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EL DISCURSO NEGACIONISTA SOBRE LAS FARC

14 Ene

EL DISCURSO NEGACIONISTA SOBRE LAS FARC

Cada vez que en Colombia se abre la posibilidad de un acercamiento con las organizaciones armadas ilegales (especialmente con las Farc y sus secundones), para ponerle fin a un conflicto armado que ellas mismas generaron, los círculos políticos; los intelectuales; la academia y muchos sectores sociales, insisten en que hay que adoptar un discurso negacionista sobre la naturaleza de dichas organizaciones “para aclimatar la paz”.

Es una negación sistemática del perverso efecto que la tesis comunista de adelantar la lucha política aprovechándose de las libertas democráticas y la lucha armada como sinónimo de oposición, tuvo en la génesis y desarrollo del conflicto hasta sus más degradas expresiones como es el narcoterrorismo que hoy identifica a las Farc, y Eln, ante los ojos de Colombia y del mundo.

Así, quienes introdujeron esa teoría de la combinación de las formas de lucha, el Partido Comunista Colombiano y en especial sus dirigentes Gilberto Vieira y Manuel Cepeda Vargas no pueden ser señalados como victimarios ante el imaginario público, es más, el segundo es considerado víctima del Estado por haber asumido posiciones críticas al sistema socio-político y económico del mismo. Serían “delitos de opinión” aunque ellos signifiquen el inconcebible número de víctimas que ha significado.

Aquí se habla de la construcción de una memoria histórica pero se excluye a sectores que han hecho parte de esa historia. A las víctimas de las Farc y del Eln, a los militares y policías, a los jueces y fiscales que han hecho honor de sus funciones y han procesado los crímenes de esas organizaciones armadas ilegales; sólo tienen cabida quienes quieren contar esa historia desde la orientación ideológica de quienes han usurpado la representación de la sociedad nacional.

Siguiendo esa línea ideológica se ha querido mostrar que las organizaciones armadas ilegales son una respuesta popular a la exclusión social, política y económica practicada por las élites burguesas, la oligarquía que controla el Estado y que obedece las imposiciones del imperialismo capitalista. Es el mismo discurso, atenuado algunas veces, disfrazado de ambientalismo, indigenismo, progresismo y otros ismos persevera en mantener la ortodoxia marxista-leninista en su nuevo empaque: El socialismo del siglo XXI surgido del Foro de Sao Paulo.

No vamos a negar tampoco que existieron algunas causas objetivas que pudieron servir de sustento al nacimiento de las llamadas autodefensas campesinas a finales de la primera mitad del siglo pasado, entre ellas las derivadas de factores exógenos como la guerra fría.

El país apenas trataba de recuperarse de un tenebroso período de confrontación liberal-conservadora y el Estado hacía enormes esfuerzos por consolidar una paz nacida de la voluntad política de eliminar los factores de confrontación ideológica que permitieron la barbarie denominada “período de la violencia”. El desconcierto de algunos elementos liberales que de pronto se vieron sin una dirección política desde la capital y temerosos de las consecuencias que sus crímenes pudieren tener, fue rápidamente aprovechado y capitalizado por el PCC para desarrollar su tesis de la combinación de las formas de lucha.

Hay numerosos estudios que documentalmente prueban como el surgimiento de las Farc y Eln fue el resultado de una decisión política del PCC por crear un elemento armado que condujera a la insurrección popular y de allí a la toma del Estado para instaurar el régimen socialista a imagen y semejanza de lo acontecido en Rusia en 1918 y la posterior creación de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas URSS. Y esos estudios no surgieron de la inteligencia militar o de las agencias imperialistas, surgen de la misma historia del PCC, escrita y publicada por el PCC, amén de los numerosos documentos, discursos y demás que para la época publicara la Internacional Socialista.

Pero toda esa historia, todo ese bagaje documental y probatorio debe desecharse para darle paso al negacionismo histórico que le interesa a las Farc y a quienes acudiendo como borregos mansos al llamado de la campana de los diálogos, pretenden por decreto borrar de un plumazo la realidad de las víctimas o de quienes vivieron desde la otra orilla el conflicto.

Criticar o cuestionar o indagar sobre lo que pasa en La Habana es síntoma de demencia o de ser enemigo de la paz, como ha dicho reiteradamente el señor Presidente Juan Manuel Santos Calderón hoy principal exponente de ese discurso negacionista, pese al conocimiento que tiene, no sólo como grumete de la Armada Nacional, sino fundamentalmente como político liberal de vieja trayectoria y Ministro de la Defensa que fue. “Le creo a las Farc” llamándolas a ser sus aliadas en la lucha contra el narcotráfico, llegó a decir en trance de converso[1].

En este estado de las cosas y teniendo en cuenta que los famosos diálogos de La Habana, que aunque permitan finalizar el capítulo subversivo o insurreccional de la “razón social” Farc, pero no de los fenómenos que su accionar criminal conllevan, pueden significar un cambio del mapa geoestratégico en América Latina: Un reposicionamiento del socialismo del siglo XXI con la promesa de ser más moderado a imagen del Brasil.

En Colombia nunca se investigó la realidad de la llamada farcpolítica, sus autores, partícipes y ejecutores siguen siendo los fiscales y jueces de nuestra realidad histórica, gracias a esa labor subterránea del PCC y el PC3, las organizaciones que desde la legalidad han favorecido, auspiciado y promovido la acción narcoterrorista de las Farc cuyos frutos se recogerán en el estatuto de la impunidad que el Congreso Nacional aprobó en medio de esa maratón apaciguacionista y claudicante en la que el Estado se rinde ante las Farc.

La organización narcoterrorista consigue sin balas lo que más de 50 años de terrorismo, secuestro, crímenes contra los más humildes, hubiere podido alcanzar y lo único que alcanzaron fue el repudio nacional.

Colombia, la última muralla de contención del neocomunismo se va a derrumbar. Lo que las mayorías nacionales soñamos como ideal de un Estado en constante progreso, de un estado comunitario, va a dar paso al estado comunista que tratan de construir al lado; porque hoy se prohíbe socialmente desde la presidencia, so pena de ser calificado como “demente” o “enemigo de la paz”, reclamar   el mismo trato, por ejemplo, consagrado en la Ley 1448 de 2011, exigiendo los mismos estándares internacionales en términos de verdad, justicia, igualdad, garantía de no repetición, restitución de tierras, atención, asistencia y reparación integral.


  1. CARACOL RADIO. Santos advierte que las Farc podrían ser un aliado en la lucha contra las drogas.  Septiembre 25 de 2012. En: http://www.caracol.com.co/noticias/judicial/santos-advierte-que-las-farc-podrian-ser-un-aliado-en-la-lucha-contra-las-drogas/20120925/nota/1767860.aspx
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Publicado por en enero 14, 2013 en Opinión Pública

 

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