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NO DARLE PASÓ A LA SOBERBIA

27 Ago

NO DARLE PASÓ A LA SOBERBIAEl gobierno nacional tiene que reconocer la profundidad de la crisis socioeconómica que viven los sectores que adelantan el llamado Paro Nacional Agrario y proponer soluciones reales a las demandas de quienes sufren los efectos de una falta de políticas serias y continuas para devolverle al sector agropecuario colombiano el papel protagónico que en el desarrollo nacional debe tener.

La denuncia de la no rentabilidad del agro no es nueva; las condiciones de inseguridad, la falta de infraestructura, de planeación, de políticas serias para la industrialización del agro, condiciones agravadas con la llamada apertura económica de los años 90, han hecho de este sector poco atractivo para la inversión y ha detenido casi por completo su inclusión como motor de desarrollo.

Las condiciones de seguridad, recuperadas sin duda con la estrategia político-militar de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, dieron un impulso notable al sector agropecuario, pero como se había señalado desde hace casi una década, no era suficiente el esfuerzo militar si no iba acompañado de una acción decidida de las demás ramas del poder público y las instituciones, así como del sector privado, para recuperar la producción agropecuaria y hacerla competitiva como lo requieren los tiempos de la globalización.

La falta de políticas de estímulo al sector es un perverso acumulado en la nación; hay que recordar la displicencia del entonces ministro de hacienda Rudolf Hommes  ante los reclamos de los gremios agrarios por la importación de productos básicos que se producen en el país que sin duda llevaban a la quiebra a numerosos campesinos, aprendan a cultivar frutas exóticas fue la respuesta del gobierno de entonces. Ha faltado voluntad para hacer una intervención real, por ejemplo, en el control de precios de los agroinsumos que sin razón alguna en el país cuestan dos y más veces que en países vecinos, situación que no ha variado en el gobierno actual más preocupado por los aspectos políticos de la llamada ley de restitución de tierras que hace parte de su afán por la solución política al conflicto armado, como lo señalan incluso sus defensores (PERRY, 2013).

Como lo han señalado reiteradamente expertos en el tema, no propiamente enemigos del sistema capitalista o de los tratados de libre comercio, desde principios del presente siglo la situación de los mercados internacionales agropecuarios ha sido muy favorable para el crecimiento de la agricultura mundial. Los precios de los distintos bienes agropecuarios han presentado tendencia creciente y han alcanzado niveles relativamente altos con respecto al comportamiento de las últimas décadas. Además, para el período 2001-2009, el comercio mundial agrícola creció por encima del comercio total.

Estos dos fenómenos, aunados a unos mercados agrícolas menos distorsionados y más abiertos, han estimulado el crecimiento de las exportaciones agropecuarias de muchos países latinoamericanos entre los que se destacan Brasil, Perú y Chile. Esto le ha permitido a la región aumentar su participación en los mercados internacionales agropecuarios. Adicionalmente, y gracias a estos resultados, el sector agrícola de estos países ha crecido a tasas sostenidas mayores al 3,5 por ciento anual.

Colombia, por el contrario, y no obstante disponer de tierra para la explotación agrícola -se calcula que hay alrededor de 17 millones de hectáreas con vocación agrícola que no se utilizan para tal fin- no ha aprovechado mayormente las oportunidades que ofrecen los mercados internacionales. Las exportaciones sectoriales del país pierden participación en las mundiales y, además, la ventaja comparativa en agricultura disminuye respecto a la de sus pares latinoamericanos.

En Colombia no sólo no se han adoptado modelos de desarrollo sostenible, sino que por intereses politiqueros se ha insistido en mantener un modelo obsoleto sostenido por políticas asistencialistas de subsidios que no estimulan la innovación y el desarrollo del sector. No se ha querido entender que la potencia del crecimiento agrícola debe venir del mercado externo, como lo muestran los evidentes y palpables ejemplos de países como Brasil, Chile y Perú. Colombia tiene el potencial para alcanzar, por lo menos, estos logros.

Mientras nos mantengamos aferrados al paradigma del desarrollo agrícola de décadas pasadas, nuestra trayectoria continuará siendo la misma de los últimos años. Ello resulta frustrante para un país rico en recursos naturales y que exhibe serios problemas de empleo, pobreza y baja dinámica productiva en los sectores rurales, que demandan de una pronta y efectiva solución.

Hay cosas básicas que se han pospuesto demasiado, como por ejemplo la elaboración  del censo que permita establecer un verdadero catastro rural que le permita a los gobiernos contar con una herramienta realista para definir políticas a mediano y largo plazo que le permitan al agro colombiano insertarse con fortaleza en el complejo mercado mundial; contrario a lo que se dice en el discurso, la locomotora de la agricultura no sólo no ha arrancado sino que permanece más inactiva que nunca, el bajonazo de cerca del 14% en estos últimos tres años ha implicado una merma en la producción del 46% que desdice la vocación agraria del país.

Hay un reto que Colombia debe asumir sin tardanzas,  los empresarios del agro puedan ser competitivos en un mundo global que está en crisis de liquidez es comenzar a actuar de inmediato, para que sus productos obtengan valor agregado y dejar de pensar solo en la producción primaria como la única posibilidad. Se requiere que el Empresario del Agro actué, con decisión, creatividad, e innovación para ser diferente de la competencia y soportar de este modo las adversidades que plantea la actual crisis financiera y las oportunidades comerciales que se tendrán en la crisis alimentaria global (ARIAS VARGAS, 2009).

Mientras en el país los gobiernos, los partidos políticos y los sectores sociales y económicas sigan viendo el agro en pequeño, en un campo de confrontación electorera más que en centro de gravedad del desarrollo económico y social, el campo estará condenado al subdesarrollo vergonzoso por culpa de la soberbia de quienes tienen en sus manos dar soluciones reales e inmediatas.

 
1 comentario

Publicado por en agosto 27, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “NO DARLE PASÓ A LA SOBERBIA

  1. Jaime Rizo Cifuentes

    agosto 27, 2013 at 4:46 pm

    La prudencia hace verdaderos sabios, lo importante es la sabiduría de los campesinos para que no permitan la infiltración de personas ajenas a su voluntad, los actos de violencia generan más violencia y EN EL PÁIS A PORTAS DE LA PAZ NO LO PODEMOS TOLERAR.

     

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