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EL DIFÍCIL AJEDREZ SIRIO

01 Sep

EL DIFÍCIL AJEDREZ SIRIOLa República Árabe Siria es hoy el protagonista del confuso y caótico escenario del medio oriente, sacudido por revueltas políticas, religiosas y militares que para occidente no son muy comprensibles;  el anuncio de un eventual ataque militar de una coalición internacional liderada por EE.UU ha despertado toda suerte de pasiones en el mundo entero, que ve en el hecho otro capítulo de los conflictos pendientes en Irak y Afganistán.

Bashar al-Asad o Bashar al-Assad es el actual presidente de Siria, heredó el poder como hijo del ex presidente Hafez al-Asad. Un suceso fortuito, la pérdida en accidente de su hermano mayor, convirtió en 1994 al joven oftalmólogo asentado en Londres que entonces era Bashar al-Assad en el delfín de su padre, Hafez al-Assad, tras cuya muerte en 2000 fue elegido, con 34 años, presidente de Siria. Protagonista de la primera sucesión dinástica en una república árabe, Bashar llegó al poder con una aureola de reformista benigno amigo de las nuevas tecnologías y capaz de poner un rostro humano al régimen intensamente dictatorial heredado del padre, bajo cuyo puño de hierro arraigaron en Siria la hegemonía del partido Baaz (socialista, nacionalista árabe y secular) y el Estado policíaco.

Sin embargo, las esperanzas de apertura democrática, alentadas por unas amnistías parciales de presos políticos y un ensayo de libertad de expresión que fue conocido como la Primavera de Damasco, no tardaron en desvanecerse, mientras que la liberalización de la débil economía, de lo más cautelosa, tampoco trajo bienestar material a la población de 20.82 millones de habitantes según datos del Banco Mundial en 2011.

En política exterior Assad navegó por las aguas tormentosas surgidas de la colisión entre los intereses estratégicos tradicionales de Siria en la región y el escenario abierto por el 11-S. Su vehemente rechazo a la guerra de Irak y su disentimiento sobre el concepto de terrorismo le pusieron en el punto de mira de Estados Unidos, que en 2004 sancionó a Siria por, entre otras acusaciones, no impedir el paso de combatientes al país ocupado y dar soporte a los grupos radicales palestinos y al Hezbollah libanés. La última imputación fundamentó las amenazas particulares de Israel, al que el dirigente sirio fue incapaz de arrancar negociaciones de paz ligadas a la devolución de los Altos del Golán.

Al comenzar 2011, Assad seguía enfrascado en el proceso de rehabilitación diplomática cuando las revueltas de la dignidad empezaron a sucederse en el mundo árabe. El dirigente, que venía reconociendo el escaso fuelle de las reformas internas pero justificaba las inercias en aras de la “seguridad”, aludió al inicio de una “nueva era” en la región, aunque se jactó de que su país sería inmune a los disturbios. Sus gobernados, sedientos de derechos y libertad, venciendo un miedo de décadas, se encargaron de refutarle de manera espectacular y dramática.

A mediados de marzo, la ciudad de Deraa fue la cuna de un estallido de ira popular sin precedentes contra esta engañosa “dictadura sin dictador” a la que Assad, despojándose definitivamente de su máscara de civilidad, no dudó en responder con una represión brutal y despiadada, digna de su implacable padre. En este sentido, ni el cambio de Gobierno, ni el levantamiento del estado de emergencia, vigente desde 1963, ni las apresuradas y vacías promesas de mejoras surtieron el menor efecto para calmar los ánimos, por el contrario los exacerbaron aún más.

Siria es el país árabe con menos espacios de libertad, quizá en competencia con Arabia Saudí, y, pese a un sistema político laico, el de mayores tensiones religiosas y desde el 2011 ha sido calificado el “barril de pólvora” del medio oriente. El país acumula problemas de todo tipo, especialmente económicos y demográficos (el petróleo se acaba, más del 40% de la población tiene menos de 15 años y pocas perspectivas de empleo), pero el más grave y antiguo se encuentra en la fractura religiosa.

Tras la I Guerra Mundial, cuando desapareció el Imperio Otomano y el territorio sirio de la época (que incluía Líbano) quedó bajo control francés, la Administración colonial se apoyó en la minoría alauí, una secta chií que constituía apenas el 10% de la población y que no se mostraba tan reacia a la ocupación extranjera como la amplia mayoría suní (casi el 80%). La transformación de los alauíes en élite administrativa marcó el futuro de Siria.

El conflicto entre el Gobierno sirio y los opositores al presidente Bashar al Assad se desató en marzo de 2011 y ha dejado una estela de cerca de 100.000 muertos y más de dos millones de exiliados. Las revueltas sirias comenzaron como protestas pacíficas pero no tardaron en teñirse de sangre. Las autoridades acusan a las fuerzas externas de apoyar con armamento y financiación a grupos terroristas, mientras la oposición denuncia que el Ejército de Al Assad mata a civiles.  A raíz de un ataque con gas tóxico ocurrido el 21 de agosto de 2013, que los países de Occidente han atribuido a las fuerzas gubernamentales, se desató una serie de rumores sobre un posible ataque liderado por EE.UU. contra territorio sirio.

El miedo a una operación militar contra Siria radica en el arsenal de armas químicas desarrollado por este país. El régimen ha ido construyendo sus armas químicas durante varias décadas y tiene reservas de sarín y gas mostaza para desencadenar cientos de masacres como la que asoló Guta; Israel estima que el arsenal rozaría las 1.000 toneladas y está gestionado por una institución gestionada por la inteligencia militar, Siria empezó a desarrollar armas químicas a finales de los años 70 por temor al programa nuclear de Israel, primero con la ayuda de varias empresas europeas y luego con gracias al respaldo de Rusia y del régimen iraní.

La oposición siria tampoco despierta confianza a occidente. Al principio, el Ejército Sirio Libre (ESL) designaba a una amalgama de batallones compuestos principalmente de desertores del ejército, ahora se trata más bien de una etiqueta a la que adscribirse. «Hoy, la marca ESL continúa en uso dentro de la oposición siria, pero sobre todo como un término para el levantamiento armado en general. Es bastante similar a cómo un francés habría usado el término “La Resistencia” durante la Segunda Guerra Mundial, no como referencia a una organización específica en lucha contra Hitler, sino como un término paraguas para todos ellos», asegura el profesor Joshua Landis, de la Universidad de Oklahoma, uno de los mayores expertos del mundo en Siria. «Con el tiempo, mucha gente dentro y fuera de Siria ha comenzado a usar el término ESL para distinguir a los grupos mayoritarios o ligeramente islamistas de las facciones salafistas», explica.

Los musulmanes salafistas predican el combate armado con el fin de liberar los países musulmanes de toda ocupación extranjera. Se oponen igualmente a la mayor parte de regímenes de los países musulmanes, que ellos juzgan como impíos, en los que pretenden instaurar un estado verdaderamente islámico, es decir, actúan como defensores de tierras musulmanes, actuando como un ejército de defensa comunitario. El salafismo yihadista nace en los años 80, durante la guerra de Afganistán contra la ocupación soviética. Durante este periodo, los salafistas llegados de Arabia Saudita se encontraron con los Hermanos musulmanes, unión que precisamente es hoy la responsable de la crisis en Egipto.

La situación geopolítica de Siria es más complicada que la de Irak; aquí se suman el factor de Irán y el Hezbollah que defienden el régimen, que cuenta además con el respaldo de Rusia y China en la ONU; por el otro lado hay grupos rebeldes con el Frente Al Nusra,  la Brigada del Islam y los Halcones del Levante, estrechamente ligados a Al Qaeda de donde resultaría paradójico que los EE.UU terminaran siendo apoyo para su principal enemigo en Irak y Afganistán, responsable de la masacre terrorista del 11-S.

De hecho, ya el conflicto sirio ha tomado dimensiones internacionales en tanto ha involucrado acciones militares contra el Líbano y Turquía, en este último caso involucra a la población siria de origen kurdo turco. Menos activos en la lucha armada y divididos en dos grandes facciones, cada vez cooperan, no obstante, con más frecuencia. El Consejo Nacional Kurdo trata de representar los intereses de todas las facciones kurdas de Siria, pese a discrepancias con el PYD, la rama siria de la guerrilla turca del PKK. Aun así, en estos momentos las milicias del PYD se encuentran entre las fuerzas más eficaces del norte del país, dedicadas ante todo a proteger a la población civil kurda. Han mantenido enfrentamientos con tropas gubernamentales, pero principalmente luchan contra los yihadistas que tratan de islamizar forzosamente las zonas kurdas.

No es fácil entender entonces este difícil ajedrez que puede desencadenar lo que algunos entienden como el inicio de la III Guerra Mundial si los EE.UU deciden atacar antes de un pronunciamiento del Consejo de Seguridad de la ONU.

 
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Publicado por en septiembre 1, 2013 en Opinión Pública

 

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