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A SEPARAR LA POLÍTICA DE LA GUERRA

28 Dic

A SEPARAR LA POLÍTICA DE LA GUERRACon el mismo curioso título la columnista Patricia Lara, recogiendo el discurso de Francisco de Roux S.J., en el pasado Foro Agrario,  expone en El Espectador que para que la paz con justicia y sostenibilidad sea posible[1], es necesario separar la política de la guerra al indicar que la paz es un desafío ético y una cuestión de dignidad para los colombianos.

Tanto de Roux como la columnista parten de un sofisma que pretende separar los campos de lo político y las decisiones de la guerra como mecanismo de defensa del Estado ante la agresión interna de que es objeto desde mediados del siglo pasado por parte de ideologías que quieren imponer un modelo socialista en los económico, social y político y que para ello sostienen que su guerra es legítima al combinar las formas de lucha como instrumento para la toma del poder.

Dicho de otra manera, política y guerra siempre han ido de la mano en la construcción de los modelos sociales y políticos a través de la historia de la humanidad. Cuando de Roux y Lara Salive presentan su discurso están justificando la tesis de que la “guerra revolucionaria” es legítima porque enfrenta la “guerra de opresión” que el Estado le impone al proletariado como lo sostiene la teoría marxista-leninista que esgrimen las Farc y Eln en el país.

De buena fe le hacen apología a esas tesis cuando pretenden que el conflicto interno en Colombia ha sido decisión del Estado y no una respuesta a la agresión impuesta por el PCC desde los años 40 cuando Manuel Cepeda y Gilberto Vieira introdujeron la tesis de la combinación de las formas de lucha (política y militar), atendiendo las ordenes provenientes de Moscú que entonces regía el mundo comunista.

Tras esa tesis de la separación de lo político y las decisiones de la guerra se esconde realmente una perversa intención; pretender que en el imaginario público en el Estado social de derecho haya separación de lo político y lo militar, de lo civil y lo castrense, atribuyendo a la institucionalidad militar la responsabilidad exclusiva de la guerra y a la política la de la paz.

La guerra desde tiempos inmemoriales es la continuación de la política por otros medios como señalaran Sun Tzu, Clausewitz y muchos otros teóricos de la ciencia militar y lo recogen incluso los autores contemporáneos vinculados ideológicamente a la izquierda como Gramsci o Foucault.

En Colombia, como en cualquier país del mundo, las relaciones de poder no son abstractas, sino, por el contrario, son el resultado de relaciones de fuerza concretas que han surgido en un momento histórico determinado. En ese sentido, el poder político surgido de la guerra tiene la función de mantener la relación de fuerza que se daba durante la última batalla, es decir, que la acción de la política es la de sostener las relaciones de poder y dominación que se daban en la guerra y que conducen a la posibilidad de que la política sustituya la guerra, con la condición de perpetuar, por lo menos hasta cuando sea posible, las mismas ventajas que se adquirieron durante el conflicto[2].

Tanto el Estado colombiano como la organización narcoguerrillera Farc asisten a la mesa de La Habana con una intención política para tratar de poner fin a un conflicto de guerra, de tal manera que los dos conceptos son absolutamente inseparables ya que son mutuamente complementarios, no se trata de cuestiones de dignidad o de ética abstractas es la exigencia misma de una realidad fáctica. Incluso y aun llegándose a acuerdos para ponerle fin al conflicto,  la guerra permanece allí, al acecho, persiguiendo la política, pues aunque sea una forma exitosa de continuarla, para la guerra lo mejor es un triunfo definitivo[3] al que no han renunciado las partes, el Estado en el ejercicio legítimo del poder y las narcoguerrillas en su afán de imponer otro modelo económico, social y político.

Mientras las relaciones de poder estén supeditadas a lo político el peligro de la guerra será subyacente a ellas. Ese es el problema que los pazólogos que tanto abundan en estas épocas dejan de lado para querer imponer su visión utópica de la paz recurriendo a la explotación de escenarios sensibleros de una sociedad necesariamente cansada de la guerra.

 


  1. LARA SALIVE, Patricia. ¡A separar la política de la guerra! El Espectador. Opinión. Diciembre 28 de 2012. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elespectador.com
  2. ABELLO, Ignacio. El concepto de la guerra en Foucault. Universidad de Los Andes. Revista de Estudios Sociales. No. 14. Bogotá, D.C. Febrero de 2003. Págs. 71-75. En: http://res.uniandes.edu.co/view.php/288/view.php
  3. Ibíd.
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1 comentario

Publicado por en diciembre 28, 2012 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “A SEPARAR LA POLÍTICA DE LA GUERRA

  1. LUIS JORGE PULIDO

    diciembre 31, 2012 at 4:10 pm

    Cuando finalmente Santos directa o por interpuesta persona le entregue el poder a las farc, estas no tendran ningun problema para encontrar ideologos y/o politologos que asesoren a los gobernantes de la epoca. En Colombia se dan silvestres. Se deduce de la lectura del articulo en cuestion.

     

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