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GUERRA DE RUMORES

13 Mar

GUERRA DE RUMORESLas narcoguerrillas Farc y sus apologistas han desatado una verdadera guerra de rumores tendiente a ‘crear las condiciones de presión política’ sobre el gobierno nacional para que abra las puertas a una negociación con la organización armada ilegal, aún cuando no existan las condiciones objetivas para ello, ni las Farc hayan renunciado al terrorismo como forma de lucha, al reclutamiento de menores, al secuestro extorsivo. Pese a las manifestaciones hechas por su cabecilla Timochenko, hasta el día de hoy no existen acciones concretas por parte de las Farc en ese sentido.

Desde finales del año pasado, las Farc vienen anunciado la liberación de los militares y policías secuestrados por más de 14 años, en un siniestro juego en el que las acompañan Ciudadanos y Ciudadanas por la Paz, han dilatado el cumplimiento de esa obligación legal y han recurrido a toda clase de trucos para postergarla y de esa manera redituar mejores dividendos políticos en su favor y el de sus apologistas.

Mientras hablan de renunciar al secuestro extorsivo como medio de financiación, se abstienen de dar razón de los más de 450 colombianos desaparecidos por su acción criminal y las llamadas ONG defensoras de derechos humanos que presionan el llamado ‘intercambio humanitario’, no le exigen a los narcoterroristas esa verdad necesaria a favor de las víctimas del secuestro.

De esa guerra de rumores hizo parte el falso paro armado en el Chocó, promovido mediante panfletos amenazantes contra la población civil para detener las actividades normales de ese Departamento; el objetivo es claro, mostrar fortaleza de cara a eventuales negociaciones con el gobierno colombiano. Como lo son los atentados criminales contra la población civil en diversas partes del país, incluyendo el asesinato aleve de personas que honestamente se ganan la vida y que pertenecen a los sectores más pobres y vulnerables de la nación.

Mediante esos asesinatos las Farc pretenden llevarle a la población un mensaje: El Estado no podrá defenderlos de nosotros. Ese siempre ha sido el objetivo del terrorismo, crear el pánico colectivo y la desconfianza en las instituciones.

Ahora esa guerra de rumores ha llevado a que partes interesadas filtren a los medios la especie de que el viaje del Presidente Santos a Cuba, tenía por objeto acordar con el dictador Castro y el sátrapa venezolano Hugo Chávez,  un posible exilio en la isla para los cabecillas de las Farc y Eln.

En otras condiciones tal vez ello hubiere sido posible; pero los cabecillas de las organizaciones armadas ilegales están reclamados judicialmente por delitos de lesa humanidad y el compromiso colombiano con la CPI, le impide al gobierno otorgar cualquier clase de amnistías o indultos para estos delincuentes, mucho menos tramitarles asilo; si el gobierno Santos incurriere en esta práctica estaría obstruyendo la labor de la justicia y por omisión estaría renunciando a la aplicación de la normatividad penal, lo que convertiría a los reclamados judicialmente en reos de la CPI.

Es probable, que dadas las condiciones objetivas para una negociación política con las Farc y Eln, se apliquen figuras legales propias de la justicia transicional, las mismas que se han criticado con relación a las AUC, pero en manera alguna puede el gobierno renunciar a la aplicación de la normatividad penal.

Como bien señala Saúl Hernández Bolívar[1], las Farc al anunciar que renuncian a la práctica del secuestro extorsivo, no están motivadas por ninguna razón humanitaria, sino por razones puramente pragmáticas. Las Farc se financian con el narcotráfico y ya no dependen del secuestro extorsivo como antes, por lo que no es muy meritorio que lo dejen. Además, pretenden mantener la práctica del secuestro con fines políticos y no anuncian nada sobre aclarar lo ocurrido con cientos de secuestrados cuya suerte se desconoce.

La propaganda de los apologistas de las Farc es perversa e insidiosa. Pretenden convencer al pueblo colombiano que para él es bueno lo que sea bueno para las Farc. Por eso no hay que caer rendidos ante los cantos de sirena que representan esta guerra de rumores que desafortunadamente encuentra en los medios de comunicación social un aliado invaluable al prestarse a servir como caja de resonancia de unas informaciones no verificadas.


[1] HERNÁNDEZ BOLÍVAR, Saúl.  ¿Quién le cree a las Farc? El Tiempo. Opinión. Martes 13 de marzo de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.eltiempo.com

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Publicado por en marzo 13, 2012 en Opinión Pública

 

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