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PENSAR CON EL CORAZÓN, NO CON LA RAZÓN

01 Mar

PENSAR CON EL CORAZÓN, NO CON LA RAZÓNDiversos columnistas de los medios afectos al actual gobierno colombiano quieren convencernos aún de que las Farc están actuando de buena fe y con vocación de paz, incluso Luis Eduardo Celis, Asesor de la Corporación Arco Iris, en la revista Semana cita a Yesid Arteta, ex miembro de las Farc, para decir que al interior de la organización criminal se llevó a cabo un proceso de Perestroika –reestructuración en ruso-, y que ve una narcoguerrilla aplicada  a construir un acuerdo para salir de la guerra de medio siglo en la que se embarcaron y que en esta ocasión no están jugando en el doble carril de una mesa para ganar tiempo y tantear a su contraparte, a la vez que se rearman, reentrenan, reclutan, buscan finanzas aquí y allá y afinan sus nuevas ofensivas y movidas bélicas[1].

Poco voluntad de paz puede tener la organización armada ilegal cuando evade una de las condiciones esenciales para la justicia y la paz como es la verdad, que reclama además de manera descarada el derecho a secuestrar y que señala sus víctimas como intranscendentes o como simples daños colaterales causados en el ejercicio de su derecho a la rebelión armada, en síntesis cuando acude a la mesa de negociaciones diciendo que ellos nada tienen que dar y si para exigir entre ello la legalización de las tierras despojadas y el perdón y olvido a sus innumerables crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad sin ninguna contraprestación.

Eso no es otra cosa que el sacrificio del Estado social de derecho en el altar de la impunidad absoluta para los victimarios y la condena a las víctimas de 50 años de abusos, tropelías y toda suerte de conductas punibles contra el pueblo colombiano, especialmente contra los más vulnerables escogidos siempre como sus víctimas propicias para reivindicar su trasnochado socialismo.

Incurre en un gravísimo error histórico el señor Celis cuando afirma que con la llegada de Guillermo León Sáenz Vargas, alias Alfonso Cano, a la cabeza de las Farc, se abrió un amplio e importante debate en las filas narcoterroristas sobre su rumbo y la estrategia a seguir. La conclusión fue que los tiempos de la guerra había que dejarlos en el pasado y ahora debían aplicarse a construir un acuerdo, con reformas y garantías, para seguir en la competencia política sin armas ni ejercicio de la violencia y la coerción[2]. Basta una somera mirada al llamado Plan Renacer de 2009 implantado por el bandido abatido para entender la falacia de esa afirmación.

El Plan Renacer no contempla para nada una nueva estrategia o rumbo a seguir frente al pasado narcoterrorista de las Farc, por el contrario refuerza la utilización de métodos criminales como la siembra de minas antipersonal, el uso de francotiradores y milicianos para atacar no sólo a la Fuerza Pública sino fundamentalmente a la población civil, a las comunidades indígenas para mediante el terror obtener su colaboración en los planes delincuenciales de la narcoguerrilla.

Esa nueva estrategia a que se refiere Celis no es otra cosa que el incremento del reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes en tareas logísticas y de inteligencia, como de objetos sexuales de los bandidos, que en nada las acercan a la paz sino que develan su naturaleza criminal irredenta.

Cuando el iluminado Asesor de la Corporación Nuevo Arco Iris invita a bajarle el volumen a la guerra está indicando sutilmente que la sociedad colombiana no puede seguirle reclamando a los narcoterroristas por sus acciones en contra del pueblo colombiano, que se debe olvidar de los cientos de miles de compatriotas muertos, lisiados o desaparecidos por los bandidos en su recorrido criminal, no deben reclamarse las tierras despojadas ni por la suerte de los secuestrados, hay que creer que todos esos colombianos no fueron más que un intrascendente efecto colateral y que las verdaderas víctimas fueron quienes asesinaron, pusieron minas o lanzaron tatucos y cilindros, los que secuestraron y los que despojaron.

En ese sentido quiere imponer la tesis fariana de la tregua bilateral haciendo de lado que tal propuesta tiene como fin precisamente el permitirles, como ha sucedido históricamente, ganar tiempo y tantear a su contraparte, a la vez que se rearman, reentrenan, reclutan, buscan finanzas aquí y allá y afinan sus nuevas ofensivas y movidas bélicas como lo anuncian abiertamente en sus discursos y documentos cuando señalan que no renunciaran a la violencia como método político para la toma del poder, es decir a la combinación de las formas de lucha como producto de su derecho a la rebelión.


  1. CELIS, Luis Eduardo. Bajarle el volumen a la guerra. Revista Semana. 27 de febrero de 2013. En: http://www.semana.com//opinion/articulo/bajarle-volumen-guerra/334842-3
  2. Ibíd. 
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Publicado por en marzo 1, 2013 en Opinión Pública

 

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