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EL ATRASO IDEOLÓGICO DE LAS NARCOGUERRILLAS.

12 Jul

EL ATRASO IDEOLÓGICO DE LAS NARCOGUERRILLAS.

Herbert Marcuse, padre del neosocialismo, plantea la teoría sobre el pensamiento unidimensional que tanto atrae a ciertos líderes mesiánicos que condenados a la caverna de la historia, aún proponen teorías marxistas leninistas (disfrazadas de socialismo del siglo XXI),  derrotadas por el avance inexorable del desarrollo de la humanidad.

No cabe duda que para los cabecillas de las Farc o del Eln el mundo no ha evolucionado; podrán ser diferentes de los extintos Tirofijo y Mono Jojoy en el lenguaje más sofisticado, pero siguen siendo igualmente brutales en su concepción de la sociedad y el Estado, considerando enemigo que debe ser combatido a muerte a quien se oponga a sus protervos sueños, aún cuando pueda ser utilizado transitoriamente, o condenando a sus seguidores a morir en el intento.

Basta con una somera mirada al interior de las narcoguerrillas para entender la férrea aplicación de ese pensamiento unidimensional que incluye la represión de los instintos naturales del hombre relacionados con la libertad en toda su amplitud, la de ser por sí mismos en primera instancia. Marcuse, el padre de la nueva izquierda mundial, siempre cuestionó los métodos estalinistas de quienes autoproclamándose marxistas-leninistas buscaban construir una estructura de dominación que inhibe cualquier alternativa de desarrollo de la existencia integral del ser humano.
Por eso en las Farc, como en el Eln, la dialéctica, la autocrítica, la discusión libre, son apenas palabras congeladas en los textos. Cualquier disenso sólo acarrea la muerte de quien se atreva a expresarlo. Los guerrilleros que quieran ser libres deben aprovechar la espesura de la noche para huir del círculo infernal que configura cada estructura de las narcoguerrillas.

Timochenko y su camarilla son estalinistas por naturaleza, para ellos el socialismo del siglo XXI no es más que un mascarón que sirve para ocultar su sueño de convertir a Colombia en un estado similar al de la dictadura familiar castrista en Cuba o de la dinastía que gobierna en Pyongyang, Corea del Norte.

Marcuse señalaba que yo intenté hacer en mis libros, una crítica de la sociedad- y no solamente de la sociedad capitalista- en términos que evitaran toda ideología, inclusive la ideología socialista, la ideología marxista. Intenté mostrar que la sociedad contemporánea es una sociedad represiva en todos sus aspectos; que hasta el confort, la prosperidad, la pretendida libertad política y moral, son utilizados con fines opresivos. Intenté mostrar que un cambio presupondría un rechazo total, o, para emplear el lenguaje de los estudiantes, una reprobación permanente de esa sociedad. Y que no sólo se trata de cambiar las instituciones sino más bien, y esto es lo importante, de cambiar totalmente al hombre en sus actitudes, en sus instintos, en sus objetivos, en sus valores. Es aquí donde, según creo, mis libros coinciden con el movimiento universal de los estudiantes[1].

Nada más represivo que el modelo político que promulga el socialismo del siglo XXI y especialmente el que aún blanden como justificante los narcoterroristas: la destrucción del Estado y del hombre para la creación de un nuevo Estado y un nuevo hombre.

Esa es la destrucción que vienen practicando contra las comunidades indígenas y afroamericanas en el suroccidente colombiano; por eso los ataques indiscriminados con armas no convencionales contra resguardos y poblaciones, el asesinato de líderes comunales que no se pliegan obedientemente al proyecto terrorista fariano y el sometimiento de organizaciones de toda índole para que les sirvan como amplificadoras de sus intenciones criminales.

Si las Farc conservan alguna ideología en su praxis, esta corresponde a un modelo petrificado que ahoga todo impulso revolucionario como lo ha demostrado la momificación de las organizaciones políticas donde incide y que tienen un reconocimiento legal para actuar dentro de la democracia. Los partidos y movimientos políticos afines al ideal fariano nunca despegaron realmente, jamás concitaron ni el fervor de la clase obrera y mucho menos de las masas populares.

A más, como ocurre al seno de algunas comunidades indígenas, mediante el terror han alcanzado una etapa donde los milicianos reclutados de manera forzada, sólo pueden asumir una  actitud revolucionaria inestable, estéril, que tiene la propiedad de transformarse rápidamente en sumisión, en apatía[2].

La ceguera histórica de las Farc queda reflejada en el alias utilizado por su cabecilla Rodrigo Londoño Echeverry, Timochenko el sangriento ejecutor de las purgas estalinistas; el Timochenko criollo es resultado del caldo espeso de una ideología primitiva y simplista que le impide ver y entender el mundo más allá de la imagen grabada en su cerebro del apogeo de la URSS donde se formó políticamente.

El liderazgo actual en las Farc no prevé ninguna salida política al conflicto que por 50 años ha padecido Colombia. A decir de un antiguo admirador de la organización narcoterrorista, Daniel Pécaut, las Farc quedarán atrapadas en el narcotráfico y en una mayor criminalización[3], por lo que es improbable que el utópico marco legal para la paz que tanto desvela a nuestros ingenuos legisladores tenga algún atractivo al hablarle a estos dinosaurios ideológicos de derechos políticos en el libre juego de la democracia.


[1] TARINGA. Entrevista a Herbert Marcuse. Octubre de 1968. Primera Plana. En: http://www.taringa.net/posts/apuntes-y-monografias/1218653/Entrevista-a-Herbert-Marcuse.html

[2] Ibíd.

[3] SEMANA. Timochenko en la mira. En: http://m.semana.com/nacion/timochenko-mira/167772-3.aspx

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Una respuesta a “EL ATRASO IDEOLÓGICO DE LAS NARCOGUERRILLAS.

  1. Ricardo Castiblanco Bedoya

    julio 12, 2012 at 4:42 pm

    Solo Juan Manuel Santos y su cohorte de idiotas útiles pueden llegar a pensar que existe alguna intención real de paz por parte de las farc y sus apologistas; ellos vienen por el poder, de eso no puede caber duda, para imponer el socialismo del siglo XXI o neocomunismo atávico, Colombia es el tapón que les impide irrigarse por Centroamérica. El neocomunismo fariano no ha abandonado las tareas de la Internacional Comunista, reeditadas en el Foro de Sao Paulo.

     

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