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UN PAIS SIN LIDERAZGO POLÍTICO

05 Dic

UN PAIS SIN LIDERAZGO POLÍTICOUna de las debilidades de las democracias es la falta de claros liderazgos políticos que garanticen la conducción de las instituciones, especialmente en las épocas de crisis. Es un hecho que Colombia atraviesa por esa delicada etapa.

No hay partidos políticos fuertes y lo que se aprecia en el curso del presente siglo es el aprovechamiento oportunista de coyunturas para obtener réditos electorales a favor de fugaces movimientos que aparecen agitando la bandera del apoliticismo o de la negación política, para capturar mentes y corazones ingenuos desilusionados del devenir de las otrora fuertes organizaciones partidarias.

Los partidos políticos que aglutinaron las mayorías se disolvieron entre la politiquería y el clientelismo, los nexos con organizaciones delincuenciales y terroristas terminaron por difuminar los idearios que ayer los hicieron grandes; agitar el trapo rojo o azul ya no mueve pasiones, ni concita respaldos.

Para muchos analistas la suerte de los partidos políticos colombianos comenzó a diluirse con el Frente Nacional, que terminó con las fronteras ideológicas y convirtió a dichas organizaciones en meros detentadores del poder burocrático como instrumento de supervivencia, lo que sin duda contribuyó enormemente a la aparición de vicios letales como la corrupción administrativa, el nepotismo y otras layas ajenas al transcurrir democrático.

La falta de identidad ideológica de los partidos tradicionales ha afectado indudablemente el equilibrio de los poderes públicos y el ejercicio transparente de las funciones de control de las instituciones correspondientes, lo que sin duda alguna hace que se privilegien los intereses particulares de grupos de presión social o política por sobre el bienestar general como corresponde al Estado social de derecho.

Es evidente que ello conduce en Colombia de crisis ética, de pérdida de valores, de invasión de lo público y lo político por una cultura, o mejor una anti-cultura de corrupción extrema de aceptación o tolerancia del crimen sin reacción social alguna; de pérdida de elementales parámetros éticos en el enjuiciamiento de los conflictos[1], de allí que así como se considera válida en la izquierda la tesis de la combinación de las formas de lucha para oponerse a inocultables injusticias socio-económicas, desde otros espectros políticos se justifique recurrir a los mismos métodos ilegítimos para oponerse a los desafueros de las organizaciones armadas ilegales marxistas leninistas.

Más que las llamadas causas estructurales del conflicto armado interno, ha sido esa descomposición de las ideologías y sus perversos efectos los que han permitido que el mismo se mantenga por más de 50 años causando dolor y destrucción, impidiendo el cumplimiento de los objetivos que fundamentan el Estado.

Ahora bien, el liderazgo político que reclama Colombia es diferente a la presencia de caudillos o conductores mediáticos. El liderazgo es un proceso a través del cual un líder se mantiene por poseer unas cualidades y atributos de personalidad tales como capacidad, inteligencia, conocimiento, carácter, carisma, compromiso, constancia, comunicación, coraje, comprensión, concentración, claridad, sociabilidad, confiabilidad, responsabilidad, creatividad, sentido espiritual y humano, además de confianza en sí mismo[2].

Es un liderazgo que permita construir y desarrollar un proceso para motivar y ayudar a los demás a trabajar con entusiasmo a través de un proceso de aprendizaje para alcanzar unos objetivos fundamentalmente por medios no coercitivos, logrando un conjunto de actividades de relaciones y comunicaciones interpersonales que permitan a una persona ejercer diversos niveles de influencia sobre el comportamiento de un grupo de personas, consiguiendo que estas se definan y alcancen voluntaria y eficazmente sus objetivos[3].

La clase política colombiana no puede excusarse argumentando la apatía de los ciudadanos frente a la cosa pública, si esa apatía existe es responsabilidad de los partidos políticos que la han generado con sus conductas poco éticas cuando no del todo ilícitas. Por el contrario, el pueblo colombiano reclama ese liderazgo que le permita afrontar con éxito los retos de una necesaria inserción en el mundo moderno y a la altura de las naciones más desarrolladas, no solo en indicadores económicos, sino fundamentalmente en los sociales y en modelos integrales de calidad de vida.


  1. GIRALDO, Javier. S.J. Crisis ética en la sociedad colombiana y reconstrucción de una ética desde las víctimas. Exposición hecha en el Encuentro del Movimiento Social: “Resistencia, Exigibilidad y Transformación”. Medellín, octubre 14 de 2010
  2. PACHÓN GÓMEZ, Tito Javier. El liderazgo político en Colombia. ESAP. Tesis de Grado. Bogotá, 2005.
  3. Ibíd.

 

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Publicado por en diciembre 5, 2012 en Opinión Pública

 

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