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LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL CIUDADANO

31 Ene

El pasado 29 de enero, en el programa de T.V. Séptimo Día, se llevó a cabo un experimento que buscaba medir la reacción de los ciudadanos ante las agresiones racistas; si bien los resultados dejan una sensación de esperanza, la mayoría de los sujetos salieron en defensa de la persona agredida, es preocupante que persista una conducta de indiferencia que conlleva a la generación de un estado de tolerancia y permisividad frente a las manifestaciones racistas o de cualquier otra actividad que vaya en contra de los derechos fundamentales de los individuos que conforman una sociedad.

De hecho, sólo una persona tomó abiertamente partido a favor del agresor señalando abiertamente su desprecio por las personas que conforman las minorías raciales o étnicas en nuestro país.

Las manifestaciones abiertas o soterradas eminentemente racistas, desafortunadamente tienen cabida aún en una sociedad como la nuestra, pluriracial, pluriétnica, y generalmente somos indiferentes ante ellas; un ejemplo práctico: La permisividad ante ciertas ‘tribus urbanas’, conformadas por adolescentes y jóvenes, que fundamentándose en las desuetas teorías de la supremacía racial, han llegado a la agresión física con lesiones e incluso la muerte, de quienes el grupo considera ‘inferiores’ en el ámbito social.

Seguramente, la defensa técnica de los implicados en esos hechos recurrirá a todo el espectro de excusas fundamentadas en la ‘responsabilidad social’, del colectivo, para tratar de justificar o atenuar la responsabilidad penal de su defendido, que usualmente finca sus raíces en los estratos medios y altos de la población; es muy raro encontrar un grupo de ‘cabezas rapadas’ o ‘Skinheads’ en los estratos medio-bajo y bajos de la sociedad, si existen, utilizan el disfraz como mampara para la comisión de otros delitos.

Cuando ante nuestros hijos pequeños, o nietos o allegados, hacemos un ‘chiste racial o étnico’ estamos sembrando la semilla del rechazo hacia quienes hacen parte de ese grupo objeto de escarnio; cierto, lo hacemos de buena fe, no nos asiste una intención dolosa, la mayoría de las veces, al contar el chiste donde se magnifica las falencias socio-económicas, la cultura o las características físicas del individuo o grupo objeto de la burla.

Las diversas escuelas psicopedagógicas, y en eso no hay discusiones realmente de fondo, consideran que a la edad de tres años, los niños ya son conscientes de las diferencias y pueden tener la percepción de que ser “blanco” es lo deseable. A la edad de 12 años, ya tienen estereotipos y prejuicios aprehendidos, que son el fundamento del racismo y la discriminación, por eso la educación de la tolerancia es indispensable, y se recomienda comenzar en la edad preescolar[1] a marcar el rechazo a toda forma de discriminación racial, sexual, social, política y demás expresiones nocivas frente al reconocimiento del otro como mi igual.

De tal manera que los argumentos de la tolerancia y aceptación racial o étnica, son igualmente válidos para promover una cultura de respeto hacia todas las expresiones de raza, credo, sexo, minorías sociales, económicas y políticas en nuestra sociedad. Debe hacer parte desde la más temprana edad, del proceso de formación del ciudadano que en ejercicio de sus derechos fundamentales está sujeto también al cumplimiento de los deberes y obligaciones que como miembro de la comunidad nacional le señala el art. 95 de nuestra Constitución.

Esos derechos fundamentales, no son sólo los que señala como de aplicación inmediata el art. 85 de la Carta, lo son todos aquellos que concurren a la realización efectiva de los principios fundamentales del Estado social de derecho fundado en el respeto a la dignidad humana. Mientras esto no se observe, la realización de la patria no será más que un romántico enunciado en un libro llamado Constitución.

De tal manera que hay que revisar el papel que nuestro estado de caos social están jugando cada uno de los responsables en su formación; no es cosa solamente del educador, del juez, del militar o del policía, el reordenamiento de nuestro tejido social. No en vano se ha dicho siempre que la familia es la principal célula de la sociedad, de tal manera que no cabe duda que el ciudadano de hoy comienza a formarse allí, con todas sus virtudes y sus defectos, con su aceptación o no del orden social, que determinan indudablemente las acciones, prejuicios y actitudes del ciudadano del mañana.

Innumerables tesis socialistas acudirán a cuestionar la anterior afirmación; por las exigencias sociales y económicas de la sociedad moderna los padres deben confiar la educación de sus hijos a terceros (nanas, niñeras, abuelos o la escuela). Pero antes de ahondar en la discusión, diría: Si tenemos conciencia de que nuestra posición social, política o económica nos impide dedicar tiempo de calidad a nuestros hijos ¿Para qué crearlos y confiárselos a terceros?

La responsabilidad social no es un asunto del Estado, es un asunto inherente a la condición de ciudadano de una nación, de individuo perteneciente a la raza humana.

Hemos generado una cultura mendicante donde el Estado debe asumir no sólo nuestras responsabilidades, sino fundamentalmente nuestras irresponsabilidades. ¿Cuántos, de esa gran mayoría de 44 millones de colombianos, conocemos las responsabilidades que tenemos comunitariamente como lo dice el art. 95 de la Carta, frente a las acciones de un 1% de individuos que hicieron del crimen un modo de vida? ¿Usted ha leído el art. 95 de la Constitución o sólo conoce el art. 86?

La ‘cultura mafiosa’ en el país se inició desde los años 60 cuando surgieron las primeras expresiones de grupos minoritarios armados, que mediante la coacción social violenta quisieron imponer sus criterios; cuando aceptamos sin mayor análisis o razón que la violencia debía continuar porque el comunismo argüía tesis sociales o políticas. La misma actitud que ha imperado cuando las entonces guerrillas se dedicaron al negocio del narcotráfico y convirtieron el secuestro, el reclutamiento de niñas, niños y adolescentes, la siembra de minas antipersonal y el uso de cilindros y tatucos, como otras conductas reprobadas por del derecho internacional humanitario y los derechos humanos, en una expresión políticamente válida para ellos.

¿Qué hubiera sido de Colombia si en los 60 se hubiere aceptado, como política meliflua reconocer las repúblicas independientes creadas por las Farc? ¿Qué sería del país de continuar la entrega a los poderes narcotraficantes de nuestros procesos democráticos como ocurrió en la segunda mitad del siglo pasado? ¿A dónde estaríamos si El Caguán fuera nuestra república colindante en el Sur y no Perú o el Ecuador?

Nos hemos vuelto mentirosos con nosotros mismos. Aceptamos las conductas de las bandas criminales, de las Farc y el Eln, como método para llegar a la paz, pero ahora, por obra de esas mismas facciones, consideramos un crimen cualquier intento por haberlas derrotado; hoy los principales testigos y jueces de la acción de nuestros militares y policías, son los bandidos que conformaron las organizaciones armadas ilegales o quienes fueron sus apologistas y auxiliadores, declarando ante un poder judicial cuyo grado de corrupción no hemos querido aceptar y denunciar, por el contrario nos convencen de la necesidad de apoyarlo tal y como está.

Esa realidad es la que debe cuestionar hoy al ciudadano colombiano; no sólo es el racismo o el sexismo, es también el destino final de la patria. Si nuestros hijos siguen creciendo sin ver una acción participativa, real y decidida, para salvaguardar nuestro valores, creencias y fundamentalmente nuestra historia democrática, las agonizantes dictaduras representantes del fracaso socialista, encontrarán un campo abonado para destruir el último bastión de la libertad en Suramérica y abrirle paso al malevo plan del Foro de Sao Paulo a través de gobiernos idiotas y obscuentes.


[1] IIARS. Respondiendo al odio en la escuela. Una guía para maestros, consejeros y administradores. Ver texto completo en:http://www.piedrasanta.com/HTML/15/docs/91%20formas%20para%20%20combatir%20el%20racismo%20y%20diiscriminacion.pdf  

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1 comentario

Publicado por en enero 31, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DEL CIUDADANO

  1. Juan

    noviembre 27, 2013 at 5:02 pm

    necesito EJEMPLOS de la responsabilidad ciudadana… NO ESTO!!!

     

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