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EL CASO SIGIFRIDO LOPEZ

28 May

EL CASO SIGIFRIDO LOPEZNo comparto con el señor López el pensamiento, el ideario político en torno al Estado, pero lejos estoy de imaginarlo como el cruel traidor que quiere plantearnos en estos días la Fiscalía General de la Nación. A todas luces, el art. 29 de la Carta se convirtió en un objeto atropellable, como lo han hecho en miles de casos de involucran a militares, para quienes deberían ser garantes de una verdadera aplicación de la justicia.

No sé dónde, ni cuándo, la obligación que asiste a la Fiscalía, aún siendo ente acusador en el nuevo Sistema Penal Acusatorio SPA, de indagar por los aspectos positivos o negativos que acudan al juicio de la conducta del sindicado, se perdieron. La Fiscalía hoy acusa por un dulce de brevas; el sistemita ese de ofrecer garantías y beneficios judiciales a cambio de acusar a alguien que tenga alguna posición o prestancia social, económica, política o militar, dará resultados para los fiscales ansiosos de figuración mediática, pero no para el ejercicio de la justicia en Colombia.

El art. 29 de la Constitución consagra la presunción de inocencia para todo colombiano o habitante del territorio nacional en los procesos judiciales, pero el SPA ha invertido el principio y lo ha desnaturalizado de tal manera, que ser servidor público (no perteneciente a la rama judicial), es de por sí sinónimo de culpa; hecho aberrante que ha alimentado el ‘afán de la chiva’ de los medios de comunicación, que no dudan en sacrificar cualquier derecho personal, familiar o social, de quien es lanzado a la dehesa de los marranos por venales funcionarios de la Fiscalía en busca de resultados para su promoción.

Estamos seguros de la inocencia de Sigifredo López, un hombre judicializado no por sus ideas, no por sus acciones, sino por lo que es impensable en un Estado social de derecho, por sus rasgos aindiados que corresponden a un alto porcentaje de la zona geográfico de su nacimiento y crianza. Ya de por sí, esa canallada debería constituir lo que los gringos llaman un delito de odio, una discriminación absoluta que hacen los supuestos investigadores judiciales porque la nariz, el mentón o los labios del buscado de turno se acomodan a las características físicas del capturado.

Muchas de las gentes, por ejemplo, no conocen los requerimientos que para fines de extradición contemplas los indictamen de las solicitudes norteamericanas: Hombre latino, de cabellos oscuros, piel trigueña, entre 165 y 180 cms. de estatura. Descripción a la que cualquier colombiano puede responder, pero que nuestras acuciosas autoridades judiciales pueden aplicarle al primer pendejo que puedan capturar.

¿Podremos realmente conocer la cantidad de colombianos extraditados devueltos por error de identidad por las autoridades norteamericanas? No, nuestras autoridades policiales seguirán sintiéndose infalibles, por ello y por ni más ni menos, tienen dos de los mejores policías del mundo en su historia. ¿Cómo decir que siempre llegaron a esas instancias inflando estadísticas y hablando al oído de las personas adecuadas?

Ojalá que en el caso de Sigifrido López, esos mejores policías del mundo no se salgan por la tangente señalando un error del algún subintendente o rango similar, sino que en razón de la equidad y la ética, quienes avalaron la falsa prueba presenten al menos renuncia de sus cargos y pidan una disculpa pública a la víctima.

Pero la cosa no es nada más de la Policía; en la Fiscalía tienen que rodar cabezas y bien públicamente en la misma medida que le hicieron daño a Sigifrido López, su familia y su entorno. El primero en renunciar, en cualquier país decente, es el Fiscal General de la Nación, responsable del ente prevaricador. Nada acude a favor de Eduardo Montealegre para indicar ignorancia sobre las injustas medidas tomadas contra Sigifredo López, su familia y su entorno.

Como nada acude tampoco a favor del silencio público de Juan Manuel Santos Calderón, quien como Ministro de la Defensa conoció como el que más la realidad fáctica de ese secuestro, de la muerte de los 11 diputados y la liberación de Sigifrido López. Pero el presidente guarda silencio, espera ganar con algún bluff resultante de cualquier manga a su favor.

 

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1 comentario

Publicado por en mayo 28, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “EL CASO SIGIFRIDO LOPEZ

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    mayo 28, 2012 at 9:01 pm

    Ojalá, al ejemplo de cualquier país decente, comenzando por el Fiscal y la línea de mando de la falsa acusación, tengan un poco de honor y renuncien a sus cargos, El fallido proceso contra Sigifredo López debe significar un rompmiento frente a un verdadero amanecer de la patria.

     

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