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EL LENGUAJE BLANCO DE LAS FARC

16 Ene

EL LENGUAJE BLANCO DE LAS FARC

Causa curiosidad que al mismo día y en el mismo medio, dos prestigiosas columnistas expresen versiones diametralmente opuestas sobre el significado y alcance del último comunicado de Rodrigo Echeverry Londoño, alias Timochenko Jiménez, cabacilla de la banda criminal Farc.

Para recordar, Londoño Jiménez tiene pendiente una condena del poder judicial que se ha negado a conocer los casos de asistencia política y económica a las Farc[1]. El juzgado segundo penal especializado de Cali condenó a 25 años de prisión a los integrantes del secretariado de las Farc, entre los que ya se contaba a Rodrigo Londoño Echeverry, alias Timochenko o Timochenko Jiménez como firma ahora,  como determinadores del homicidio agravado de monseñor Isaías Duarte Cancino, perpetrado el 16 de marzo del 2002 en la capital del Valle del Cauca. Los hechos ocurrieron en la parroquia Buen Pastor, ubicada en el barrio Ricardo Balcázar, en el oriente de Cali, donde el prelado celebraba 105 matrimonios colectivos, cuando hombres armados irrumpieron e intimidaron a los asistentes y dispararon en contra de Duarte Cancino en varias oportunidades. En la acción resultó herido el sacerdote Joaquín Cortés.

Lo impensable sería que ese poder judicial, alienado y alineado a los intereses izquierdistas de ASONAL, el Polo y el PCC, juzgara imparcialmente y distribuyera justicia conforme a su misión constitucional.

Ser militar, de hecho, se convierte en elemento de confrontación con el poder judicial; se satura prima facie un prejuicio frente a la concepción socialista que Jaime Pardo Leal incrustó como sinónimo del ejercicio del servicio público.

El fundador de ASONAL sigue influyendo, como miembro del Comité Central del Partido Comunista de Colombia, en la decisión de Jueces formados en Universidades como la Nacional, La Nacional, la Gran Colombia, la Libre, y las Universidades de estrato 6, que tienen como cátedra la laxa contemplación del narcoterrorismo como fenómeno delictivo basado sobre todo en la idiotez de litigantes que atacando al Ejército y la institución militar creen lograr minar la moral de combate del militar frente a unas organizaciones criminales, que agotadas buscan un momento de negociación a través de otros canales: la inamovilidad del poder judicial y el poder mediático.

Equiparar la acción narcoterrorista y las conductas delictuales de la delincuencia organizada con las operaciones militares para reducirlas y doblegarlas en función de la defensa del Estado; como ha sido el objetivo perseguido por años por el comunismo internacional, se convirtió en el sitio común para Magistrados, jueces, fiscales y litigantes, al evaluar la conducta del militar en el llamado conflicto interno. Ahí es donde el narcoterrorismo encontró puerto en el que anclar para agitar sus inexistentes ‘razones políticas’ y recuperarse de las derrotas sufridas por las armas.

Nada más hay que ver la legión de Magistrados, jueces y fiscales que se han presentado como candidatos a elección popular por un reconocido partido político que no ha podido romper del todo su cordón umbilical con la teoría de la combinación de las formas de lucha o con partidos políticos con responsabilidad histórica en el rompimiento de la institucionalidad democrática para allegarse a sus fines y que ahora posan de conciencia moral de la república después de haber sido los creadores de toda forma de violencia armada en el país.

En efecto, son las políticas similares a las adoptadas por Alfonso López Michelsen al suspender la Operación Anorí, las adoptadas en torno a la creación de las autodefensas ilegales de Pablo Guarín o su posterior reconocimiento legal en los gobiernos de Cesar Gaviria o Ernesto Samper Pizano, las que deslegitimaron la lucha armada contra las narcoguerrillas y los cárteles narcotraficantes, pero de eso no se habla al momento de evaluar la descomposición política la república.

Que algunos miembros de las FF.MM y de la Policía sucumbieron ante la tentación del poder económico de las mafias, ello no debe extrañar cuando el narcotráfico puso a su servicio el poder del Estado e influyó directamente en la elección de gobernantes, incluso un Presidente que aún sigue actuando en la política nacional e internacional de Colombia.

Por cierto, en la cacería de brujas desatada por la corrupta Corte Suprema de Justicia, además de no investigarse las tomatas de sus miembros con los potenciales testigos en casos de su competencia, o los vínculos con el narcoterrorismo, este aparato judicial convirtió en norma la presunción de culpabilidad contra quienes hayan combatido el narcoterrorismo en todas sus expresiones, contrario a lo definido por nuestra Constitución, para acusar a sus críticos e inmovilizar cualquier proceso que afectare a los honorables magistrados que tomaron trago o recibieron homenajes, paseos o botines por parte de los delincuentes, conductas punibles cuya averiguación y puesta en conocimiento público, ahora constituyen el fundamento de las ‘chuzadas’ contra la CORTE.

En el país se convirtieron ciertas conductas delictivas averiguadas por el Estado y cometidas por algunos servidores o personajes públicos, en razón a favor de los delincuentes y en contra de la seguridad de toda la sociedad que hace parte de ese Estado. La Patria Boba que anhelan los supuestos juristas que predican el ‘siglo de los jueces’ para reemplazar la institucionalidad democrática.

Hay que ver como estos Magistrados y Jueces dictan sentencias absurdas frente a la realidad de la seguridad social en el país, especialmente cuando están direccionadas a favorecer el monto de las pensiones de Magistrados, Jueces, Senadores o Representantes, convirtiendo en una burla el sistema de seguridad social (pensiones) para el resto de colombianos. Ahí si no tienen ningún reato o conciencia comunista.

¿Hasta cuándo vamos a aguantarnos calladamente la dictadura de los deshonestos MAGISTRADOS, JUECES Y FISCALES que atacan al país para su propio beneficio político o pensional?

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1 comentario

Publicado por en enero 16, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “EL LENGUAJE BLANCO DE LAS FARC

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    enero 17, 2012 at 3:43 pm

    El discurso de Rodrigo Londoño, alias Timochenko, es más parecido al del fascismo de los años 30 del siglo pasado que al del pretendido socialismo del siglo XXI que liderara Lula da Silva. Esta lleno de lugares comunes como recordar la pobreza y la miseria que afectan a las sociedades democráticas, pero sin proponer alternativas reales o demostrar algún logro en su erradicación en los 50 años de criminalidad fariana. Por el contrario, puede demostrarse que las Farc han contribuido eficientemente en el mantenimiento de esas condiciones excluyentes con sus actos terroristas y barbáricos. Nada que ver con las tesis de Marx o Engels, por el contrario sus comportamientos bandidescos están más cerca del anarquismo de Bakunin, destruir las empresas para evitar la ‘explotación del obrero’, sumir al país en la miseria para evitar el crecimiento del capital. Basta entender que el alias escogido por Londoño Echeverry, Timochenko, encarna al sanguinario militar soviético, íntimo de Stalin, que dirigió los programas de eliminación de judios en la alianza soviético-nazi durante la campaña de Polonia, lo que le valió el reconocimiento comunista como Comisario del Pueblo y Mariscal del Ejército Rojo soviético. Ese es el ejemplo que alienta a Londoño Echeverry, de tal manera que esperar de él ejemplos humanitarios será harto difícil.

     

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