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UNA PELEA POCO CONVENIENTE

06 May

UNA PELEA POCO CONVENIENTEFrente a los altos destinos de la Patria, es un hecho que el distanciamiento y los cruces de reproches y críticas entre el expresidente Uribe y el presidente Santos, no son convenientes para la Unidad Nacional.

Hay cosas que los ciudadanos de a pié no entendemos y el Presidente Santos no ha podido explicar. El fue acogido como sucesor de Uribe ante los truculentos embates de una cerrera oposición liberal, conservadora (pastranista) y de la infaltable izquierda neocomunista que impidieron que la voluntad popular se expresara en una nueva reelección de Álvaro Uribe Vélez, desconocida recurriendo a trucos leguleyos.

El compromiso de Santos con los 9 millones de colombianos era darle continuidad a las acertadas políticas de seguridad democrática en las que él mismo, como Ministro de Defensa, había contribuido; pero para dolor de la Patria, Santos acogió una vez posesionado las tesis apaciguacionistas y claudicantes ante el narcoterrorismo del samperismo y el pastranismo, permitiéndoles a las Farc asumir un nuevo aire y consolidar su poder narcoterrorista en zonas donde su derrota era inminente.

Es cierto que en este gobierno se han propinado duros golpes a la estructura criminal de las Farc, pero no puede desconocerse que ellos fueron posibles en la medida que hubo continuidad en el momento, de la Política de Defensa y Seguridad Democrática PDSD, en la que el factor primordial fue la inteligencia militar y la colaboración ciudadana, algo devaluado en las nuevas estrategias que acogen como cierta la falacia de que el pueblo colombiano no puede ser involucrado en el conflicto, aún cuando sea precisamente ese pueblo el objeto de los ataques de los delincuentes.

Del fin del fin que se preveía en el gobierno Uribe con respecto a las narcoguerrillas, hemos pasado al recomienzo de la historia sin fin del gobierno Santos y sus nuevos mejores amigos, al reposicionamiento de  las vetustas y obsoletas tesis del socialismo moderno, que no son otra cosa que la reedición del fracasado comunismo soviético.

Fue el Presidente Santos quien hizo política con el sacrificio de nuestros soldados; al advertirle a las narcoguerrillas que tenía la llave de la paz en su bolsillo, las incitó a querer asaltar ese bolsillo para apropiarse de la misma. Él, mejor que nadie, sabía muy bien que a las narcoguerrillas no se les puede ofrecer un guante de seda mientras mantengan y ejerzan el poder del terrorismo como mecanismo de fortaleza.

Nada más hay que ver lo que está sucediendo en el Caquetá, el primer objetivo de la recuperación del Estado en el pasado gobierno y hoy sede del más poderoso cartel narcoterrorista del continente, el Frente 15 de las Farc; usted ha visto, señor Presidente, como esa estructura criminal se ha reposicionado con cerca de 200 terroristas y 2.000 milicianos, esos civiles que aparecen en los combates con los soldados que defienden la democracia, pero que no pueden ser combatidos so pena de la judicialización de las tropas, gracias a su debilidad a la hora de defender la definición de ese fuero militar en la reforma a la justicia.

Pudo sí, señor Presidente, conciliar posiciones para sacar avante el remedo de reforma judicial que tramita el Congreso, garantizándole a legisladores y miembros del poder judicial mecanismos, esos sí, de verdadera impunidad, pero condenó al soldado a la prolongación de la incertidumbre frente a la arremetida jurídico-política del neocomunismo criollo e internacional. El proyecto de reforma de la Justicia Penal Militar simplemente deja sin efectos lo consagrado en el art. 221 de la Constitución Política y pone al soldado como elemento descartable frente a lo propuesto en el Marco de Paz con el que le garantiza impunidad a los narcoterroristas.

El clamor por verdadera justicia en este campo no proviene solamente del expresidente Uribe, somos 9 millones de colombianos que le confiamos a usted el mando y a quienes nos ha defraudado; mire solamente el resultado las encuestas de popularidad y aceptación de sus políticas en materia de seguridad que tiene y mire, sobre todo, las que acompañan a sus ahora socios de gobierno, samperistas y pastranistas, para entender el por qué de las críticas y reclamos.

Para usted debería ser motivo de reflexión que no es precisamente en el estrato de los ricos donde nace la crítica, esos ricos que adoptando el lenguaje chavista dijo que haría ‘chillar’; es en los estratos medios y bajos de la sociedad donde se concentra el desapego cada día más creciente a su paso al socialismo chavista y su transfuguismo al partido de los Bejarano y los Cristo, al de la imPiedad que tanto daño han hecho al pueblo colombiano, desde la violencia de la primera mitad del siglo XX hasta el terrorismo de hoy.

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Publicado por en mayo 6, 2012 en Opinión Pública

 

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