RSS

EL DISCURSO INACABABLE Y VACUO

02 Sep

El discurso inacabable y vacuoAunque el actual proceso de diálogos en La Habana no esté rodeado de la espectacularidad de su antecesor en el Caguán, no deja de existir una especie de Déjà vu frente a los parcos anuncios de los delegados gubernamentales o los prepotentes y ostentosos discursos de los delegados farianos.

Y es que se repiten lugares comunes a todos los procesos de negociación que el Estado colombiano generosamente ha abierto a esa narcoguerrilla buscando el fin del conflicto y la consolidación de la paz como requisitos para que el país pueda por fin avanzar por las rutas del progreso y el desarrollo equitativo en bien de todo el pueblo colombiano.

Desde los diálogos que dieron lugar a la desmovilización del M-19, EPL, ADO, parte del ELN y otras organizaciones armadas ilegales, las Farc y sus apologistas han venido diciéndole al país “Las Farc no van a renunciar al uso de las armas, no se van a desmovilizar como grupo armado (…) los colombianos tenemos que ir pensando en una eventual continuación de este grupo en armas como grupo en armas integrado institucionalmente de alguna forma” (CEPEDA ULLOA, 2001)

Nada distinto están diciendo las Farc ahora cuando señalan que no van a entregar las armas y que las conservarán por si el gobierno no cumple los acuerdos, reclamando esta posición como un novísimo “derecho a la rebelión armada” con el respaldo internacional del llamado Movimiento Continental Bolivariano y el socialismo del siglo XXI, tema incluido en lo que llaman pendiente de la agenda política sobre reforma a la institucionalidad castrense que debe ser llevado a una asamblea constituyente.

En los años 90 algunos analistas ya apuntaban al fenómeno de la imbricación de la guerrilla política y la banda narcotraficante que caracteriza hoy a las Farc, entonces se decía que “derrotar el narcotráfico resulta condición necesaria pero no suficiente para lograr la paz” (Et al., 2013), hoy el tema vuelve a la mesa y las Farc vuelven a insistir en que el narcotráfico hace parte de la subsistencia campesina y que por tanto no puede erradicarse sin que el Estado garantice indemnizar y subsidiar a quienes se dedican a él. Ese es por ejemplo la excusa para justificar los desmanes en el Catatumbo por cerca de dos meses y ahora en Putumayo, Caquetá y Nariño, como continuación del paro agrario, la erradicación de cultivos ilícitos.

Como en los demás procesos el ELN termina siendo introducido como una cuña a cualquier evento que vincule a las Farc, negociaciones por separado pero en las mismas condiciones y circunstancias que hoy se plantean. Generalmente han fracasado de la misma manera, rompiéndose por parte del ELN y luego por las Farc aduciendo falta de garantías políticas, existencia de paramilitarismo (desmovilizado en el período 2003-2006, algunos de sus exintegrantes pasaron a ser parte de bandas criminales narcotraficantes ahora asociadas a las Farc; pero el tema sigue siendo el caballito de batalla de la izquierda para justificar la existencia de la narcoguerrilla), luego de haber aprovechado los espacios abiertos para reorganizarse y reposicionarse políticamente en los escenarios nacionales e internacionales.

Lo que hubiera sido la ventaja del Estado frente a la narcoguerrilla dado el éxito político y militar obtenido contra estas con ocasión del Plan Colombia iniciado en 1999 y la Política de Defensa y Seguridad Democrática (2003-2010), -que logró no sólo la reducción de más del 50% de las estructuras criminales, sino su retroceso a la estrategia inicial con que nacieron en 1964 como guerrilla móvil-, no se aprovechó en su totalidad exigiéndole a la banda criminal el cumplimiento de requisitos sine qua non como la liberación real de todos los secuestrados y la renuncia de la práctica de ese horrendo delito a través de terceros como hoy la practican, al reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes; a la comisión de actos terroristas; al ejercicio delictual del narcotráfico y la extorsión. En el discurso las Farc supuestamente renunciaron a ello, pero la realidad fáctica demuestra que sus estructuras en el país siguen practicando activamente todas esas conductas punibles.

Es repetitiva también la participación y orientación de los procesos por parte de las mismas organizaciones y personas; ayer como hoy han sido protagonistas entre otros el mismo presidente Juan Manuel Santos (quien propuso la primera zona de despeje en el período presidencial de Ernesto Samper), su hermano Enrique Santos Calderón, el ex terrorista León Valencia (ahora con su Fundación Nuevo Arco Iris), Alejo Vargas, Ana Teresa Bernal y la Redepaz, Ong’s como el MOVICE tratando de apropiarse de la voz y la representación de las víctimas o los mismos contadores de experiencias internacionales procedentes de Nicaragua, El Salvador y ahora de Irlanda.

Se pregunta uno si en los procesos anteriores esas organizaciones y personajes no obtuvieron ningún éxito ¿Se justifica hoy repetir las mismas experiencias y los mismos discursos? Lo único diferente en este proceso es la ausencia de Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda o Tirofijo, con su monotemático discurso reclamando cinco gallinas y tres marranos que decía le mataron en la Operación Marquetalia en 1964.

 
Deja un comentario

Publicado por en septiembre 2, 2013 en Opinión Pública

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: