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UN EJÉRCITO IMBATIBLE. LA REALIDAD DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA.

30 Abr

UN EJÉRCITO IMBATIBLE. LA REALIDAD DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA.Pretender que las pírricas victorias alcanzadas por la narcoguerrilla en combates desiguales, cuando actúan a mansalva y sobreseguro contra pequeñas unidades mediante campos minados o cobardes emboscadas, significa un retroceso de nuestro Ejército en su decisión de combatir los fenómenos narcoterroristas que tanto dolor le han causado a la patria en los últimos 50 años, es no tener una idea real de lo que sucede.

Quienes cuestionan la actual estrategia generalmente desconocen que la guerra no es un fenómeno estático, que es dinámica y cada día puede cambiar de curso dependiendo de las condiciones de su desarrollo. La percepción del curso de la guerra también obedece a los factores políticos que hacen parte de ella; una fuerza derrotada militarmente puede ser presentada por sus defensores o apologistas como vigente, como fuerte, y convencer a algunos de que aún tiene oportunidades de victoria.

La dolorosa muerte de cerca de una treintena de soldados en los últimos meses en actos terroristas de las narcoguerrillas, ha servido para alimentar posiciones mediáticas de algunos sectores políticos de todos los extremos. La Marcha Patriótica, por ejemplo, pretende revitalizar la vigencia de la tesis de la ‘combinación de las formas de lucha’ y en su propaganda señala que las narcoguerrillas no han sido derrotadas porque subsisten causas objetivas (socioeconómicas y políticas), que justifican sus acciones.

Pero tampoco pueden ser de absoluto recibo las voces que hablan de un retroceso en las condiciones de seguridad nacional; pese a las dificultades, el Ejército colombiano y en general el conjunto de la Fuerza Pública ha seguido golpeando exitosamente las estructuras criminales, neutralizando a sus cabecillas, evitando cientos de atentados dirigidos contra la población civil fundamentalmente, decomisando ingente cantidad de material bélico, de narcóticos evitando el engrosamiento de las finanzas de los terroristas y desvertebrando sistemáticamente los reductos de las estructuras delincuenciales.

Lo cierto es que las Farc y el Eln hace rato dejaron de ser una amenaza para la existencia del Estado, ya no tienen el poder militar o político para pretender la imposición de la llamada ‘dictadura del proletariado’ y si persisten en el crimen como instrumento, lo hacen por atender sus intereses de delincuencia común (el narcotráfico) y no para agitar su bandera política de la utópica Nueva Colombia Bolivariana que impulsaron en los años 90.

Eso si es sinónimo de éxito, haber neutralizado esa amenaza de disolución de la república que pendía a finales del siglo pasado sobre Colombia; por el contrario y como prueba evidente de sus fracasos, las narcoguerrillas han debido retroceder militarmente a sus primigenias etapas, han perdido toda capacidad de control territorial y políticamente han sido rechazadas por el pueblo colombiano que celebró alborozado los triunfos de la Política de Defensa y Seguridad Nacional al recuperar para el Estado el control absoluto de nuestro territorio patrio.

Las acciones de los grupos narcoterroristas no indican poder alguno, no es un fracaso de la lucha de nuestras FF.MM y de Policía; a través de ellas estas organizaciones criminales solo pretenden mantener una vigencia mediática, cierto es que lograron enquistar algunos sectores del aparato público y han logrado evadir la judicialización de sus acciones o influir en la toma de algunas decisiones políticas a través del PC3, pero en manera alguna indica que las Farc o Eln ejerzan alguna forma de poder público nacional.

Si hay algún retroceso no es en las acciones del Ejército colombiano, puede fincarse en ciertas políticas apaciguacionistas que propugnan por un reconocimiento político a las famélicas organizaciones narcoterroristas, el prematuro aviso de un marco para la paz que le señala a los cabecillas criminales la posibilidad de la impunidad aún cuando continúen sus acciones terroristas; el retroceso en la decisión sobre que no habrá ningún tipo de acercamientos mientras las bandas criminales no renuncian al terrorismo y a la comisión de delitos políticos como instrumento de presión, en la falta de definición de un marco jurídico que blinde a la Fuerza Pública en la guerra jurídico política que el PC3 y los apologistas de las narcoguerrillas adelantan de tiempo atrás.

Pero mientras en política puede percibirse ese retroceso, lo cierto es que pese a los contratiempos el Ejército continua victoriosamente su ofensiva contra las bandas criminales, a diario se decomisan centenares de kilos de coca que son el sustento de la guerra que ellas adelantan contra el pueblo colombiano, se neutralizan estructuras criminales y sus acciones que buscan mediante el terror concitar el apoyo de las comunidades indígenas y campesinas.

El soldado colombiano ha regado con su sangre el fecundo árbol de la libertad y nada lo hará renunciar a su tarea de garantizar la independencia y la libertad de sus conciudadanos, ha dado pruebas incuestionables de su sacrificio y su entrega a los más altos valores patrios, aún cuando ciertos sectores políticos inviten a la ingratitud, al olvido de sus heroicas acciones, aún cuando ciertos jueces y magistrados se empeñen en mostrar a la institución militar como empresa criminal mientras elogian a los terroristas calificándolos de luchadores altruistas.

El soldado colombiano no busca reconocimientos mediáticos, su mejor recompensa es la sonrisa, el abrazo, la bienvenida de esos miles de colombianos que se han visto liberados del yugo del terror comunista impuesto por décadas por las narcoguerrillas en esas apartadas regiones tan poco importantes para los medios porque no generan hechos que aumenten sus ventas. Colombia entera apoya su institución militar como lo demuestran diferentes mediciones de opinión, teniendo una mayor aceptación que las desdibujadas instituciones políticas o judiciales, presas ellas si de ese afán protagónico que las hace olvidar de sus objetivos supremos.

 

 

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1 comentario

Publicado por en abril 30, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “UN EJÉRCITO IMBATIBLE. LA REALIDAD DEL CONFLICTO ARMADO EN COLOMBIA.

  1. colombiapresente

    abril 30, 2012 at 5:37 pm

    Es innegable que el retroceso en materia de seguridad nacional no se da en las operaciones militares, que continuan exitosas, sino en la voluntad política del gobierno actual que ha decidio morigerar el impulso en la decisión del Estado por combatir a las Farc y Eln; proyectos legislativos como el llamado marco para la paz lo que hacen es abrirle una puerta a las intenciones criminales de estas organizaciones, que se consideran entonces legitimadas en su accionar delincuencial para exigir concesiones y prerrogativas a la sociedad, para es que precisamente tienen aparatos políticos como el Movice, Ciudadanos y Ciudadanas por las Farc y ahora la llamada Marcha Patriótica.

     

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