.

Yamhure, a diferencia de ciertos columnistas que se creen dioses del periodismo colombiano, tuvo el honor de apartarse de sus columnas habituales mientras se aclara su situación.

Ejemplo para las patéticas figuras de María Jimena Duzán, que se hizo famosa defendiendo a Samper Pizano frente a la realidad de la incursión del narcotráfico en su elección como Presidente; Daniel Samper Pizano, famoso de antes, pero en caída al renunciar a su personalidad investigativa para no desfavorecer a su hermano, por no hablar de los Antonios Caballeros, Molanos, y otros ‘comunistas de café’ que se han impuesto en nuestros medios.

Hay que ver como todos y cada uno de estos ‘intelectuales’ del periodismo colombiano reclama, al que más, haber sido compañero de aula de Guillermo León Sáenz Vargas y de cuanto terrorista de todas las pelambres ha victimizado al país, en una exhibición de un orgullo insano cuando el personaje criminal desaparece, para mostrarse como próximo a la ‘imaginería popular’, como voceros de sus necesidades y expectativas aunque frente a ellas nunca hagan nada.

Tengo por seguro que ni uno sólo de ellos, en su momento, cumplió con el deber que impone a todos los ciudadanos el art. 216 de la Constitución del 91, y que por la calvicie, barriga e idiotez que les caracteriza, debieron obedecer al mandato del art. 165 de la Constitución del 86.

Haber evadido por razones de familia, política o condición económica el debido servicio militar que cumplimos los demás, cree los faculta para hablar con el odio que los caracteriza contra el Ejército, por haberse sentidos inferiores en algún momento a sus coetáneos. En mucho, entonces, fueron inferiores a ellos.

Hoy en día, en aras de un supuesto civilismo, son esos ‘niños bien’ los que dirigen el rumbo de la opinión, no ceden antes golpes reales y contundentes como el manifestado por el pueblo colombiano este 6 de diciembre, encuentran el término literal para tergiversar el sentido de las cosas y acomodarlo a sus interesadas tesis: Si el pueblo marcha contra las Farc, ellos lo presentan mediáticamente como una intención de marchar contra todos los actores del conflicto, en los que miserablemente incluyen al Ejército Nacional.

Pero si uno sólo de su gremio se aparta de esa media, como sucede con Ernesto Yamhure y otros, deben ser reos de la justicia por oponerse al sueño comunista que invadió a nuestros medios en desarrollo de las estrategias trazadas por el Foro de Sao Paulo desde la decadente Cuba.

Ojalá, estos sinvergüenzas se desenmascaran y convocaran junto a Piedad Córdoba, Iván Cepeda y las mismísimas Farc, una marcha de apoyo a las tesis que sostienen para mantener en guerra a Colombia.

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Publicado por en diciembre 21, 2011 en Opinión Pública

 

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