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EL SOFISMA DESORIENTADOR: LA EXTREMA DERECHA EN COLOMBIA

30 May

EL SOFISMA DESORIENTADOR LA EXTREMA DERECHA EN COLOMBIADa grima pensar si quiera que después de 5 o más años de estudios universitarios, algunos tontos sigan presentando la tesis de la existencia de una extrema derecha en Colombia y fundamentándose para ello, en la trágica existencia de las autodefensas ilegales o grupos ‘paramilitares’, como los llamó el comunismo para justificar sus acciones en el marco de la ‘combinación de las formas de lucha’.

En ese marco, nuestros nobeles maestros de las Ciencias Políticas, el mismo Derecho y de otras relacionadas con las Humanidades, dejaron escapar un elemento científico indispensable, el análisis histórico real de la violencia en Colombia.

Es imposible, que al explicar el fenómeno de las autodefensas ‘de derecha’, nuestros historiógrafos olviden los antecedentes inmediatos; los excesos de una narcoguerrilla que se enriquecía mediante la extorsión, el secuestro, el daño en bien ajeno (quema de fincas, maquinaria y ganados), y toda la tipología de delitos conexos a su acción criminal, mientras recurren al simple expediente de clasificar esa respuesta dentro de los parámetros que conceden al desarrollo de la “lucha de clases”, tan amigablemente impuesto por la comunidad jesuita en la educación colombiana.

Si, es cierto, el Estado colombiano emitió normas que al final de la violencia partidista, liberal-conservadora, buscaban evitar el resurgimiento de las organizaciones criminales que durante largos años asediaron a la república; las autodefensas era un método para prevenir la concentración de grupos civiles que mediante las armas intentaran amenazar o atacar poblaciones o grupos de habitantes legítimamente constituidos; tan legal era, que su existencia tuvo por lo menos 30 años de reconocimiento.

Y si fuere por el mote de ‘autodefensas’, ese es el título que reclaman para sí el Partido Comunista y las Farc; según ellos se constituyeron como tales en desarrollo del principio de la “combinación de las formas de lucha”, para desarrollar la ‘lucha armada’ contra todo símbolo del capitalismo y alcanzar la “dictadura del proletariado”.

Nada distinto a lo que a través de sus páginas electrónicas, especialmente Anncol, pregonan en este momento para justificar los atentados contra la población civil en Cauca, Valle, Nariño, Putumayo, Caquetá y el suroriente colombiano.

El mismo presidente de la república, Juan Manuel Santos, ha acudido a favor de los argumentos de las narcoguerrillas y sus apologistas, al señalar erradamente la existencia de grupos de derecha o extrema derecha que quieren sabotear su plan de claudicación frente al socialismo bolivariano, producto de una distorsión de su propia tesis de la tercera vía tan de boga en los 90.

Si las definiciones universales no han cambiado, extrema derecha o ultraderecha son términos utilizados en política para describir movimientos y partidos políticos que sostienen un discurso ultranacionalista, xenófobo y autoritario, con una tendencia populista en defensa exacerbada de la identidad nacional que no aboga por el mantenimiento de las instituciones y las libertades democráticas.

Si en algo convergen liberales y comunistas es en señalar que las políticas adoptadas en el gobierno anterior no son nacionalistas, que le abren el camino a la inversión extranjera y que ‘doblegan’ el nacionalismo que ellas interpretan. Más derechistas entonces serían los que defienden a ultranza el proteccionismo nacionalista, oposición a los tratados de libre comercio TLC, como recurso económico y político.

¿Puede decirse que en Colombia se han alimentado desde el gobierno políticas xenófobas? Por el contrario, los índices de migración indican que nunca como entonces, se produjo una afluencia de industriales, comerciantes o gentes de bien desde otros países, especialmente desde Venezuela.

Ahora, abría que discutir con esta caterva de nuevos sociólogos, qué es el autoritarismo; si por ello implica el llamado al acatamiento de la Constitución y la ley, no hay régimen en el mundo que renuncie a ello. Los que se han apartado de esa premisa, por ejemplo el régimen de Ernesto Samper, merecen todo el reproche probable. No sólo entregado a las mieles del poder narcotraficante, sino autor mediato del llamado canje de prisioneros con las narcoguerrillas que aún nos aflige.

Habría que revisar entonces lo que nos indica la historia frente a la responsabilidad de Alfonso López Michelsen y su intención de legalizar la economía ilícita a través de la llamada “ventanilla siniestra”; la de Trujillo Gaviria y la contemplación judicial a Pablo Escobar y sus testaferros, amén del baldón histórico que el gobierno de Samper Pizano representó internacionalmente para el país.

Pero son precisamente estos nefastos personajes los que se levantan para señalar la existencia de una extrema derecha en el país como culpable de la violencia que nos ha azotado; descaradamente tratan de inducir al olvido de sus propias responsabilidades y señalan al General o al Coronel tal o cual como responsables de las fallas que sus políticas trazaron.

En ese caso, habría que asumir como cierta la frase aquella de que Colombia es una sola, para alivio del mundo. La clase política del país debería asumir el juicio histórico que le corresponde, pero ahí están tramitando pensiones jugosas en un país donde la gran mayoría de habitantes ni siquiera tiene el derecho virtual, expectativa de derecho dicen los juristas que gozan de esas pensiones, a tener un mañana al menos seguro en torno a sus derechos básicos.

En tanto el dedo acusador sigue en el mismo horizonte; culpemos a los soldados, ellos fueron los que le pusieron el pecho a la guerra y mientras exista un culpable sus conciencias estarán tranquilas, incluso las de los mismos narcoterroristas y sus apologistas.

 

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1 comentario

Publicado por en mayo 30, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “EL SOFISMA DESORIENTADOR: LA EXTREMA DERECHA EN COLOMBIA

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    mayo 30, 2012 at 9:40 pm

    Me gusta la referencia a López Michelsen, las nuevas generaciones sólo conocen a Álvaro Uribe y a Santos o se reflejan en Pastrana y Samper, sin una reflexión histórica real sobre el peso que López Michelsen y el mismo Gaviria, como Betancur Cuartas, tienen en la descomposición nacional al cederle algun milímetro a las narcoguerrillas. No hay rigurosidad histórica en los análisis, no se muestra la realidad de un país que ha venido sido sometiendo de a pocos a los engendros comunistas defendiendo la democracia que ellos combaten.

     

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