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EL CINISMO FARIANO Y LA VIOLENCIA EN COLOMBIA

19 Dic

EL CINISMO FARIANO Y LA VIOLENCIA EN COLOMBIAA las acciones de guerra que contra el pueblo y contra el proceso de paz se han desatado desde la institucionalidad estatal, se suma hoy la decisión del Congreso de la República de aprobar la reforma a la justicia penal militar, así comienza el comunicado de los delegados de la narcoguerrilla en La Habana publicado este 14 de diciembre en las páginas de su agencia de prensa “alternativa” Anncol, pretendiendo demostrar que lo que llaman “las víctimas del terrorismo de Estado (…) desoyendo la indignación nacional e internacional” no es otra cosa que la minoría bulliciosa que conforma sus aparatos políticos u ONGs como MOVICE, el Colectivo Alvear Restrepo y otras de sobra conocidas y dos o tres pelagatos despistados que hablan con desconocimiento de causa desde algunas organizaciones internacionales.

Las acciones de guerra contra el pueblo colombiano son de sobra conocidas por los habitantes de las comunidades indígenas, comunidades afrodescendientes y humildes hombres y mujeres en el Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá o en el Arauca, Santanderes y Antioquia, donde los narcoterroristas hacen caso omiso del cese al fuego decretado por sus cabecillas y desarrollan toda una campaña de terror para sostener las vías del narcotráfico, el secuestro y la extorsión.

Suena descarado entonces que los representantes de la narcoguerrilla señalen que “Mientras despliega su endeble retórica de paz, la alianza del desafuero sellada entre gobierno y legislativo, ha blindado su máquina de guerra para continuar sus acciones de tierra arrasada contra el movimiento popular”, cuando la comunidad nacional e internacional conocen de sobra quiénes son los que recurriendo al lenguaje mendaz del pacifismo han abusado de las oportunidades brindadas por la sociedad colombiana para dialogar en búsqueda del fin del conflicto en los últimos 30 años y quienes desafiando a esa comunidad que “a viva voz exige el cese de la confrontación y soluciones a los profundos problemas sociales que le tienen sumergido en la miseria”, como al parecer olvidan ocurrió el 4 de febrero de 2008 y en pluralidad de ocasiones a nivel nacional, departamental y local cada vez que estos criminales actúan contra la población civil y en especial contra los niños, niñas y adolescentes, reclamo que se mantienen exigente a diario en el movimiento Un millón de voces contra las FARC.

Al reclamo de los narcoterroristas de que impera en un escenario en el que ningún esclarecimiento serio han tenido los casos de centenares de fosas comunes colmadas de miles de asesinados por cuenta del terrorismo de Estado, hay que responderle con firmeza y dignidad que la mentira de las fosas comunes ya ha sido desvirtuada pese al show mediático montado por individuos como Iván Cepeda o Piedad Córdoba y que lo que se exige es saber del paradero de los cientos de secuestrados-desaparecidos reales de los que las Farc se niegan a dar noticia.

Una cosa es que el gobierno cubano, aliado natural de las Farc, se niegue a permitir la entrada de las madres de los secuestrados-desaparecidos y otra muy distinta pretender que no existen, que serán desaparecidas mediáticamente junto con las demás víctimas de la criminal organización. Por más apaciguamiento que el gobierno pretenda imponer para oír solamente la retahíla de lamentos trasnochados de las Farc y sus satélites, la comunidad nacional e internacional están a la expectativa de escuchar aunque sea por una sola vez una voz sincera y honesta en las declaraciones de la narcoguerrilla.

Dicen las Farc que condenan la “impunidad” pero piden que se amplía la ya contemplada en el tristemente célebre marco judicial para la paz aprobado por el Congreso y que anticipa el olvido para los delitos de lesa humanidad cometidos por esa narcoguerrilla, los crímenes de guerra cometidos contra humildes soldados y policías desarmados o reducidos en medio de los combates, bajados alevemente de autobuses y asesinados a sangre fría, utilizados como cuerpos-bomba después de una emboscada, esa es la impunidad que el pueblo colombiano y el mundo rechazan.

No hay perdón para tanto cinismo, para tanta mentira descarnada repetida por los apologistas de las Farc en los medios de comunicación, esas actitudes desvergonzadas si constituyen “vientos de guerra” que truncaran cualquier anhelo de paz.

 

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Publicado por en diciembre 19, 2012 en Opinión Pública

 

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