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RAZONES PARA LA DESCONFIANZA EN UN PROCESO INCIERTO

04 Abr

RAZONES PARA LA DESCONFIANZA EN UN PROCESO INCIERTOMal hacen el presidente y sus ministros en descalificar airadamente a quienes han expresado sus críticas al desarrollo del proceso de diálogos con las Farc en La Habana, pues no se comprende cómo a pesar de un generoso ofrecimiento para la reinserción de los narcoterroristas, estos continúen sus acciones criminales sin dar muestras de intenciones reales de querer acordar la salida política al conflicto sino por el contrario, de prepararse para perpetuarlo.

Hay desconfianza frente a la actitud de las Farc, y no es exclusiva de Uribe o Pastrana, es de una gran mayoría de colombianos que no ven cómo pueden hacerse alegres anuncios de acuerdos, pues mientras en La Habana los burócratas de las Farc negocian una retirada “digna” después de 50 años de barbarie, insisten en adquirir misiles tierra-aire y planean reubicarse en Cundinamarca-Bogotá, infiltrando células a través de tres ejes que coinciden con los ríos Papaneme por la izquierda, Duda por el Centro y Ariari por la derecha. Persisten en la acción armada como respaldo definitivo a sus ambiciones políticas[1].

Se está dialogando en medio del conflicto dirán los más optimistas, pero una cosa es que el Estado deba proseguir la lucha sin cuartel contra organizaciones armadas ilegales en cumplimiento de los claros mandatos constitucionales y legales que obligan al gobierno y a la Fuerza Pública a garantizar el orden normativo y la convivencia y otra que esas bandas criminales prosigan su actividad delincuencial contra el pueblo colombiano sin ninguna justificación.

No puede equivocarse el gobierno y sus voceros en La Habana sobre el papel que cumple Luciano Marín Arango, alias Iván Márquez, en ese proceso, ni dejarse deslumbrar por el aparente cambio de actitud observado en lo transcurrido desde Oslo, Noruega, al que hoy manifiesta públicamente. Tras su afirmación reiterada y sistemática de que “las Farc no se van a entregar, ni a desmovilizar, para dedicarse a la politiquería” y que  para finalizar el conflicto “se requieren cambios en el modelo de sociedad y el régimen antidemocrático existente”[2], hay un aviso claro sobre las verdaderas intenciones del grupo narcoguerrillero que ahora quieren legitimar de hecho en una marcha el 9 de abril reivindicando un supuesto e inexistente “derecho a la rebelión armada”.

La lectura real de la estrategia de las Farc en La Habana la hace el apologista norteamericano del terrorismo James Petras, quien sin vacilación alguna señala que:

La ilusión de Santos y del Departamento de Estado de que podrían repetir en Colombia lo que pasó en Centroamérica, es un error estratégico”, afirmó el sociólogo norteamericano James Petras al referirse al final del alto al fuego decretado por las FARC, ante la negativa del gobierno colombiano de avanzar en el camino de la paz. “Lo que el gobierno colombiano pretende, es una solución como la del Frente Farabundo Martí en El Salvador o como la de los guatemaltecos, donde  los guerrilleros entregaron todo simplemente a cambio de ocupar fueros pero son países donde las desigualdades de tierra, de poder, de riquezas, sigue exactamente igual o peor que antes. Las FARC no aceptan eso,  las FARC no se van a entregar ni van firmar un documento simplemente para dedicarse a la politiquería, la política electoral, como el Farabundo Martí, para llegar a la Presidencia y  gobernar en nombre de las multinacionales y en confabulación de los grandes terratenientes. Eso no va a pasar en Colombia (…) No deben pensar que las FARC unilateralmente se van a desmovilizar, desarmar y olvidar del pueblo. En cambio, las FARC convocan a los foros populares, a las organizaciones de masa a intervenir en estas negociaciones. Esto no es sólo la cúpula de una organización pactando con un gobierno reaccionario como pasó en Centroamérica.  Tenemos que decirlo en forma categórica, eso no va a pasar en Colombia”[3]

A partir de esa lectura de quien es considerado ideólogo del Movimiento Continental Bolivariano y del llamado socialismo del siglo XXI, es lógico darle albergue a la desconfianza y a la duda real sobre lo que pasa en La Habana pese a los optimistas y conciliadores mensajes de Humberto de La Calle, vocero oficial de los negociadores gubernamentales; son más los puntos de desacuerdo de fondo que los acuerdos de forma que pueden haberse alcanzado en las primeras etapas del proceso y cuando en contra de los términos fijados no se ha logrado concertar lo relativo al problema agrario.

Pese a la Ley de Tierras y el marco jurídico para la paz, el gobierno colombiano está perdiendo la iniciativa que pasa a manos de las Farc, como pudo apreciarse en el Foro Agrario de diciembre de 2012 y en el reciente encuentro de las zonas de reserva campesina desarrollado bajo la égida fariana en San Vicente del Caguán en la última semana del mes de marzo pasado. Políticamente la narcoguerrilla va posicionándose y consolidando su presencia a través de sus organizaciones de bolsillo, mientras el gobierno simplemente va avalando una realidad que lo supera gracias a la caja de pandora que él mismo se empeñó en abrir.

El país nacional, que algunos llamarían, si quiere la paz, pero no una paz a cualquier precio jugada en lances de póker o a cualquier precio. Ese país, esa opinión pública que gobierno y Farc se empeñan en considerar intrascendente merece claridad e información sobre el proceso de La Habana. No se exige a Santos Calderón que destape todas sus cartas, pero sí que tenga un norte definido en materia del modelo de sociedad y de régimen de Estado (social, económico, político y de seguridad), que está dispuesto a ceder en La Habana para lograr una incierta paz en la que su contradictor definitivamente no cree.


  1. MARULANDA, John. Un posconflicto serio. El Colombiano. Opinión.  Jueves 4 de abril de 2013. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elcolombiano.com
  2. PETRAS, James. Las Farc no se van a entregar ni van firmar ningún documento, la paz en Colombia pasa por la justicia social. En: http://www.radio36.com.uy/entrevistas/2013/01/22/petras.html
  3. Ibídem.
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1 comentario

Publicado por en abril 4, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “RAZONES PARA LA DESCONFIANZA EN UN PROCESO INCIERTO

  1. Augusto Gutiérrez

    abril 5, 2013 at 2:14 am

    No olvidemos la marcada tendencia izquierdista del hermano del presidente……siendo hermanos, no estará influído y no habrá “casualmente” una soterrada mentalidad muy de izaquierda de nuestro presidente, TAPADA, como todo lo suyo, con la hipocresía habitual que lo enmarca y por ello su GENEROSIDAD y AMPLITUD con el grupo de asesinos ? a mi criterio, esta es una duda razonable, dada su actitud entreguista con el grupo terrorista y la excesiva tolerancia. Pasemos, todavía, el negociar sin alto al fuego, ( tampoco aceptable), pero: no existir la más mínima reclamacón, ni reacción alguna, después de ver los ataques inhumanos a la población civil, el minado continuo y la sebicia y salvajismo como actúan esos ‘salvajes” porque ni el mas perverso humano lo pensaría, a que obedece, si la mayoría de los colombianos no lo acepta ? No creo que la mayoría del país esté equivocado y solo Santos tenga la razón. Lógicamente acompañado por todos sus “perros falderos” que son los únicos que se la creen, buscando beneficios políticos y Santos un premio nobel de paz que es lo único que pretende, no importa si el precio de su egoísmo es entregar al país. !!!!QUE DIOS NOS GUARDE.!!!!

     

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