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ILUSOS LOS QUE SOÑAMOS CON LA DEMOCRACIA

25 May

ILUSOS LOS QUE SOÑAMOS CON LA DEMOCRACIALo impensable ya es una realidad en Colombia; el monstruo del Foro de Sao Paulo no está golpeando a la puerta, ya se estableció en la política nacional. Mientras el Congreso trabaja aceleradamente para darle estatus político a las narcoguerrilleras, lo hace también para preparar el camino a fin de que sean los militares quienes deban responder ante el mundo por la violencia que un 27 de mayo de 1964 los terroristas comunistas desataran, al fin abiertamente en la época, al país.

Ya en varios círculos se habla de que el gobierno Santos es consciente sobre la imposibilidad de derrotar militarmente a las Farc, Eln y Bacrim, por lo que es mejor buscar la salida política al ‘conflicto’ y nada mejor que reformar la Constitución para hacerlo, de ahí la urgencia de tramitar el llamado Marco para la Paz, mecanismo sutil que también servirá para evitar que los cabecillas del narcoterrorismo tengan que responder ante la CPI.

No es paranoia, los hechos así lo están demostrando. Véase nada más la reacción presidencial al atentado contra el exministro Londoño Hoyos y ante el frustrado atentado contra el expresidente Uribe Vélez en Buenos Aires; no hubo necesidad esta vez que las Farc o sus apologistas salieran a negar los hechos, lo hizo el mismo gobierno minimizando la situación y buscando exculpar a la narcoguerrilla por los atroces hechos. El Director de la Policía, en vergonzante posición, ha querido paliar la bochornosa coyuntura que ello implica.

Con ocasión del atentado a Londoño Hoyos y la reacción del expresidente Uribe, llegamos a considerar injusta su crítica y pensamos que era el momento de unir la voluntad nacional para rechazar el terrorismo narcoguerrillero, pero tamaña sorpresa nos ha deparado la actitud gubernamental: ¡No hay que culpar a las Farc! Pregonan los voceros de la Casa de Nariño.

Otro engaño más al pueblo colombiano que no entiende esa actitud conciliadora con quienes sin ningún reato continúan la cadena de crímenes asesinando a 12 militares en el vecino corregimiento de La Majayura, Maicao en el Departamento de la Guajira. ¡No habrá contemplaciones con las Farc!

Eso dijo entonces Juan Manuel Santos, mientras avanzaba aceleradamente la claudicación constitucional ante los perpetradores del crimen, la reforma constitucional que reconoce políticamente a los terroristas y narcotraficantes está a escasos días de reformar el art. 122 de la Carta, para que los delincuentes no sólo puedan ser servidores públicos, contratar con el Estado y participar en la elección popular, porque sus delitos de lesa humanidad serán borrados de un plumazo.

Mientras tanto, las pocas prerrogativas jurídicas que el art. 221 de la Carta brindaba a los militares para ejercer su profesión en defensa de la Nación, son birladas en un proyecto de ley que reforma la Justicia Penal Militar, que entroniza el ilícito acuerdo que firmara el entonces Ministro de Defensa Ospina y el Fiscal Iguarán, que trasladó a conocimiento de la justicia ordinaria las conductas penales de estos servidores públicos.

Pero la agresión contra la institución militar no se queda allí; ya las ONG y los áulicos de la izquierda que introdujo la ‘combinación de las formas de lucha’, muestran garras y dientes para que se elimine de tajo el fuero militar, dejando expósitos a los soldados y policías para que sean mañana presentados como los únicos culpables de la irracionalidad de una violencia en la que sólo fueron parte, por mandato constitucional, como defensores del Estado de Derecho.

El zarpazo para que ello sea posible lo da el mismo Congreso colombiano, al señalar que los militares no tienen facultades para combatir a las Bacrim y que de hacerlo incurre en violación al D.I.H. Acuden presurosos nuestros legisladores a legitimar la tesis comunista de la convivencia militar con expresiones del crimen, como son los mal llamados ‘paramilitares’, a favor de la simbiosis documentada de las Farc y las Bacrim en el país.

¿Hacia dónde vamos? Es la pregunta que hoy se hacen 46 millones de colombianos que ven con angustia como mientras nuestros soldados y policías han cumplido con su deber para devolverle la paz al país, toma fuerza una corriente política minoritaria que enquistada en el poder, conduce aceleradamente a la claudicación frente a las derrotadas militarmente narcoguerrillas en aras de una paz porque si.

Los siglos de historia y la vigilante mirada de los héroes de nuestra independencia, que se le exige a los militares observar, parece que no serán óbice para optar por esa ‘tercera vía’, de que tanto hablara el presidente Santos en tiempos de su antiuribismo militante, para abrirle el portón entero al hundimiento de la Nación mientras a él se le reconozca como estrella del show.

Ya Santos destapó las cartas, ahora corresponde al pueblo colombiano hacer la siguiente jugada; como sucedería más bien en el fútbol, la sociedad es el técnico y habiendo elegido un mal jugador para asegurar el partido que ya se iba ganando, debe recapitular y hacer los cambios necesarios.

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Publicado por en mayo 25, 2012 en Opinión Pública

 

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