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CRÍMENES SIN RESPONSABLES

07 Jun

CRÍMENES SIN RESPONSABLESMás allá del estupor causado por las afirmaciones del Fiscal General, Eduardo Montealegre, sobre la inexistencia de condenas a los cabecillas de las Farc por delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra (ESPECTADOR, 2013), que dejan mucho que decir de la eficiencia y eficacia del poder judicial colombiano, causa verdadero dolor en que prevalidos de esas afirmaciones los negociadores de la narcoguerrilla en La Habana se ratifiquen sobre su decisión de no pedirle perdón a sus víctimas, las cuales no reconocen, y proclamarse ellas mismas como víctimas de la sociedad y el Estado colombiano.

No puede ser de recibo que el responsable del principal ente investigador señale que los crímenes atribuidos a las narcoguerrillas, como el secuestros, el reclutamiento de menores, la violencia sexual contra niñas, adolescentes y mujeres, la siembra de artefactos explosivos en las veredas y sitios de tránsito de la población civil y el uso de cilindros y tatucos contra humildes moradas en los pueblos, apenas si sean un compromiso ante el Derecho Internacional Humanitario DIH, para restarle importancia a la gravedad de las conductas punibles ordenadas por el secretariado y los mandos de las Farc.

Es un hecho que este tipo de actitudes o las asumidas por algunos medios informativos cuando hacen referencia a los crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad de las Farc, minimizando su gravedad al compararlos innecesariamente por los cometidos por las autodefensas ilegales, solamente siembran confusión y duda entre la sociedad para terminar aceptando como baladíes o delitos bagatela merecedores de toda laxitud jurídica las conductas de depredación irracional desarrollada por las Farc en 50 años.

Es algo que ni la comunidad internacional, ni los organismos de defensa de DD.HH han comprendido y de ahí su preocupación al señalar que el proceso de negociaciones de La Habana no puede conducir a la impunidad o que la justicia transicional mire con displicencia el compromiso de las responsabilidades penales de quienes han dirigido a la organización narcoterrorista o han sido apologistas de sus crímenes. Esa es la principal crítica al proceso que se adelanta en la capital cubana y no proviene de ningún enemigo de la paz sino de una sentida y justificada preocupación dados los anuncios de personalidades como el Fiscal General.

No puede considerarse como baladí crímenes como el asesinato de seis pequeños en Algeciras (Huila), utilizando cargas explosivas y ráfagas de fusil el 15 de noviembre de 1990 que cobraron la vida de  cuatro niñas y dos niños, justificando las Farc la sevicia demostrada con el  argumento que eran patrulleritos de la Policía cívica juvenil. Los apologistas de la narcoguerrilla culparon a la Policía Nacional porque los niños estaban uniformados y fueron confundidos por los criminales con personal militar. Esa excusa es una burla a la sociedad que aún duele.

Tampoco podrá considerarse como de poca monta o bagatela la masacre de Bojayá el 2 de mayo de 2002 en donde murieron 119 personas bajo un irracional bombardeo de las Farc a la iglesia donde se había refugiado. Los apologistas de la narcoguerrilla justifican el criminal ataque señalando que fue producto de un combate con las autodefensas ilegales, otra burla que aún duele en el corazón del país.

Aún están vivas en la memoria de los colombianos la masacre de Urrao, el 5 de mayo de 2003 cuando las Farc asesinaron de manera aleve y cobarde al gobernador de Antioquia y al ex ministro de Defensa Gilberto Echeverri junto a nueve soldados que llevaban años en poder de los secuestradores; ni la chiva-bomba en Toribio el 9 de julio de 2011 que no sólo dejó centenares de heridos, sino la destrucción de casi una manzana completa de viviendas civiles.

Hoy, el diario El Tiempo muestra el dossier de delitos sexuales de las Farc y lo publicado es apenas un pequeño reflejo de esa realidad criminal  (TIEMPO, 2013), porque allí no se narra la interminable angustia y sufrimiento de los miles de niñas y mujeres esclavizadas por las Farc que fueron sometidas a abortos en condiciones inhumanas, muchas de ellas enterradas en anónimas tumbas en la espesura de las selvas colombianas; de los miles de mujeres abusadas de manera inclemente por las estructuras criminales de esa organización narcoterrorista en estos últimos 50 años. Ellas merecen verdad, justicia y reparación. Los apologistas de las Farc guardan silencio ante esta realidad.

Sería interminable el relato de crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad cometidos por la narcoguerrilla, pero todos están en la memoria de esas víctimas que hoy no reconocen, de esa sociedad colombiana victimizada una y otra vez a partir de la decisión política del partido comunista de introducir la combinación de las formas de lucha como mecanismo político y en especial del terrorismo vil y salvaje como método de dominación de la voluntad popular. Esto es un hecho real del que Colombia y el mundo esperan no se refunda en el olvido aduciéndose que la justicia no puede ser obstáculo para la paz.

 

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2 comentarios

Publicado por en junio 7, 2013 en Opinión Pública

 

2 Respuestas a “CRÍMENES SIN RESPONSABLES

  1. Juan Herrera G.

    junio 7, 2013 at 6:36 pm

    Solamente una mente enferma como la de Montealegre, por los intereses que le reditan es capaz, prevalido de un cargo decisorio, falsear la realidad jurídica y atropellar la opinión con semejantes falacias. Es posible que no haya lealtad sino fidelidad frente a Santos, pero los colombianos de bien, no podemos admitir que este zángano jurídico apoyado por la alta dirigencia quiera manipular la nación y con la manida frase de que la paz todo justifica, tengamos que aguantar toda clase de imposiciones de los bandidos quienes con una sonrisa irónica se burlan de los negociadores y evidencian que entre ellos y Santos, las cosas están hechas. No a las negociaciones en las cuales no se dialoga con el pueblo y se le informa cuáles son los resultados que el gobierno dice haber logrado.

     
  2. Nestor Arboleda

    junio 10, 2013 at 12:05 pm

    Que podemos esperar de la guerrilla FARC, si tiene un aliado en la persona del tal Montealegre? Donde existe un parrafo de algun libro de justicia, que diga o enseñe, que los asewsinos y cobardes de guerrilleros, no sean juzgados por sus delitos? Que se debe hacer contra su defensor? Con destituirlo, no se hace nada, las hienas siguen su acometida contra lo que sea hasta que no sea acabarla. Pueda ser que en la familia del tal Fiscal, no se arrepienta mañana de sufrir en carne propia lo que a muchos colombianos sienten los malos daños de esa narco-guerrilla de la Farc. Que no se crea muy indefenso, pues todo lo que haga en favor de esos rufianes, se le puede devolver a el mismo. Hay un Dios, que sabe y todo lo ve.
    Colombia, no tiene fiscal, solo un titere con ese nombre.

     

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