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NO ES TEMOR A LA PAZ

14 Jun

NO ES TEMOR A LA PAZPor: Román de Jesús Castaño Berrío

El presidente de larepública Juan Manuel Santos se ha tomado a chacota la preocupación deOficiales de la Reserva, expresada en algunos correos electrónicos personales,sobre un eventual proceso de negociación con las organizacionesnarcoterroristas contenido en el llamado marco para la paz, sin que esasorganizaciones hayan dado muestras reales de querer la paz; en una intervenciónpública el presidente llamaba a la Reserva Activa de las Fuerzas Militares a notenerle miedo a la paz.

Nadie mejor que el militar paradesear la paz, pero una paz real y no una improvisación construida sobreendebles bases de aspiraciones políticas y egos inflados por una legión deaduladores que nunca han estado realmente comprometidos con la patria.

El presidente Santos y susconmilitones olvidan que no están de cara a unas organizaciones armadasilegales que se encuentren motivadas por una ideología o un proyecto político,como pudieron serlo las guerrillas entre 1950 y 1980, sino ante verdaderoscárteles terroristas cuyos intereses se hunden en el negocio del narcotráfico,como lo son ahora el 70% de las estructuras criminales de las Farc y Eln,actuando de consuno con las Bacrim y cárteles transnacionales (mexicanos), quehan encontrado en el suroccidente colombiano un centro estratégico paraexpandir su ilícito negocio a nivel continental y mundial.

Las propuestas políticas que devez en cuando dejan oír las Farc no son más que una máscara patética quepretende esconder su verdadera naturaleza; por eso recurren a un discursotrasnochado y arcaico que no representa la realidad nacional de Colombia en elsiglo XXI, es un discurso anclado en situaciones propias de fines del siglo XIXo la primera mitad del siglo XX.

Decía Benito Juárez que la paz esel respeto al derecho ajeno y unas organizaciones armadas ilegales cuyanaturaleza se finca en el más abominable de los negocios, el narcotráfico, elsecuestro y la extorsión, no es una garantía de paz, y estos delitosconsuetudinarios de las Farc y el Eln no son siquiera contemplados de maneratangencial en el proyecto legislativo del marco de la paz, de tal manera que ose va a traicionar al país indultando esas conductas, o se está incubando unnuevo elemento de violencia.

De ninguna manera podráconsiderarse que esos delitos son conexos al de rebelión política armada, esono resiste ninguna interpretación a la luz de la legislación penal nacional einternacional, si así fuere, entonces las Bacrim también serían beneficiariasdel marco para la paz.

Su Santidad Juan Pablo IIadvertía con diáfana claridad al mundo sobre la naturaleza de la paz. Que nadiese haga ilusiones, decía el Papa, de que la simple ausencia de guerra, aunsiendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera pazsino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad. Si la Ley deJusticia y Paz fue cuestionada porque las principios de verdad y reparaciónestaban incompletos, el marco para la paz que se viene es peor, aprovechando elembeleco de la justicia transicional se allana el camino de la impunidad aquienes por más de 50 años han victimizado a la sociedad colombiana.

Estamos ad portas de repetir lababosa paz de los poetas que ya se ensayó con Belisario Betancur, ya entoncesde manera ilusa se presentaba el proyecto apaciguador como la única alternativa para adelantardiscusiones pluralistas sobre la reforma política y la paz, así como diálogoscon la guerrilla para buscar una solución negociada al conflicto armado. (SocorroRamírez, en: Medina y Sánchez. P. 275).

De muy buena fe Betancur quiso lapaz y estaba convencido de ella, pero entonces como ahora y de manera prematuraofreció indultos y amnistías a los delincuentes, áreas seguras para susmiembros mientras se adelantaba el proceso de negociación, la inclusión deáreas y estamentossin limitación alguna a la vida social, política y económicadel país; la recuperación y desarrollo de regiones que requerían de estrategiasespeciales del Estado; y el mejoramiento de la justicia y la seguridad de losciudadanos entre otros(Miguel Ángel Afanador, en: ESAP. 1993. P. 90).

Téngase en cuenta además que larealidad social, política y económica de Colombia en la década de los 80 delsiglo pasado era muy diferente a la que se vive en 2012, regía entonces laConstitución de 1886 y el modelo de Estado era bien diferente, se trataba de unademocracia representativa y de una democracia participativa como la que hoy setiene.

Aún si se estuviese ante unproyecto político-militar como el que impuso el partido comunista en la décadade los 50, habría que tener muchas consideraciones a la hora de negociar,porque la experiencia muestra que precisamente el modelo democrático del Estadosocial de derecho no es el que el comunismo del siglo XXI propone, sino elretroceso al atávico modelo cubano que pretende enseñorearse en Venezuela yotros países de la región.

Pero la historia, lasexperiencias vividas ya de manera sangrienta por el país ante cada fracaso deesos proyectos de paz, son lo que menos inquietan al arquitecto de la zona dedespeje del Caguán; hagamos caso omisodel pasado, decía Santos recién electo presidente de Colombia para explicarlo que sería su traición al mandato con el que fue elegido (TIEMPO, 2010).

Ojaláel proceso del marco para la paz no esté recogiendo las conclusiones de undocumento que tan felizmente mostraba el ahora Ministro de Agricultura, JuanCamilo Restrepo, de lo que sería el ‘pacto de Ralito’ anticipado con las Farc. En1999 se alcanzó a saber de un pacto suscrito por el más acérrimo pastranista ycrítico de la Seguridad Democrática, en el cual la narcoguerrilla le ofrecía suapoyo para ser presidente mediante votos puestos por su tropas, a cambio de unaAsamblea Constituyente en la que se les garantizaba el 50% de representación alos criminales y en las que se definiría la Nueva Colombia. Pero no sólo eraRestrepo, allí fueron partícipes muchas de las actuales figuras del actualgobierno (Melo, 2010).

Lograve del asunto, es que el compromiso adquirido por la tercera vía entonces,incluye el desmonte del Ejército hasta en un 60% (Melo, 2010),es decir la repetición de lo ya sucedido en Argentina, Chile, Uruguay,Paraguay, Ecuador, Bolivia y Venezuela; algo que de hecho ya se encuentra incluidoen el prematuro marco para la paz, cuando se contempla la reducción delpresupuesto para las FF.MM a fin de ser destinado a la atención de losterroristas que se desmovilicen, nada se dice de la destinación de las inmensasfortunas adquiridas por las Farc y Eln en años de secuestros, extorsiones ynarcotráfico.

Noes temor a la paz, señor Presidente, es un miedo terrible a una paz construidacon sofismas y pegada con babas como se está planteando la que reprocha laReserva Activa de nuestras Fuerzas Militares, es nuestro deber moral con lossoldados, policías y colombianos que han caído o se encuentran mutilados einvalidados por la acción criminal de quienes ahora quieren ser presentados como‘luchadores altruistas’ dignos de la admiración de los colombianos y del mundoentero.

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Publicado por en junio 14, 2012 en Opinión Pública

 

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