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LA REALIDAD DEL PARO ARMADO EN EL CHOCO

09 Mar

REALIDAD DEL PARO ARMADO EN EL CHOCÓ¿Hay un paro armado en el Chocó? No, no puede hablarse de paro armado porque la narcoguerrilla no ejerce ningún poder armado que impida la realización de las normales actividades de los habitantes de este Departamento; hay una acción terrorista que atacando la psicología colectiva paraliza a los ciudadanos.

No puede considerarse un éxito revolucionario o de cualquier otra naturaleza el amenazar a los más débiles, a los más desprotegidos de la sociedad para reivindicar un poder que no se tiene; habría paro si la población, en apoyo a una organización armada ilegal, decidiere por su propia voluntad suspender su diario quehacer y exigirle al Estado la adopción de políticas favorables al planteamiento ideológico de esa organización.

Asesinar a un humilde conductor de bus, asalariado, padre de familia, para obligar a las empresas de transporte a suspender sus rutas, disparar contra humildes bongos de pescadores o lanzar 4 tatucos contra humildes viviendas en la ya martirizada Bojayá, no es precisamente un ejemplo de valentía o de éxito político de las Farc. Es por el contrario, la demostración de una desesperada cobardía y de fracaso político, es adoptar los instrumentos criminales de la delincuencia narcotraficante, imponerse mediante el terror.

Pero el pueblo chocoano les ha respondido con dignidad; en estos días han sido numerosas las marchas de habitantes en Quibdó y otras poblaciones que le exigen a los narcoterroristas respetar sus derechos fundamentales. Las Farc no solo amenazan con asesinar a los civiles que no acaten sus mensajes de terrorismo para adelantar el inexistente paro armado, los tienen sitiados psicológicamente y evitan que les lleguen los necesarios productos de subsistencia básica diaria, privar un pueblo de alimentos, combustible, salud, es un delito de lesa humanidad. Los sitios medievales hace tiempo perdieron vigencia, como las mismas Farc.

Pero nada puede esperarse de una organización criminal cuyo cabecilla vive en el pasado remoto, hasta el punto de querer pronunciar sus delirantes discursos en latín y está convencido que nada cambió con la caída del muro de Berlín, aún piensa que este existe.

Repudiados por el mundo entero, estos narcoterroristas sólo tienen como argumento el esconderse en las selvas para desde allí amenazar a pequeñas poblaciones para mostrar que aún existen; ejercer el terrorismo sobre comunidades indígenas y afrocolombianas, para que sus organizaciones se pronuncien presentando como propios los argumentos de los bandidos.

Lo actuado esta semana por las Farc en el Chocó, nada tiene que envidiarla a la estrategia criminal de “Los Urabeños” el mes pasado; debe recordarse que en esa oportunidad las ONG defensoras de derechos humanos, el MOVICE, Ciudadanos y Ciudadanas por la Paz, los Colectivos de Abogados, se pronunciaron escandalizados reclamando acciones del Estado contra el “paramilitarismo”, pero en esta ocasión han guardado cómplice silencio.

Las Farc ponen en grave riesgo a la población civil, pero parece que en este caso para dichas ONG los derechos de las víctimas no cuentan, no son tenidas ni siquiera en cuenta como tales-

El IV Convenio de la ONU de 1949, relativo a la protección de la población civil en tiempos de guerra o conflicto no internacional, obliga a las Farc aunque cínicamente en la época del despeje Tirofijo hubiere dicho que no porque no lo habían firmado; ninguna ONG nacional o internacional puede olvidar que la violación de esa norma internacional constituye un delito de lesa humanidad, tampoco lo puede olvidar nuestro Poder Judicial. Que la omisión para investigar y sancionar hechos como los que acontecen en el Chocó otorgan a la CPI la competencia para hacerlo con respecto a sus autores y auspiciadores.

Más temprano que tarde la justicia debe desenmascarar a estos narcoterroristas y a quienes pelechan políticamente a su amparo, el conflicto colombiano no puede seguir prolongándose gracias a la impunidad que una concepción democratera ha querido tender con respecto a estas organizaciones armadas ilegales y sus apologistas; lo que le ocurre al pueblo del Chocó merece una respuesta contundente de la sociedad colombiana.

No hay que ser un experto para concluir que una vez las Farc concluyan su operación criminal contra el pueblo del Chocó, sus apologistas volverán a poner sobre el tapete el tema de la liberación de secuestrados para bajarle el volumen a la exigencia de castigo los promotores de la misma.

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Publicado por en marzo 9, 2012 en Opinión Pública

 

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