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LOS CLUBES DEL FRACASO

14 Jun

LOS CLUBES DEL FRACASOLa mayoría de la gente se pregunta qué es lo que indigna tanto al gobierno venezolano, las Farc, la Marcha Patriótica y a exponentes de la izquierda, en el hecho de la consolidación del Acuerdo del Pacífico y la firma de tratados de libre comercio con EE.UU., la Unión Europea y otros países por parte de Colombia (66 TLC), hasta el punto de llamarlos como una amenaza desestabilizadora a la integración latinoamericana y del Caribe; Brasil y otros países del club socialista del siglo XXI también los han firmado sin que ello implique tal amenaza.

Es más por instancia de Brasil se creó MERCOSUR como un intento de crear un bloque unido latinoamericano para afrontar la globalización, para los mismos efectos Venezuela creo la ALBA, dos grupos que apenas reúnen a unos pocos países del subcontinente con exclusión tácita de otros, aunque Colombia funge como observadora en MERCOSUR y Paraguay fue suspendida después de la defenestración legítima de Lugo como presidente de ese país.

La razón es realmente sencilla, el Mercado Común del Sur (Mercosur), que nació en marzo de 1991 y tiene como miembros a Argentina, Brasil, Uruguay, Venezuela y Paraguay (actualmente suspendido), al que Bolivia se adhirió a finales del 2012 y está pendiente su ratificación y que además tiene asociados a Chile, Colombia, Perú y Ecuador, está tocando afanosamente a las puertas del fracaso.

No vamos a hablar de la ALBA, el club de menesterosos creado por Chávez para comprar lealtades al proyecto neocomunista con la riqueza de los venezolanos proveniente del petróleo, aún a costa de una situación como la que la hermana nación de precariedad absoluta vive hoy y donde el desabastecimiento generalizado es la constante. Este club de la indigencia tiene sus días contados dada la terminación de la caja menor con que era sostenida por Caracas y que la llevó a la situación económica suficientemente conocida.

Que MERCOSUR va camino al fracaso si es noticia, sobretodo porque sus socios plenos como Argentina eran considerados hasta hace pocos años países con economía emergente y Brasil ya es parte del G-8, eso garantizaba teóricamente una paridad frente al mundo desarrollado en las relaciones económicas y comerciales. ¿Qué pasó entonces?

En los últimos años se han comenzado a notar con mayor intensidad las asimetrías económicas (tamaño, dimensión o grado de desarrollo de los mercados) entre los miembros, pero también algo más importante: las diferencias de tono político y las pretensiones por imponer una agenda a la medida propia por parte de los poderosos del grupo (RODRÍGUEZ, 2013), y entre esos poderosos no está precisamente Venezuela, pero si es la que manipula las decisiones argentinas a través del apoyo a Cristina Fernández.

Venezuela no contaba con el acelerado detrimento de su economía y llegó a MERCOSUR a querer disputarle a Brasil el liderazgo político mediante la compra de fidelidades de Argentina y Uruguay; por si fuera poco han sido más que evidentes las disputas por la imposición de barreras comerciales entre Brasil y Argentina, los enfrentamientos por inversiones y también de tipo político entre Uruguay y Argentina, el ingreso de Venezuela y más recientemente, la suspensión de Paraguay tras la destitución del presidente Fernando Lugo por el Congreso (RODRÍGUEZ, 2013).

Hoy, para que sobreviva MERCOSUR Brasil tendría que echarse a sus espaldas la carga de las débiles economías de sus socios y eso es algo que los brasileros no están dispuestos a sufrir; mientras tanto en el 2011 surgió el proceso integrador de la Alianza del Pacífico con México, Colombia, Perú y Chile, al que algunos califican de contendor ideológico del Mercosur y que, con una rapidez poco común en Latinoamérica, definirá el próximo 30 de junio el 90 por ciento del comercio que no tendrá aranceles y comenzará a estudiar la desgravación del 10 restante (RODRÍGUEZ, 2013), convirtiéndose así en la verdadera alternativa integradora continental.

Por supuesto, el club socialista no quiero que los pueblos latinoamericanos vean esta realidad y su afán es torpedear la Alianza del Pacífico tratando de imponer la ALBA o MERCOSUR como única propuesta a través de sus testaferros políticos como ocurre en Colombia con la izquierda legal las Farc y su Marcha Patriótica recurriendo al chantaje de los diálogos de La Habana y el fin del conflicto sólo y si el gobierno accede a entorpecer el buen rumbo de la Alianza. Ésta sería sólo una parte del paquete de amenazas y exigencias en temas no contemplados en la agenda que se discute en la capital cubana.

Por eso los colombianos, aún los más firmemente creyentes en el proceso de La Habana, no pueden caer en el juego tramposo que las Farc adelantan para favorecer los intereses del anacrónico castrochavismo y sus testaferros; los resultados de la ALBA y ahora MERCOSUR indican que son clubes creados exclusivamente para el fracaso.

 
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Publicado por en junio 14, 2013 en Opinión Pública

 

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