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10 AÑOS DESPUÉS DEL DESPEJE

20 Feb

ALCALDIA SAN VICENTE DEL CAGUAN

Para los pobladores de San Vicente del Caguán y los demás municipios que comprendieron la llamada zona de despeje, el 21 de febrero si es una fecha de celebración; sometidos a 4 injustos años de abusos por parte de las Farc, los habitantes de estos 42.000 km2, volvieron a vivir cuando el gobierno nacional declaró fracasados los diálogos y dio la orden a las tropas de recuperar esta zona del territorio nacional, que había sido convertida en una cueva de rolando por Tirofijo y su banda criminal.

Nada más extraño al sentir popular de los caguaneños que encontrar su municipio sitiado por fotografías y recordatorios del desaparecido jefe narcoterrorista; los más suspicaces dirán que hay una campaña propagandística para recordarle a nuestras comunidades que la amenaza delincuencial no ha desaparecido y que camuflada entre los honestos campesinos y las comunidades indígenas, sus milicias y estructuras criminales aún reptan buscando reposicionarse.

Por eso hay que saludar y reconocer el valor de los Concejales de San Vicente,  sobreponiéndose a las amenazas veladas la Corporación democrática ha levantado con honor su voz para rechazar el show mediático que quiere hacerse en esta fecha. Es una verdad de a puño, querer convertir el 21 de febrero en una fiesta profariana es un claro irrespeto a los familiares, viudas y huérfanos de las víctimas, de los secuestrados, los desaparecidos y desplazados, de los niños, niñas y adolescentes reclutados a la fuerza para alimentar la máquina de guerra que las Farc quisieron construir en la zona de despeje.

El motivo de indignación de los caguaneños y del país es la procaz intención de algunos sectores de la región que no han podido entender que la historia ya dio su veredicto: El experimento desarrollado entre 1998 y 2002 constituyó un rotundo fracaso porque las Farc, sus promotores y apologistas, engañaron al país y al mundo, porque mientras hablaban de paz desarrollaban todo un esquema para continuar la guerra. Burlándose de la humanidad, aprovecharon la buena fe del mundo abusaron de la zona de distensión para incrementar su poderío criminal.

Pero como ha sucedido con los llamados cárteles de la droga, el cártel de las Farc también ha sucumbido bajo el peso de sus propias culpas y por eso hoy no representan ni siquiera al 1% de los colombianos; sobreviven mediáticamente por la acción de los colectivos de abogados interesados en convertir la guerra en una fuente de ganancias económicas aprovechándose del dolor de las víctimas o de políticos mendaces que manipulando el anhelo de paz de los ciudadanos, tienden cortinas de humo para que el mundo no se entere de lo que sucedió realmente en la zona de despeje y que aún provoca pesadillas entre sus habitantes.

Los habitantes de San Vicente de Caguán y de aquellos municipios que conformaron la zona de distensión, sobreviven con la amenaza latente de los terroristas, representada en las milicias que actúan utilizando la población civil como escudo y a través de los testaferros que ostentan la posesión de los bienes despojados mediante la violencia por los narcoguerrilleros durante la vigencia de los frustrados diálogos. Los ciudadanos de bien saben quiénes son los legítimos dueños de esos bienes apropiados violentamente por las Farc, de ahí que precisamente que los narcoterroristas quieran impulsar campañas propagandísticas que con supuestas ‘buenas intenciones’, realmente buscan atemorizarlos para que en esta región no se aplique la ley de víctimas y restitución de tierras (Ley 1448/2011).

No se puede permitir que nuevamente San Vicente del Caguán sea llamada despectivamente la ‘ciudad milagro’ porque todo lo robado en el país aparecía en sus calles; la imagen del Mono Jojoy y sus secuaces montando camionetas de lujo y mostrando la faceta de traquetos y mafiosos, vuelva a repetirse; el Caguán debe ser un polo de desarrollo justo y equitativo, no una zona estigmatizada por los violentos que insisten en apropiarse de ella.

El pueblo colombiano y la comunidad internacional apoyan la decisión del Concejo Municipal de San Vicente del Caguán de no respaldar el show mediático montado para hacerle apología a un criminal como Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda, alias Tirofijo, y sus secuaces.

Hoy afortunadamente, son los que en la época de la zona de distensión eran apenas muchachos con la capacidad plena de comprender la realidad criminal impuesta por las Farc, los que en San Vicente del Caguán y los demás municipios, van llegando al poder por la voluntad del pueblo; elegidos democráticamente por sus conciudadanos saben a ciencia cierta que las Farc no cederán a sus protervas intenciones mientras no sean derrotadas definitivamente, que con ellas ninguna muestra de ‘amiguismo’ o ‘apaciguamiento’ surte efecto, porque son esas muestras las que las alientan a seguir delinquiendo.

Habrá que pensar que el señor Alcalde de San Vicente del Caguán obra por motivos nobles y no por intereses políticos al tratar de reposicionar la imagen de Tirofijo en el municipio, que el diseño de los carteles publicitarios, por cierto con los colores distintivos de un partido político colombiano, son apenas una triste coincidencia; cuando lo que debería estarse conmemorando era el dolor y la tristeza de cientos de familias afectadas por la acción criminal de las Farc entre 1998 y 2002, no convocando a una celebración que quiere favorecer la inexistente imagen de los narcoterroristas, sus promotores y apologistas.

Para el pueblo de San Vicente del Caguán, como para muchos otros municipios de Colombia, es una realidad que deben esconder muchas veces: Son también secuestrados por la organización narcoterrorista; durante los años del despeje se llevaron a sus padres, hermanos, hijos, como botín de guerra, como carne de cañón para esconder la cobardía de los cabecillas. Por eso creen que tienen que guardar silencio, que deben acudir dócilmente cuando los milicianos los convoquen o que deben culpar al Estado por el fracaso de los diálogos.

Los habitantes de San Vicente del Caguán tienen toda la autoridad moral para exigirle a elementos como Piedad Córdoba y su Movimiento de Ciudadanos por las Farc, o a Iván Cepeda y su MOVICE, que basta de engaños, que ellos saben que las Farc pueden liberar a los secuestrados de la misma manera que se los llevaron, sin shows mediáticos internacionales, sin participación de terceros países y sobre todo sin condiciones, garantizándoles la vida que les han arrebatado al encadenarlos en la selva.

Los caguaneños deben entender que la jornada propuesta por su Alcalde este 21 de febrero, como la convocada por Piedad Córdoba en Bogotá para el 26 del mismo mes, como bien lo señala uno de sus ediles, es una cortina de humo, una oportunidad para tratar de mostrar al Estado como culpable de la violencia, mientras insisten en mostrar a las criminales Farc, y ahora al ELN, como apóstoles de la paz, como ‘luchadores altruistas’ de los que sentenciaran nuestros magistrados de la Corte Suprema de Justicia son inalcanzables por nuestra Constitución y legalidad.

Pero el pueblo pueblo, aquel que vivió la horrenda noche del despeje, hoy está hablando: a 10 años de la infamia se rebela a la estigmatización que las Farc le produjeron; para temor de los apologistas de las Farc, muchas verdades saldrán al descubierto gracias a la acción de un alcalde, que fiel a su hermano y alimentado por los colectivos y demás órganos que en la legalidad operan a favor de las narcoguerrillas, aún sueñan con repetir la ‘Zona del Caguán’.

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1 comentario

Publicado por en febrero 20, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “10 AÑOS DESPUÉS DEL DESPEJE

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    febrero 21, 2012 at 10:33 pm

    El show que quizo montar el alcalde de San Vicente del Caguán en favor de las Farc y de su hermano, que es comandante de una estructura criminal de esa organización, sirvió apenas para demostrar que los milicianos siguen manipulando a los habitantes de las veredas, obligándolos a asistir a este tipo de eventos a riesgo de su propia vida; en el camino que debían transitar los campesinos las Farc colocaron una trampa explosiva contra la misma población civil que dicen representar. El circo de las Farc se desarrolló con los consabidos discursos mentirosos socialistas, pero sin ningún respaldo popular, hasta Piedad sintió vergüenza y no asistió a la convocatoria, sabiendo que lo mismo le va a pasar este 26 en Bogotá.

     

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