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EL CASO SNOWDEN Y LA HISTERIA MUNDIAL POR ESPIONAJE

16 Jul

EL CASO SNOWDEN Y LA HISTERIA MUNDIAL POR ESPIONAJELas revelaciones mediáticas a partir del hurto de documentos clasificados del ex analista de la CIA Edward Snowden, han generado toda una ola histérica por la supuesta invasión a la privacidad de los ciudadanos en las redes sociales y demás medios de comunicación cibernética, amén de las implicaciones  que las ‘revelaciones’ de los medios tienen en las relaciones internacionales, especialmente en América Latina donde el tema se convierte en caballito de batalla de los socialistas del siglo XXI que señalan una afrenta a la autodeterminación de los pueblos y las soberanías nacionales sin relacionar sus propias actividades de espionaje y censura a los ciudadanos en los países que tienen regímenes comunistas como Cuba, la misma Venezuela, Ecuador o Argentina.

Como lo señalan diversos analistas, entre ellos el escritor español y doctor en periodismo de la Universidad Complutense Fernando Rueda (TIEMPO, 2013), hay que comenzar por desmitificar a Snowden o a Julián Assange, el autor de los famosos ‘wilkileaks’; no son ni espías, ni activistas de derechos humanos, son delincuentes que hurtaron información confidencial para obtener provechos mediáticos y económicos. En el caso de Snowden, sería el espía que cualquier servicio de inteligencia nunca contrataría; es el espía pésimo que, por motivos éticos, renuncia a su compromiso legal y ético de no contar jamás nada de lo que conoce durante su trabajo, como lo hace quien roba y vende secretos comerciales o industriales al mejor postor.

A los medios de comunicación que han comprado la historia de Snowden sólo les ha interesado el boom de ganancias económicas que la explotación del hecho les ha generado; señalar redes de espionaje que controlan hasta el pensamiento de los ciudadanos en referencia al ‘Gran Hermano’ (novela escrita por George Orwell en 1984), sólo ha sido un mecanismo publicitario para explotar la morbosidad y los fanatismos de las masas que consumen ávidamente diarios, revistas y cuanta publicación escandalosa haga referencia al tema.

Hay que ver qué clase de personaje es el autor mediático del escándalo para que sean precisamente Venezuela, Nicaragua o Bolivia quienes se peleen por darle asilo; nada más indicador que sean precisamente los países como Rusia, China o Corea del Norte, que podrían tener interés estratégico en las informaciones que pudiera suministrar Snowden, quienes han declinado o condicionado el tenerlo en sus territorios, por algo no ha salido del aeropuerto de Moscú desde su llegada a ese país, los servicios de inteligencia rusos ya deben haber evaluado la nula importancia de esas informaciones.

El escándalo mediático tiene que ver fundamentalmente con las llamadas operaciones de espionaje en la internet a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense y que en virtud de la legislación norteamericana le permitiría la NSA puede espiar a una “persona no estadounidense” bajo la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA) y las salvaguardas para evitar almacenar datos de estadounidenses, que podrían no ser compatibles con la Constitución de ese país.

Según esa ley,  la NSA puede obtener comunicaciones de ciudadanos o residentes permanentes estadounidenses que se comuniquen con un extranjero, pero se debe omitir el nombre del estadounidense afectado por el espionaje o eliminar información; la NSA debe asegurarse de que la “localización física” del objetivo del espionaje está fuera de Estados Unidos como primer paso.

Esto indica que hay límites en el desarrollo de esas operaciones y se cae de su propio peso imaginar siquiera que la NSA o cualquier agencia de inteligencia en el mundo tiene la capacidad, física y legal, para rastrear o intervenir a cerca de 2 mil millones de usuarios que tiene hoy la internet, de los cuales el 9,8% están en Latinoamérica (INTERNET WORLD STARS, 2004)

La inteligencia norteamericana, como la de cualquier país del mundo, no anda a la caza de brujas porque estaría dilapidando sus recursos de manera absurda, sus objetivos son apenas aquellas fuentes de riesgo o amenaza para la seguridad nacional del país al que pertenecen y bajo ciertas circunstancias que están respaldadas en las mismas normas que rigen la actividad en las redes de internet.

Habría que preguntarle a cualquiera de los ‘indignados’ de la red, ante las denuncias de Snowden, si se tomó el tiempo para leer todas las cláusulas que rigen el contrato de suscripción a cualquier servicio de redes sociales; allí hay establecidas ciertas pautas de comportamiento y sobre los contenidos de las comunicaciones, prohibiéndose expresamente aquellas que injurien, calumnien o representen una amenaza para la convivencia y se advierte de su puesta en conocimiento de las autoridades pertinentes cuando ello se presente. Al cliquear ‘Acepto’, está autorizando expresamente el monitoreo de esas comunicaciones para evitar infracciones a las normas penales de los países que comparten esas redes.

No deben preocuparse los ‘librepensadores’ que a diario expresan sus ataques ideológicos contra la democracia, pues eso no es delito mientras esas expresiones ideológicas no inciten o hagan apología de crímenes como el narcoterrorismo y sus prácticas contra los ciudadanos y los Estados, entonces ya hay una transgresión que debe ser reportada  y conocida por las autoridades pertinentes.

Aún más, quien publica en las redes tiene la total libertad para decidir si su expresión puede ser de dominio público o si tiene un interés privado; cuando es de dominio público cualquiera puede acceder a ellas sin que sea una vulneración a los derechos de privacidad que acompañan cualquier clase de comunicación escrita o verbal, a las que sólo puede accederse mediante claros procedimientos establecidos en las normas de los países.

Paradójicamente ese fundamentalismo de algunas personas motivada por la explotación mediática, acude precisamente a favor de quienes utilizan estas redes electrónicas para delinquir, son los principales beneficiarios del excesivo garantismo legal y encuentran las puertas abiertas para las prácticas criminales que van desde el matoneo escolar, la extorsión, la explotación de pornografía infantil hasta el crimen transnacional relacionado con el narcotráfico y el terrorismo.

 
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Publicado por en julio 16, 2013 en Opinión Pública

 

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