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LA NECESIDAD DE LA VERDAD

24 Dic

LA NECESIDAD DE LA VERDADA veces es un llamado lleno de esperanza, casi que con miedo a conocer la verdad, otras veces es lleno de rabia, de indignación. ”Así como los guerrilleros son tan machos para matar gente, deberían entregar a mi padre porque él no les sirve para nada”, dicen los hijos del señor Damasco Galvis, finquero secuestrado por las Farc el 21 de junio de 1991 en El Paujil, Caquetá, entonces la víctima tenía 72 años por lo que sus posibilidades de supervivencia son pocas, pero sus hijos esperan aunque sean noticias de su cadáver para cerrar el duelo.

Así como los hijos de don Damasco exigen saber la suerte de su padre, hay 3.235 familias de ciudadanos que esperan en estas navidades conocer que pasó con los suyos, en su mayoría secuestrados por las Farc, casos que están documentados ante los organismos de investigación en Colombia sin resultado alguno. El Ministerio de Defensa reclama por la suerte de 196 militares y policías secuestrados-desaparecidos por las narcoguerrillas. Tanto las familias de los civiles como el ministro han sido duramente descalificados no sólo por los secuestradores en La Habana, sino dolorosamente por el mismo presidente y algunos miembros de su equipo de gobierno que los han tildado cuando menos de guerreristas desquiciados por exigir la verdad.

No es sólo el drama de estos 3.431 compatriotas plagiados, alrededor suyo son por los menos 15.000 personas de su entorno familiar inmediato y es el drama de toda una sociedad que aún no comprende cómo el gobierno pese a los anuncios previos de no negociar con las Farc hasta que no devolvieran el último de los secuestrados, de la noche a la mañana cambió de parecer y decidió creerle a los secuestradores y no a las víctimas a las que incluso les negó el aval para ir a Cuba y exigirle a los criminales respuestas por sus seres queridos.

La mayoría de celebraciones son un dolor, porque siempre llegan a la mente los momentos que se vivieron con él” dice con profunda tristeza doña Amalia Díaz, madre del secuestrado-desaparecido Enrique Márquez, empleado de 30 años secuestrado por el Frente 51 de las Farc el 11 de febrero de 1999 en pleno centro de Bogotá para que diera información que permitiera el plagio de su jefe. Los narcoguerrilleros lo mantienen cautivo sin exigir dinero a cambio, lo que indica que el señor Márquez no les dio la información que querían y decidieron castigarlo manteniéndolo secuestrado, hasta hace 4 años algunos plagiados que recuperaron su libertad dieron noticia de que los terroristas aún lo mantenía con vida.

No pierdo la fe, voy a misa todos los días  y pido por él… cualquiera puede perder la fe, pero una madre jamás y por eso yo espero que él regrese”, cuenta doña Lilia Hernández, madre del Capitán de la Policía Carlos Alberto Hernández secuestrado y desaparecido por las Farc el 24 de noviembre de 1997 en Guamal (Meta). Como él son 196 héroes de la patria que en los fríos registros figuran como desaparecidos tras combates, retenes ilegales en carreteras o en misiones como infiltrados. Sus familias y compañeros no tienen consuelo, ni siquiera han hecho un duelo y, por eso, ruegan que les devuelvan los restos de sus hijos y amigos.

Aquí se habla mucho y se condena al Estado por el presunto genocidio de la U.P., el brazo político de las narcoguerrillas en los 80, 5.000 militantes de ese partido murieron o fueron desaparecidos en el enfrentamiento de las Farc y los narcotraficantes. Iván Cepeda y el Movice, como el Colectivo de Abogados Alvear Restrepo y otros se lucran mediante la denuncia ante organismos judiciales nacionales e internacionales de esas presuntas víctimas, incluso inventando víctimas cuando no las hay como ocurre constantemente en San José de Apartadó o como sucedió en el caso Mapiripán.

Pero frente a estos 3.431 colombianos que no militaban en ninguna organización política o que simplemente cumplían sus deberes como servidores públicos los poderes públicos y una sociedad indiferente guardan silencio. Esa indiferencia es la que permite que el presidente de la república mantenga negociaciones con el narcoterrorismo a pesar de no haberse cumplido las mínimas exigencias que hiciera públicamente para dialogar, es esa indiferencia casi que cómplice con el delito, la que le permite a Juan Manuel Santos tildar de dementes, desquiciados o enemigos de la paz a quienes reclaman por sus deudos y se niegan a ser tenidos como victimarios de los bandoleros que durante 50 años han sembrado el dolor, la desolación y la muerte.

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Publicado por en diciembre 24, 2012 en Opinión Pública

 

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