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EL ANALFABETISMO HISTÓRICO EN COLOMBIA

03 Sep

EL ANALFABETISMO HISTÓRICO EN COLOMBIACuando en 1981 se decidió que la historia patria no debía hacer parte de la formación de los colombianos porque no representaba un valor productivo en la vida posterior de los educandos, se renunció a favor de otros interesados ideológicamente la construcción de lo que hoy se conoce como memoria histórica, la izquierda se apropió de ese espacio al que absurdamente renunciaban los estamentos democráticos.

El gobierno de Belisario Betancur Cuartas (1980-1984) se convirtió en la gran puerta por la que no sólo se legitimó a las Farc y otras organizaciones armadas ilegales, sino por la que las corrientes ideológicas afines a esas organizaciones narcoterroristas ingresaron para apropiarse de espacios estratégicos del Estado como los servicios públicos esenciales: justicia, educación, salud, etc.

El diseño y elaboración de los textos pedagógicos se le entregó a sindicatos u organizaciones de maestros con una profunda penetración ideológica marxista-leninista y así los héroes de la independencia de repente pasaron a ser los antecesores de los terroristas, las luchas de la independencia no eran otra cosa que una manifestación de la lucha de clases definida por Marx y Lenin, el odio de clases reemplazó a las normas de conducta social y moral desde las aulas de clase.

Enseñar a nuestros niños, niñas y adolescentes como se construyó históricamente nuestra nación se convirtió en algo inane, los “sabios” del Ministerio de Educación de entonces lo consideraron como una simple enseñanza de patriotismo que no aportaba a los procesos educativos y decidieron refundir la historia con la sociología, la antropología, la geografía y los principios de la ideología socialista en una amalgama que denominaron pomposamente Ciencias Sociales; como afirma el historiador Jorge Orlando Melo, las consecuencias de esa absurda decisión se aprecian ahora cuando las gentes no son capaces de tomar decisiones informadas sobre los asuntos políticos, pues ignoran las experiencias que el país ha vivido (TIEMPO, 2013).

Lo más grave es que los Licenciados en Ciencias Sociales encargados hoy de la formación de nuestra niñez y juventud no tienen la mínima idea de la historia colombiana o latinoamericana, mucho menos de la historia mundial, se limitan a repetir textos distorsionados que parecen hechos por la Editorial Progreso de Moscú en la época de la URSS. Por eso no pueden esperarse comportamientos iconoclásticos y vandálicos diferentes en las jornadas de protesta de maestros o estudiantes cuando dirigen su rabia y sus frustraciones contra los monumentos y edificios públicos que hacen parte de nuestro acervo cultural histórico.

Qué puede esperarse de unos maestros y unos alumnos para quienes Bolívar es el antecesor de Chávez en el poder en Venezuela, cuando no confunden al igual que los fanáticos chavistas a las dos figuras al señalar que el tirano fallecido fue la reencarnación del Libertador como se empeña en decir la propaganda del socialismo del siglo XXI; esa ignorancia histórica permite ver como una travesura graciosa el que la estatua del Bolívar de Tenerani en la Plaza de Bolívar de Bogotá puede ser impunemente objeto de toda suerte de irreverencias, insultos y atentados como pintarle grafitis, colocarle prendas burlescas o las banderas representativas de lo que él más odió: Las tiranías, en este caso las comunistas o como quieran llamarse hoy.

Esta aberrante situación de analfabetismo histórico permite paradojas absurdas como la que en el principal centro judicial de Bogotá, el Complejo de Paloquemao, se rinda honor con un busto al mismo personaje comunista cuyo nombre lleva una estructura criminal de las Farc, Jaime Pardo Leal. La aceptación pasiva de estas situaciones genera confusión y desconocimiento de la realidad en las personas que terminan aceptando que es lo mismo la institucional legítima y constitucional a la parainstitucionalidad de las organizaciones armadas ilegales, sus apologistas y aparatos políticos, sociales o culturales.

La gran mayoría de colombianos está convencido, por la distorsión de la historia, que la actual violencia no es otra cosa que la continuación de los enfrentamientos de los partidos liberales y conservadores de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, y no el resultado de la decisión política del Partido Comunista Colombiano a finales de los años 40 y los años 50 de introducir la perversa tesis de la combinación de todas las formas de lucha para la toma del poder ideada por José Stalin e impuesta a sus agentes en todo el mundo en desarrollo de lo que se conocería como la guerra fría.

Nada tiene que ver Jorge Eliécer Gaitán o los héroes de nuestra independencia con la formación criminal de bandas organizadas que atacan al pueblo colombiano amparándose en tesis políticas o ideológicas extremistas como lo presenta la izquierda y como absurdamente el Estado permite se enseñen en las aulas de clase.

Ese desconocimiento histórico permite que los enemigos de la democracia se apropien del discurso social y usurpen la representación del pueblo colombiano como acaba de verse en el reciente paro campesino y de los mineros; una minúscula red de agitadores profesionales formados en la ortodoxia comunista y afines a los intereses de las narcoguerrillas imponen su proterva voluntad a miles de compatriotas sin que exista objeción alguna, sobre todo porque amparándose en la figura sacra de Bolívar movimientos comunistas como la Marcha Patriótica engañan a las gentes hablando de una segunda independencia, cuando precisamente Simón Bolívar fue el genio más odiado por Marx quien afirmó que el Libertador era un mito de la fantasía popular: “La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar” (AYALA CORADO, 2001).

Duele que la institucionalidad permita esta distorsión de nuestra historia y sobre todo que sea institucionalidad la que se apoye en los distorsionadores para crear una falsa memoria histórica de nuestra nación.

 
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Publicado por en septiembre 3, 2013 en Opinión Pública

 

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