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CREAR APOYOS ILUSORIOS

01 Mar

CREAR APOYOS ILUSORIOSNo deja de llamar la atención que el gobierno Santos ahora se pliegue a la convocatoria de las Farc y su Marcha Patriótica a una movilización el próximo 9 de abril de los colombianos para apoyar el actual proceso de La Habana y que sea el propio presidente el que ordene a alcaldes y gobernadores a “socializar el evento”, cuando en su gobierno no le hemos escuchado un solo llamado a solidarizarse con las víctimas que han dejado las Farc en el mismo período, que no son pocas.

Es tal su obcecación por este proceso que incluso ante la denuncia del secuestro de un joven universitario en Villavicencio por el cual ya su familia pagó un cuantioso rescate sin que el frente de las Farc lo haya liberado o dado muestras de supervivencia, el gobierno Santos le exige a la familia que debe probar que su hijo fue secuestrado y que lo fue por esa narcoguerrilla, absurdamente el gobierno se yergue como el defensor de las garantías de los victimarios a ejercer su derecho al secuestro y no al de los derechos fundamentales de las víctimas a no ser secuestrados, ni extorsionados, ni engañados.

El afán megalomaníaco de Juan Manuel Santos le va a hacer mucho daño al país, porque sin razón de peso lo está hipotecando a las protervas intenciones del grupo narcoterrorista sin que los colombianos tengan derecho a la verdad, la justicia y la reparación por los más de 50 años de violencia barbárica ejercida por los bandidos que esgrimiendo banderas socialistas nos convirtieron en uno de los países inviables de finales del siglo pasado.

Las Farc nunca han sido sinceras con el país y el mundo, tras su manifestaciones verbales de querer la paz siempre ha existido el interés de continuar la guerra para obtener victorias políticas tal y como lo demostraron en todos los pasados procesos de paz que terminaron en mayor violencia; ahora, derrotadas en su ambición de tomar el poder por las armas negocian para legitimar ante Colombia y el mundo su verdadera naturaleza narcoterrorista gracias a las concesiones que día a día se le hacen y que ahora tienen su colofón en la marcha conjunta que realizaran con el gobierno Santos para justificar un acuerdo de espaldas al país.

Santos no ha sido menos mentiroso. Se hizo elegir con la promesa de consolidar el proceso de seguridad democrática y el día de su posesión cambió las reglas, pero anunciaba que sólo negociaría con las Farc el día que estas cesaran su acción criminal.

La narcoguerrilla siguió secuestrando y lanzando cilindros bombas y tatucos contra indefensos pueblos civiles, siguió reclutando niñas, niños y adolescentes y sembrando minas para aterrorizar a los campesinos e indígenas, negando como siempre su autoría pese a las evidencias y el gobierno Santos decidió creerles a ellos y no a las víctimas y obviándolas hizo pública una claudicación que venía cocinándose desde antes de haberse hecho elegir presidente mediante el engaño.

En enero de 2012 Santos engañaba al país y a la comunidad internacional cuando afirmaba rechazar la posibilidad de revivir con las Farc una agenda de negociación de paz –que fracasó hace una década–, mientras el grupo rebelde no ofrezca hechos concretos que pongan fin a 50 años de conflicto, “No queremos más retórica, el país pide hechos claros de paz[1], decía entonces de manera mentirosa Santos, ocultando que sus emisarios ya estaban dialogando con las Farc y que esa era su única intención desde cuando propuso el despeje del Caguán en 1997[2].

Engañando a los colombianos y al mundo entero Juan Manuel Santos ha labrado su carrera política. Caracterizado como el más duro de los duros, mientras ejerció como Ministro de Defensa del gobierno Uribe, nuevamente  ha olvidado -tan rápidamente- sus convicciones y principios para volver a ser el claudicante que propuso por primera vez el despeje de una zona para dialogar con la narcoguerrilla como lo hizo en 1997, después de haberse reunido secretamente en Costa Rica –y compartir algunas botellas de vino- con los guerrilleros Raúl Reyes y Olga Marín. El entonces precandidato presidencial por el Partido Liberal, Juan Manuel Santos, remitió una carta de cinco páginas a la Comisión Nacional de Conciliación que contenía su propuesta de paz[3], donde esbozaba la misma agenda que hoy se discute en La Habana.

Ahora con la misma manera mentirosa y manipuladora busca que el pueblo colombiano legitime un proceso basado en el engaño movilizando al Estado para que la sociedad sirva de comodín en su juego tramposo; marchar al lado del partido político de las Farc estaría enviando un mensaje equivoco al mundo porque la comunidad internacional interpretaría que la sociedad colombiana avala un proceso que desconoce, del que no se informa nada y le daría a la narcoguerrilla el respaldo popular que jamás habría soñado.


  1. PERÚ21. Santos: No negociaré con las Farc. Miércoles, 11 de enero de 2012. En: http://peru21.pe/2012/01/11/impresa/santos-no-negociare-farc-2006963
  2. CORONELL, Daniel. El precursor del despeje. Revista Semana. 2 de abril de 2010. En: http://www.semana.com/opinion/articulo/el-precursor-del-despeje/115046-3
  3. Ibíd.
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Publicado por en marzo 1, 2013 en Opinión Pública

 

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