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UNA INFAMIA CON BOGOTÁ

20 Dic

UNA INFAMIA CON BOGOTÁEl Chávez criollo, Gustavo Petro Urrego, desoyendo las advertencias y llamados de las autoridades competentes y de la ciudadanía decidió ahogar a Bogotá en basuras para satisfacer su odio de clases y su egomanía; él quería acabar con los contratos de recolección y disposición de residuos con los operadores privados a cualquier costo y eso fue lo que hizo sin importarle los efectos nocivos para la capital de esa decisión.

No le importó lo que la Superintendencia de Servicios Públicos y la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento advirtieron en ejercicio de sus competencias, mucho menos lo que señalaron oportunamente organismos de control como la Procuraduría, la Contraloría y la Personería Distrital, la Constitución, la Ley 142/94 y sus decretos reglamentarios eran normas inexistentes para su obtusa visión de la prestación de ese servicio público esencial que es el de aseo y saneamiento urbano.

Mucho menos le interesaron los derechos fundamentales de cerca de 9 millones de habitantes (entre residentes y transitorios pueden superar esa cifra), de la ciudad a disfrutar de un ambiente sano vinculado por naturaleza al derecho a la salud; la ciudad hoy es un foco de basuras expuestas al aire libre que potencialmente pueden generar epidemias, infestación de roedores y otros insectos nocivos. Pero Petro insiste en salirse con la suya a cualquier costo, así sea sacrificando la calidad de vida de los bogotanos.

El Distrito no estaba en capacidad de asumir la responsabilidad por la prestación del servicio de recolección y disposición de las casi 7 toneladas de basuras que a diario se producen, Aguas Bogotá no tiene la capacidad técnica, humana y la experiencia necesarias para reemplazar de la noche a la mañana a los operadores que venían prestando ese servicio y no pudieron las artimañas desleales e ilegales del Alcalde desmontar esas empresas privadas para apropiarse de esos recursos y esa experiencia técnica y humana, aunque lo intentó hasta última hora mediante mecanismos que merecen la atención de las autoridades pertinentes en cuanto hubo un dolo manifiesto en las actuaciones del alcalde y su equipo de gobierno, incluido el Gerente de la EAAB.

El problema también se agrava en tanto la administración de Petro ha decidido desconocer olímpicamente el tema de la disposición final de las basuras; en efecto, para el Distrito es grave  el inminente colapso del relleno Doña Juana, pues la zona que actualmente recibe las basuras solo tiene capacidad para almacenar 12,9 millones de toneladas y su cupo está casi en el límite: 12,3 millones. Más alarmante aún es que la Administración Distrital no ha definido el terreno que lo reemplazará cuando su capacidad llegue al tope y tampoco ha aprobado las licencias ambientales para nuevas zonas en el relleno, pese a la advertencia de la Gobernación de Cundinamarca sobre la negativa de permitir una ampliación de la zona de Mondoñedo.

Esta mañana era dramático ver a obreros no calificados haciendo esfuerzos sobrehumanos para recoger basuras en volquetas de la ETB no aptas para ello; en la zona de Puente Aranda (Av. Américas con Carrera 61) en una volqueta de esa empresa cuyo objeto es bien diferente, se mezclaban bolsas de residuos orgánicos, material reciclable y lo que es más grave, deshechos de la institución clínica Nueva EPS que queda en esa zona; la lluvia de desperdicios que caía sobre los operarios mientras intentaban alzar a pulso bolsas y canecas demuestra que la regularización y humanización de ese oficio se queda en meros enunciados en la actual administración distrital.

Los indigentes y perros callejeros han hecho de las suyas rompiendo las bolsas que se acumulan en andenes, separadores y en todo el inmobiliario urbano, los regueros de basuras en la vía pública ya en un día hacen parte del paisaje urbano de sur a norte y de occidente a oriente, mientras el alcalde se limita a trinar paranoicamente diciendo que todo es una confabulación de los operadores privados, sus críticos y de la ciudadanía como con razón cuestiona el Personero Ricardo Cañón.

Si esto es el progresismo que pregonan Petro o sus áulicos, dignos discípulos del llamado socialismo del siglo XXI, ojalá los colombianos tomen atenta nota si ese señor decide candidatizarse o es candidatizado, por cualquier sector neocomunista o de izquierda, a ocupar la primera magistratura del país. Con las administraciones del Polo y el progresismo, Bogotá ha retrocedido 40 años por lo menos y los problemas socioeconómicos persisten y se incrementan.

Es deber de los ciudadanos impedir que esta infamia continúe, por eso hay que participar de manera activa y diligente en el proceso de revocatoria al mandato de Gustavo Petro o correr el riesgo de recibir en dos años una ciudad colapsada, inhumana e inhabitable que tendrán que sufrir precisamente los habitantes de menores recursos que él dice representar.

 

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Publicado por en diciembre 20, 2012 en Opinión Pública

 

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