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EN EL CAUCA NO HAY NINGUNA GUERRA CONTRA EL ESTADO

26 Jul

EN EL CAUCA NO HAY NINGUNA GUERRA CONTRA EL ESTADODifícil encontrar puntos de acuerdo con el columnista farandulero Poncho Rentería, pero hoy en El Tiempo tiene la razón[1], hablar de una guerra en el Cauca es una exageración que conduce a falsas expectativas y a temores infundados.

Los hechos sucedidos en el norte de ese Departamento, el amotinamiento de un pequeño grupo de indígenas Nasa liderados por el militante de la Marcha Patriótica Feliciano Valencia, no es una expresión de guerra, fue un doloroso capítulo de cómo las Farc pueden manipular una parte de la población civil para servir a sus propios intereses valiéndose de un ancestral antagonismo de la población indígena caucana con el poder central de la nación, alimentada si por años de secular abandono en materia de inversión social y exclusión política.

Lo que ha quedado en claro es que los indígenas no consideran a los soldados y policías como sus enemigos, cosa contraria con respecto a los narcoterroristas, como se desprende de las valientes declaraciones de dirigentes indígenas asociados a la Organización Pluricultural de Pueblos Indígenas de Colombia OPICE, a lo expresado por los gobernadores indígenas de las poblaciones afectadas y múltiples ciudadanos habitantes de Toribío, Caldono y Jambaló.  Esos argumentos de las comunidades indígenas terminaron siendo aceptados, aunque a regañadientes, por los voceros de la Coordinadora Indígena del Cauca CRIC y de la guardia indígena que protagonizó los bochornosos sucesos.

Desde la comodidad de sus escritorios o bares en Bogotá, muchos opinadores que alientan la lucha de clases y la combinación de las formas de lucha, se han dado a la tarea de buscar explicaciones históricas para justificar la actitud levantisca del pequeño grupo indígena que obedece a Feliciano Valencia. Pero la oposición a tal apología del delito nace de los mismos habitantes del Cauca.

Tal y como señala el también columnista Andrés Hoyos, se dice que el problema es histórico, que la culpa empieza con Sebastián de Belalcázar. Hombre, hablar de siglos no deja de ser tentador, pero ¿de qué sirve? Así un problema tenga siglos — ¿y cuál problema serio no tiene raíces centenarias?— su tratamiento y posible solución deben ser presentes y, por ello mismo, tienen que ir en contravía de la historia. A la historia en estos casos hay que consultarla primero e ignorarla después[2].

Los dirigentes nasa y muchos de sus amigos aseguran que la guerra que viven es ajena. Pues bien, toda guerra es ajena hasta que deja de serlo. Dicho de otro modo, si la guerra se libra en tu territorio, si para ella reclutan a tu gente, a tus niños, y matan a tus amigos, esa guerra te involucra. Los gitanos sin duda pensaron que la guerra de los nazis les era ajena hasta que empezaron a exportarlos en masa a los campos de concentración[3].

Con la misma lógica se podría decir que la guerra que hoy vivimos en Colombia no es colombiana, pues tiene su origen en la degeneración criminal de la utopía de un filósofo alemán decimonónico (Marx) y se financia desde hace un cuarto de siglo con los réditos que produce una prohibición justificada por una ideología cripto-racista hoy vigente en Estados Unidos (el narcotráfico). Igual, esta guerra contra el narcoterrorismo y otras expresiones criminales hay que pelearla mientras dura[4].

No hay duda entonces que no existe ninguna guerra declarada por los pueblos indígenas caucanos contra el Estado colombiano, en tanto ellos se reconocen como ciudadanos de este país y aceptan la Constitución como un contrato social vigente que otorga deberes y derechos a todos los habitantes de la nación. Tampoco hay una guerra del Estado contra esas comunidades, prueba de ello fue la valiente acción del S.S. García y sus hombres al no resistir con las armas el delincuencial asalto a sus posiciones por un grupo de indígenas engañados y manipulados por el grupito que dirige Feliciano Valencia.

Si uno observa con detenimiento las fotografías y vídeos de esos sucesos, encontrará que la mayoría de los participantes eran niños, jóvenes casi adolescentes, que como en las ciudades están dispuestos a participar en cualquier tropel aún sin conocer las causas que lo originan. Así sucedió en Bogotá con la destrucción masiva de estaciones del Transmilenio recientemente y nadie habló de una guerra bogotana contra el sistema de gobierno local o nacional. Fueron pura y llanamente actos de vandalismo en los dos casos.

Algo que deben entender los colombianos y especialmente los habitantes del Cauca, es que el orden de los factores en el caso concreto del norte de ese departamento, sí altera el producto[5].

Cuando las Farc se vayan del Cauca, el Ejército no tendrá razones para hacer mayor presencia allí. La dura realidad, sin embargo, es que los Nasa han intentado infructuosamente expulsar a las Farc de sus territorios, con actos y con cartas como la que le enviaron por estos días a Timochenko. Piénsese en el dilema que enfrenta un guerrillero indígena: de un lado le prometen azotes; del otro, fusilarlo por desertor. ¿Cuál ley va acatar? Aunque los nasa tienen una historia de lucha muy respetable, el quid del asunto es que los colombianos tenemos que tomar partido en nuestro conflicto, así sea un partido crítico, no incondicional. Pretender equiparar a todos los “actores armados”, como hacen ellos, desvirtúa sus reivindicaciones, y pedir la expulsión del Ejército del Cauca equivale a pedir una capitulación[6].

La matriz DOFA sugiere que se puede hacer de una amenaza una oportunidad. Simplifiquemos al extremo esta posibilidad: si la inmensa mayoría de los colombianos, empezando por los indígenas, queremos un Cauca libre de violencia, tenemos que expulsar a la guerrilla del departamento y del país. Para hacerlo es preciso secar sus fuentes de financiación acabando con el comercio de las drogas que alimenta el terrorismo. Cualquier otra cosa equivale a pensar peligrosamente con el deseo[7] y abstraerse de la realidad.


[1] EL TIEMPO. No exageren, no hay guerra. Opinión, miércoles 25 de julio de 2012. Pág. 20.
[2] EL ESPECTADOR. Dilemas caucanos. Opinión. Martes 24 de julio de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elespectador.com
[3] Ibíd.
[4] Ibíd.
[5] Ibíd.
[6] Ibíd.
[7] Ibíd.
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Publicado por en julio 26, 2012 en Opinión Pública

 

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