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HORA DE REFLEXIONES

21 Jul

HORA DE REFLEXIONESA propósito de la celebración de estos 203 años de independencia, es necesario hacer un alto y una reflexión sobre los peligros que se ciernen sobre la democracia y la supervivencia misma de la república, amenazada no sólo por los violentos narcoterroristas que auspiciados por quienes pretenden, siendo minoría, imponer un modelo de Estado ajeno a nuestro sentir, sino ahora por una peligrosa división política que ya supera los escenarios del debate democrático.

Ojalá no estemos repitiendo precisamente la aciaga historia de la patria boba que se vivió después del grito de independencia y permitió la reconquista española (1810-1816), cuando se quiso construir la república sobre la base de “una inexistente armonía social, que no pudo alcanzarse entonces porque los notables criollos fueron hallados faltos de la grandeza humana y de la generosidad de miras que hubieran sido indispensables para plasmar una temprana unidad nacional. El visible contraste entre la destreza de que dieron muestras cuando se trató de utilizar el gobierno para sus propios y egoístas fines y la lamentable ceguera e insensibilidad que les distinguió en todos los momentos en que se requería una auténtica comprensión de las necesidades y esperanzas de nuestro pueblo, fue el origen de su rápido desprestigio y la causa de esa atmósfera de mediocridad que le imprimieron indeleblemente a su época” (LIEVANO AGUIRRE, 2005).

Que los partidos políticos de corte socialista o comunista quieran destruir el modelo democrático imperante durante nuestra vida republicana, no es una novedad, hace parte de su naturaleza ideológica que persigue un estado totalitario donde sólo prevalezca la voluntad del partido de gobierno; pero que nuestra clase política vinculada a los partidos y movimientos que le han dado forma a la nación democrática y libre, se sumen ahora a esa tarea de disociación y desintegración de las mismas instituciones para imponer algunos mezquinos criterios o alimentar intereses puramente electorales y demagógicos, es incomprensible y sólo da muestras de la perdida de esos valores y principios que alguna vez la acompañaran.

Hoy, como hace 203 años la armonía social sigue en construcción, hay falencias y desigualdades, es cierto, pero las disputas de los partidos políticos que han hecho parte de la república desde su creación, en sus diferentes expresiones y representaciones, no pueden servir de vehículo para que la violencia irracional de las narcoguerrillas y toda suerte de organizaciones pertenecientes al crimen transnacional echen por tierra lo alcanzado y amenacen con devolvernos en la historia a recientes capítulos que llevaron incluso a que el país fuera considerado una nación inviable como lo fuera aquella patria boba del siglo XIX.

Por más justas que sean las protestas sociales frente a un estado de cosas inequitativo y que merece atención del Estado y la sociedad, no puede admitirse el empleo de la fuerza irracional, la destrucción de vidas y de bienes como excusa para demostrar inconformidad y mucho menos puede incitarse desde la institucionalidad o la legalidad el empleo de la violencia como método de protesta y que mantiene ese status quo que ha impedido la consolidación de la nacionalidad como un generoso proceso de integración de todos sus componentes, sino que ha padecido una serie de rupturas profundas de su solidaridad que sirve como excusa a quienes sostienen la tesis de la combinación de las formas de lucha para someter a la sociedad, al pueblo colombiano a una tiranía inimaginable.

Hay que entender muy bien los intereses que se mueven detrás de las protestas que hoy agitan a Colombia; no es simplemente el reclamo de campesinos y mineros por mejores condiciones de vida, la violencia ha sido desatada por quienes reclaman la legitimación del narcotráfico, de la minería ilegal, como fuentes de financiación de una narcoguerrilla que prepotente cree haber vuelto a recuperar una iniciativa en su llamada “guerra popular” y abusando de la benevolencia y magnanimidad del gobierno nacional, quiere imponer por la fuerza su plataforma para una Nueva Colombia Bolivariana como lo han pretendido infructuosamente en 50 años de depredación irracional contra el pueblo colombiano.

 
2 comentarios

Publicado por en julio 21, 2013 en Opinión Pública

 

2 Respuestas a “HORA DE REFLEXIONES

  1. Rosita Welcker

    julio 21, 2013 at 8:06 am

    LA GRAN VERDAD Y SI SEGUIMOS ASI VAMOS DERECHO A LA REPUBLICA BOLIVARIANA DE COLOMBIA PORQUE EL INEPTO ESO ES LO QUE QUIERE PERO EL PAIS ESTA VIVIENDO UN CAOS TOTAL PAROS Y MAS PAROS NADIE ACTUA MAS ACUSA CUANDO EL NO SIRVE COMO PRESIDENTE OJALA LOS PAROS LO DEJEN SIN LA COLOCA YA

     
  2. Nestor Arboleda

    julio 22, 2013 at 7:14 pm

    Que hacen los militares? ya no son hombres de paz? porque no se les da la ida a palacio por un golpe de estado al tal Santos? que espera el pais? Las fuerzas militares estan para ayudar el pueblo, mientras se puede…despues que estemos igual que Venezuela con un ejercito de cobardes?

     

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