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LA ABSURDA REALIDAD DE LA NARCOGUERRILLA

13 Nov

Al considerar que las inocentes víctimas que causan entre la población civil son intranscendentes, los narcoterroristas desataron este domingo en la noche un verdadero infierno contra los habitantes de Suárez, en el Cauca, dejando 25 heridos y más de 60 humildes viviendas y comercios destruidos. El motivo, un aniversario de la muerte de Guillermo León Sáenz Vargas, alias Alfonso Cano, el cabecilla terrorista abatido por el Ejército Nacional.

Entre tanto, la estructura criminal conocida como Frente 34 decreta un paro armado en el Chocó, impidiendo la movilidad de los ciudadanos y quemando una buseta como muestra de su fortaleza. Ese paro decretado mediante la amenaza no afecta a ninguna grande empresa o a las clases pudientes de la sociedad, mucho menos constituye alguna victoria militar, simplemente le impide a hombres, mujeres y niños el ejercicio pleno de sus derechos fundamentales.

Con absoluta razón el próximo Cardenal colombiano y Arzobispo de Bogotá, Rubén Salazar, señala que los narcoterroristas viven por fuera de la realidad, “Viven todavía en los años 60, cuando el Che Guevara y Fidel eran guerrilleros y existía un contexto político mundial totalmente distinto. Tal vez el vivir en la jungla les impide escuchar las noticias o captar lo que significan”[1].

Continua señalando el primado católico que: “eso hace que sus miembros digan esas barbaridades. Que se presenten como si fueran “víctimas del conflicto”. A ninguna persona con un mínimo de cordura se le puede ocurrir eso”[2]

Pero no sólo son los narcoterroristas armados los que perdieron de vista la realidad del país y del mundo; también lo hacen sus apologistas y los apaciguacionistas a ultranza que no quieren ver la realidad criminal que hoy representan la naturaleza de la organización narcoguerrillera. Una cosa es el contenido marxista leninista del discurso de sus cabecillas y otra muy diferente es la praxis narcotraficante y terrorista de sus acciones en el país, no en vano desde muchos sectores en el mundo se califica a las Farc como el más peligroso cartel de las drogas.

Nada más hay que cuestionar cuáles son los resultados positivos para las comunidades rurales, indígenas o afrocolombianas, que las Farc pueden mostrar en 50 años de carrera delincuencial; fuera de los testaferros que manejan las propiedades que han usurpado, más de 700.000 hectáreas en la Orinoquía y el suroccidente de Colombia, ni un solo campesino, indígena o afrocolombiano puede decir que ha recibido un beneficio de la acción criminal de la narcoguerrilla.

Por el contrario han sido reiterada y sistemática victimizados por las estructuras criminales de esa organización, sometidos desde su inicio al terror y el crimen para imponer su dominio. Son esas comunidades quienes deben entregar a sus hijos, niñas, niños y adolescentes, para alimentar la máquina de muerte, so pena de verse desplazados en el mejor de los casos o generalmente asesinados.

Si las Farc aún tienen algún eco en su discurso añoso es gracias a idiotas útiles que no han superado la fiebre mamerta de los 60 y que afanosamente buscan inocularla en las nuevas generaciones; son esos patéticos panfletarios que como brillantemente señala Eduardo Escobar, viven aún como si fueran los “tiempos de la revolución cubana y de Mao (cuando) los desveló la lectura de Trotsky, Lenin, Stalin, Deutscher, Althusser y Marcuse, convencidos de que se llegaba al futuro volteando siempre a la izquierda, destruyéndolo todo para reinventarlo todo, uniendo en un maridaje imposible a Marx y a Rimbaud, como dejó expresado el poeta cubano que narra el encuentro en una Londres improbable del periodista judío con el hijo de la insufrible Vitalie Cuiff. Y que, como yo, debió beber el aguardiente de las peñas de los comunistas para acopiar fondos para el whisky de los comandantes; y debió apuntarse a la rifa de un retrato de Tirofijo por Pedro Alcántara para que no faltaran balas en los campamentos, y debió hacer elogios en versos libres del Che Guevara ese tiempo, cuando la miopía nos impidió distinguir un sicótico sadomasoquista de un héroe”[3]

Estos patéticos revolucionarios de cafetín insisten en equiparar a los psicópatas que consideran intrascendentes a las víctimas como héroes del socialismo del siglo XXI, y no sólo en el país sino que la idiotez trasciende nuestras fronteras.


  1. EL TIEMPO. Las Farc perdieron el sentido de la realidad: Rubén Salazar. Gente. Martes 13 de noviembre de 2012. En: http://www.eltiempo.com/gente/entrevista-de-maria-isabel-rueda-al-arzobispo-de-bogota-ruben-salazar_12374775-4
  2. Ibíd.
  3. ESCOBAR, Eduardo. Un nadaísta entre gánsteres. El Tiempo. Opinión. Martes 13 de noviembre de 2012. En: http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/eduardoescobar/un-nadaista-entre-gansteres-eduardo-escobar-columnista-el-tiempo-_12374365-4
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Publicado por en noviembre 13, 2012 en Opinión Pública

 

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