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LA ARREMETIDA DE LA GUERRILLA ES UNA EXPRESIÓN DE COBARDÍA

04 Mar

Colocar explosivos cerca de las escuelas o de los caminos que transitan campesinos, especialmente niños y mujeres humildes, pertenecientes a esas comunidades que la narcoguerrilla dice políticamente representar, no son más que una expresión de cobarde impotencia que solamente sus apologistas podrán tratar de representar como escalada violenta que debe tener salidas políticas.

Aceptar esas tesis es pedirle al pueblo colombiano que ceda sus más sagrados valores y principios ante la criminalidad organizada, llámese narcoguerrilla o bacrim; de seguir esa ruta suicida muy pronto tendríamos que ceder las ciudades al microtráfico, a quienes manejan la prostitución y a cuanto delincuente diga que comete delitos por razones sociales, porque se siente excluido social o económicamente. Ni más ni menos, la realidad no puede presentarse con otro nombre.

No es gratuito que la arremetida narcoterrorista se enmarque dentro del llamado a una marcha para reivindicar a las supuestas víctimas del Estado, promovida por la comunista organización MOVICE para el 6 de marzo, no es coincidencia que las Farc ordenan un paro armado en Risaralda y Chocó del 1º al 8 de marzo, arrecien sus ataques contra la población civil en Cauca y Arauca. Hay una coordinación que pretende mostrar fuerza política y armada de las narcoguerrillas, que mediante la presión de la liberación de los secuestrados, pretenden ganar algo del terreno perdido gracias a la acción decidida de Pueblo-Gobierno-FF.MM en la aplicación de la Política de Defensa y Seguridad Democrática.

Hay toda una sucesión de hechos que así lo demuestran: A finales de 2011 asesinan vilmente a 4 uniformados secuestrados, con tiros por la espalda, para tapar la falta sus voceros políticos hablan de que los terroristas actuaron presionados por la presencia de militares en el área, luego los bandidos salen a decir que los iban a liberar. Poco tiempo después salen a decir que para congraciarse liberarán a 6 militares, su principal apologista pide entonces públicamente que sean 10 y exige un despliegue mediático internacional para que dicha liberación se dé. La narcoguerrilla de pronto anuncia que sí, que liberará a los 10 y a la vez emiten sendas ‘epístolas’, incluso en latín, para hablar de su voluntad de paz.

Simultáneamente las Farc desatan una ola terrorista contra la población civil del sur colombiano (Nariño y Cauca, especialmente), los ataques contra transportadores en Putumayo y Caquetá. Ante el elevado número de víctimas y los destrozos provocados, la población colombiana y la comunidad internacional expresan sin reparos su repudio a la organización criminal.

Como respuesta MOVICE programa una marcha de rechazo por las víctimas del Estado, habla del renacimiento del paramilitarismo y de operaciones entre las FF.MM y las bandas criminales; se busca así distorsionar la imagen y la naturaleza de un conflicto desatado por el PCC a través de las Farc desde los años 50 en el país; tanto así, que uno de los promotores de la marcha es precisamente el hijo de uno de los ideólogos de la combinación de las formas de lucha, con la que el PCC dio origen a las autodefensas campesinas, posteriormente llamadas Farc.

Por su parte los demás apologistas de las Farc agitan el tema de las nuevamente aplazadas liberaciones de secuestrados y logran una hipócrita declaración de los terroristas en el sentido de renunciar al secuestro extorsivo de civiles, pero nada se dice sobre los cerca de 750 colombianos secuestrados cuyo paradero ha sido silenciado por las mismas narcoguerrillas, el MOVICE y otras llamadas ONG defensoras de derechos humanos, como nada se dice de niños, niñas y adolescentes reclutados a la fuerza por las Farc para servir como carne de cañón u objeto sexual de los cabecillas de las estructuras criminales.

Esas son las verdaderas víctimas del conflicto por las que nadie quiere hablar, no aquellas que por razón de incentivar el conflicto o servir como milicianos, informantes, apoyadores económicos o políticos de la narcoguerrilla fueron objeto de su contraparte criminal, las ilegales autodefensas.

Esta ha sido la dramática historia que se ha repetido por más de 50 años en el país; gentes y organizaciones que desde la legitimidad y abusando del democraterismo hacen apología de los asesinos de colombianos a nombre del comunismo, pero que han mostrado su real naturaleza al descubrirse como vulgares narcoterroristas. Y se repite porque la indiferencia de muchos sectores, buscando alguna figuración política nacional o internacional o réditos de otra naturaleza, ha permitido que unas organizaciones criminales que jamás han sido fuertes puedan poner en jaque cualquier autoridad en regiones apartadas del país.

Es hora de levantarse y rechazar de una vez por todas a través de los mecanismos legales cualquier debilidad institucional frente a las Farc, hay que decirles a estos señores de la guerra que jamás podrán doblegar a Colombia y que el pueblo entero apoya a sus FF.MM. en la batalla decisiva para devolver la paz al sufrido pueblo colombiano.

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Publicado por en marzo 4, 2012 en Opinión Pública

 

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