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EL CAGUAN EN SU NUEVA VERSIÓN

02 Abr

EL CAGUAN EN SU NUEVA VERSIÓNEs imposible encontrarle una razón lógica a la propuesta de la Fundación Ideas para la Paz para repetir la fracasada experiencia del Caguán y sus antecesoras con las Farc: adelantar negociaciones en medio de la guerra.

Insiste la FIP en que cada proceso es único e irrepetible, que todos arrojan lecciones útiles y acumulan conocimiento sobre diversos tópicos, pero que las circunstancias del contexto, la dinámica del conflicto y la relación entre las partes determinan la singularidad de cada uno de ellos[1]. En principio y desde la teoría, la afirmación es real cuando se trata de un conflicto irregular de naturaleza política, pero no puede perderse de vista que en Colombia existen unas organizaciones armadas ilegales OAI, que desde 1982 han hecho fracasar este tipo de procesos porque sus intereses están fincados en conductas criminales comunes (narcotráfico y terrorismo para defenderlo), aunque manejen en apariencia un discurso político (Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia).

Un análisis desapasionado, pero realista, demostrará como desde 1982 estos procesos, de una u otra manera, han cumplido al menos las etapas iniciales que la FIP propone: contemplarse la verificación para cada una de las etapas del proceso: la de implementación de los acuerdos, la de los diálogos y la de la comprobación del cumplimiento de las garantías acordadas para llevarlo a cabo. El Estado ha sido supremamente generoso en otorgar esas garantías y en apariencia las organizaciones armadas ilegales se han comprometido en otorgarlas y en acatar las reglas de juego.

Al surgir la tesis de la ‘combinación de las formas de lucha’ impuesta por las OAI, aceptadas por los diferentes gobiernos, esto es: dialogar en medio de las hostilidades, dichas OAI han logrado reposicionarse, reorganizarse y recuperar territorios que habían perdido militarmente; las Farc especialmente, han sido maestras y han aprendido de sus derrotas, para ello crearon el llamado PC3 con el que han asegurado el empoderamiento de órganos del Estado y de la sociedad para justificar continuar con las hostilidades mientras engañan en las mesas de diálogo.

Hoy, por ejemplo, dan muestra de esa infinita capacidad de engaño: Liberar unos secuestrados para decir que es un gesto humanitario y de voluntad de paz, cuando en realidad se están liberando ellos de una carga que tácticamente les resta movilidad; que mantenerlos es una ‘excusa’ para que las FF.MM ataquen también sus centros narcotraficantes en la búsqueda de la liberación de las personas secuestradas; que tener 10 secuestrados de los que todo mundo habla, es una pérdida política y no representa ninguna oportunidad de ganancia económica, los ha llevado indudablemente a considerar que aprovechar la coyuntura política internacional que se desarrolla en Colombia, la V Cumbre de las Américas, para montar el show mediático de la liberación, es en cambio una considerable oportunidad de ganancia política en el plano nacional e internacional.

No es gratuito que esto se de en medio de la Cumbre de las Américas, y hace parte de las consideraciones que ahora presenta la FIP, un eventual proceso de paz en Colombia requiere el compromiso de respaldo sincero y efectivo de los gobiernos de la zona andina, dada la situación de porosidad de las fronteras[2].

Durante el proceso el Caguán, a costa del erario público, el gobierno llevó a los cabecillas de las Farc de turismo por todo el mundo, oportunidad que fue explotada por la organización narcoterrorista para abonar y hacer crecer sus centros publicitarios y de obtención de ayudas económicas para continuar su agresión a la sociedad colombiana, especialmente en Europa. Es cierto que con ocasión de la calificación de grupo terrorista dada a las Farc, muchas de sus más importantes oficinas fueron cerradas, pero ellos son expertos en multiplicarse para continuar su tarea, especialmente recurriendo al tema de los DD.HH para mostrar que las OAI en el país son una respuesta a la violación estatal de los DD.HH y el DIH.

Desafortunadamente entre 1994 y 1998 el país vivió una crisis que llevó a que el mundo nos considerara una república inviable, aunque ahora el autor de esa felonía aparezca como una voz autorizada para opinar y apoyar los planes de las Farc, y entre 1998 y 2002, se les permitiera a estas convertirse en un polo estratégico de interés nacional e internacional; aunque entre 2002 y 2010 se les haya obligado militarmente retroceder a sus más primigenias instancias, lo que a una guerrilla política le hubiere causado un golpe de no recuperación y de derrota; su alianza e incursión en el mundo del narcotráfico, iniciada desde los 80, les ha permitido una capacidad de supervivencia que ahora las hace aparecer como fuerza de presión con suficiente capacidad de ser nuevamente amenaza narcoterrorista con la que es inevitable tener que negociar políticamente.

Ante ese evento hay que recordar históricamente la acción del narcotraficante Carlos Ledher, cuando traicionado por sus antiguos camaradas ofrecía el oro y el moro a quien lo acompañara en su intención de crear un ejército político-militar que combatiera al Estado; lo que entonces se creyera una aventura de un loquito desesperado, fue punto de partida para las organizaciones de Pablo Escobar y los Rodríguez Gacha, los Rodríguez Orejuela y otros, ávidamente aprovechadas por políticos inmorales de los partidos tradicionales y ahora por las alianzas estratégicas de las Farc con las bandas narcotraficantes.

Y allí reside ahora otro elemento de duda sobre la ‘voluntad de paz’ de las Farc; públicamente han manifestado renunciar al secuestro como arma económica, pero nada garantiza que no continuarán desarrollándola a través de las organizaciones delincuenciales como ‘Los Rastrojos’, ‘Los Urabeños’, las ‘Águilas Negras’ y demás facciones que son sus socios en el negocio del narcotráfico. Cuando se presente un secuestro el culpamiento mutuo será la salida política, pues terminará siendo presentado ante la sociedad como un delito abonable al ya inexistente paramilitarismo, como viene ya ocurriendo.

De tal manera que esta es la hora en que el pueblo colombiano y sus instituciones deben evaluar correctamente si el afán por hacer la paz es una necesidad política o una necesidad integral; la exigencia a que las Farc renuncien con hechos concretos a proseguir con su actividad criminal debe ser un principio inamovible para cualquier acercamiento cuyo único fin debe ser el bien común.

 


[1] EL ESPECTADOR. Proceso sin cese de hostilidades es posible. Redacción Política. 28 de marzo de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elespectador.com

[2] Ibíd.

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Publicado por en abril 2, 2012 en Opinión Pública

 

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