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LOS HÉROES DE LAS REVOLUCIONES LATINOAMERICANAS

05 May

LOS HÉROES DE LAS REVOLUCIONES LATINOAMERICANASHay que darse una pasada por los claustros de las Universidades Públicas en Colombia y Latinoamérica, para dolerse de lo que allí se observa, espacios comunes convertidos en cavernas de adoración a dudosos héroes pregonados por la caterva neocomunista.

La libertad de expresión, la libertad de movilidad, la libre cátedra, que deberían ser el sinónimo de Universidad, conculcadas por la acción terrorista de unas minorías protegidas por un mal entendido sentido de la autonomía universitaria; el estudiante de la universidad pública debe mamertizarse (volverse comunista), si quiere estudiar en ellas, muy pocas veces se han dado casos como el de la Universidad Nacional donde un grupo de juiciosos muchachos decidió enfrentar a los anarquistas que querían sabotear sus clases.

Paredes ensuciadas con grafitis o imágenes de criminales como el Che Guevara, Tirofijo, invitaciones a sumarse a la protesta contra la criminalización de la rebelión similares a los pintados por las narcoguerrillas de las Farc en poblados caucanos y del Nariño, anuncios sobre la celebración del 8 de octubre, denominado por los comunistas como día del guerrillero heroico (la baja del Che en combate en Bolivia), con el Paro Cívico Nacional que lidera Piedad Córdoba y la autodenominada Marcha Patriótica.

Es una lástima que allí donde debería campear la inteligencia, el saber, lo haga la más ramplona ignorancia, el fundamentalismo izquierdista que el mismo Lenin llamara la enfermedad del infantilismo de izquierda[1], al referirse precisamente a aquellos individuos que han tenido miedo a ver la brusca ruptura, inevitable por las circunstancias objetivas, y han seguido repitiendo las simples verdades aprendidas de memoria y a primera vista indiscutibles, de esos que tanto abundan y permanecen decenios en las universidades públicas cursando carreras que nunca terminan con la complacencia de las autoridades educativas.

Individuos que con 40 o más años de edad se presentan ante los nóveles estudiantes pregonando las bondades de la Juventud Comunista JUCO o la Juventud Patriótica JUPA, o del reencauchado M-19 como organismo clandestino, o abiertamente a favor de las FARC, el ELN o la Marcha Patriótica, para capturar ingenua carne de cañón fácilmente descartable para ser convertida en mártir de la revolución como ha sucedido recientemente con los estudiantes de Tunja y Bogotá que perecieron armando explosivos o transportándolos durante las protestas convocadas por la llamada Mesa Estudiantil liderada por la JUCO.

Las Universidades Públicas se han convertido en museos patéticos donde se esgrimen las obsoletas tesis marxistas-leninistas quizá valuables a finales del siglo XIX, pero ajenas a la realidad del siglo XXI. Los expositores de estas tesis las tienen como dogmas ante los que cualquier discusión racional o dialéctica resulta estéril y hasta peligrosa.

Al referirse a estos héroes de pacotilla, el analista venezolano Ibsen Martínez se duele de la imaginería sincrética de estos revolucionarios señalando que mientras llega el Enrique Krause o el Fernando Iwasaki que se ocupen del porqué la imaginería ñángara y “progresista” está hecha, para los socialistas del siglo XXI, del cadáver embalsamado y portátil de Eva Perón, o de las mutiladas manos asesinas del Ché Guevara, el más pernicioso de los idiotas latinoamericanos, tendremos que soportar a esos revolucionarios que siembran a su paso el caos, la destrucción, el desempleo, la inflación, el desabastecimiento y, en general, la disfunción y, que cuando se mueren ( o los matan), casi siempre sin haber hecho realidad sus designios, dejan como legado a sus seguidores el mandato de “continuar la obra”; es decir, continuar sembrando los mismos males que ellos cultivaron al acceder al poder[2].

No compartimos la descripción que de Simón Bolívar ha hecho Ibsen Martínez, quizá en un afán de controvertir el pretendido bolivarianismo de los neocomunistas latinoamericanos, pero si su apreciación de que los íconos de estos sean precisamente personajes siniestros que cultivaron el terror político como arma mediática para imponer su dominio; la revolución cubana se cimentó con el apoyo de la URSS sobre los cadáveres de miles de demócratas y fue ese modelo el que quiso imponerse en el continente sobre otros miles de cadáveres de inocentes campesinos, de indígenas y negros que no se plegaron a las organizaciones guerrilleras de los 60.

Qué modelo de democracia puede representar Pedro Antonio Marín, alias Tirofijo o Manuel Marulanda Vélez, un casi analfabeta asesino que huyendo de la justicia llegó por casualidad a las filas de las autodefensas campesinas que los reductos de la guerrilla liberal consolidaban a sangre y fuego al sur del Tolima y en el Valle, convirtiéndose después en el ejemplo visible de las narcoterroristas Farc que 50 años después siguen empleando el mismo método bandoleril para justificar su realidad narcotraficante.

Hay que ver un vídeo que el terrorista Tirofijo, cuyo nombre obedeció a la puntería que tuvo para asesinar a unos niños scout y unas monjas en el Huila en los años 60, que después quiso explicar  como “una equivocación porque todos iban uniformados”, pero le ocasionaba risa la puntería que tuvo; decíamos de un vídeo publicado en YouTube por la revista Semana para justificar, otra vez, su inasistencia a los actos de protocolización de la zona de despeje en el gobierno Pastrana Arango[3].

Tal vez la avanzada edad del ídolo comunista lo llevó a una posición tan pueril como la que asume en el vídeo para tratar de explicar en el siglo XXI una historia que él imagina y que de pronto corresponde a los hechos nacionales de al menos 500 años antes. Los médicos lo señalarían como un evidente síntoma de degeneramiento mental que lleva a que algunas personas consideren como real la historia anterior mientras olvidan por completo la actual.

Colombia no es la misma de los años 50 cuando perversamente Gilberto Vieira y Manuel Cepeda Vargas introdujeron al país la tesis soviética de la combinación de las formas de lucha para penetrar a los reductos guerrilleros liberales que dirigían entre otros los hermanos Loaiza (protectores de Marín), y otros sanguinarios cabecillas de la violencia partidista en el país.

Pero en el siglo XXI esa historia maniquea es la que oficialmente se cuenta en las Universidades y fundamenta el trabajo criminal de los grupos neocomunistas interesados en dividir la patria; pero no sólo en las Universidades, la lucha de clases es la materia obligatoria que acompaña la educación desde sus más tempranas etapas, de tal manera que predicar la paz por decreto seguirá siendo una utopía irrealizable.


[1] LENIN, V.I. La enfermedad Infantil del ‘Izquierdismo’ en el comunismo. Obras Escogidas. Ed. Progreso, Moscú.
[2] MARTÍNEZ, Ibsen. Héroes los del Olimpo. TAL CUAL. Caracas, 5 de mayo de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.talcualdigital.com
[3] SEMANA. La historia de Colombia contada por Tirofijo. YouTube. 24 de mayo de 2008. En: http://www.youtube.com/watch?v=fSAZo5uPxpY
 
 
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Publicado por en mayo 5, 2012 en Opinión Pública

 

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