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EL PARO AGRARIO DESDE LAS VEREDAS

05 Sep

El paro agrario desde las veredasSi bien es cierto, cualquier campesino colombiano puede decir que está de acuerdo con las reclamaciones que acompañan el paro agrario, no todos le dirían a usted que están de acuerdo con los medios empleados por quienes no siendo parte de ese campesinado convirtieron el paro en una circunstancia de violencia generalizada e indiscriminada que en primer lugar afectó precisamente a quienes viven en el campo y del campo.

Y es que los promotores de esa violencia ejercida durante el paro agrario, que no solo cobró la vida de cinco colombianos y provocó heridas a cientos de personas, entre ellas 80 uniformados de los cuales 5 padecerán secuelas imborrables y 3 permanecen en cuidados intensivos, no dan razón alguna sobre la suerte de los habitantes de las veredas que fueron incomunicados, aislados y desprovistos de todo recurso de sustento mínimo por los autores de los bloqueos, la quema de vehículos y la agresión a quienes no participaban en los desmanes.

Y es que esos bloqueos criminales no sólo se le atravesaron al país, tienen tal connotación política dirigida que se le atraviesan también a la discusión de la ley de víctimas; los días del bloqueo eran definitivos para esa norma, ya que entre el 4 y el 6 de septiembre tenían previsto reunirse unos 200 líderes de todo el país para elegir a la nueva Mesa Nacional de Víctimas, que representa a las víctimas de todo el país. El problema es que la reunión era en Paipa y, con toda Boyacá en función del paro agrario, les tocó aplazar la elección.

Desde hace dos meses, las víctimas de todo el país han venido organizando sus mesas de trabajo a locales y departamentales, que son los espacios en donde pueden monitorear la puesta en marcha de la Ley de Víctimas y trabajar con el Estado. Hasta el momento  852 municipios y los 32 departamentos tienen sus mesas de víctimas (CENTRO DE MEMORIA HISTÓRICA, 2013).

Ojalá los críticos patológicos de la acción del Estado por recuperar el orden público ante los bloqueos, que desde la dulce comodidad de sus hogares u oficinas cuestionan cada acción de recuperación de las condiciones de convivencia pacífica o la prevalencia del interés general de que tratan el preámbulo y el art. 1º de la Constitución, tuvieran la oportunidad de conocer lo que realmente se vive en cada vereda de nuestros campos y no como referente lo que han oído contar o algún capítulo televisado de una serie sobre el campo.

Los bloqueos no sólo privaron del sustento diario a nuestros campesinos que habitan las veredas, que compran el mercado mínimo que sus ingresos les permiten del camión que los lleva o de la tienda veredal que los suministra; también bloquearon al camión que compra la leche o las frutas y que paga quincenalmente a los pequeños productores campesinos, de tal manera que los dejaron sin ingresos para adquirir el reducido mercado que quedaba.

Fueron tan criminales los bloqueos que produjeron la muerte en la carretera Tunja-Bogotá de dos personas que requerían urgente atención médica, los extremistas que dirigían el paro en Ventaquemada impidieron el paso de las ambulancias y en todos los lugares prohibieron el paso de insumos hospitalarios necesarios para sostener la vida de los pacientes de centros médicos, hospitales y sitios de cuidado de pacientes. Nada puede justificar que quienes dependen de algún medicamento o procedimiento médico para sobrevivir tengan que morir por la voluntad radical de personas que ni siquiera viven en la región donde provocaron los bloqueos, mucho menos si esas personas eran vecinos o paisanos de las víctimas.

Mucho más criminal se vuelve la protesta cuando sus incitadores recurren a maniobras dilatorias para evitar cualquier acuerdo como se ha visto en la acción de algunos presuntos líderes campesinos, que nadie conoce ni respalda, boicoteando primero los acuerdos de Tunja porque no estaban representados y ahora porque no quieren acuerdos nacionales sino regionales. La intención es clara y coadyuvarla no hace más que fortalecer gratuitamente la posición de la narcoguerrilla en La Habana, en tanto se valen de ella para mostrar una presunta insatisfacción social que legitima la acción terrorista para remediarla.

Este paro agrario se ha visto pletórico del nacimiento de muchas siglas de organizaciones políticas oportunistas que señalando un supuesto respaldo a las demandas de los campesinos colombianos pretenden imponerle su agenda apropiándose de su vocería y representación, la última de ellas es una supuesta CONAMURI de la Marcha Patriótica de las Farc que dice ser parte de una inexistente Mesa Nacional Agropecuaria y Popular de Interlocución y Acuerdo, cuya finalidad es difundir e imponer las tesis que las Farc exhiben en La Habana.

Nuestros campesinos, los que viven en cada vereda de Colombia, no pueden seguir siendo instrumentalizados por supuestas ideologías revolucionarias que simplemente sostienen tesis arcaicas e inaplicables en el mundo entero como lo demuestra el colapso del socialismo de la URSS y sus satélites, ahora presentadas como cosa nueva por el socialismo del siglo XXI y sus diversos ropajes bolivarianos o progresistas.

El gobierno nacional ha reconocido la inexistencia de una verdadera política agraria y ese reconocimiento no puede quedarse solamente en el discurso, debe aprovechar el lapso de tiempo que le queda para sembrar las semillas de una verdadera “revolución en el campo” y no solamente para acomodar las políticas agrarias a los intereses que se juegan por el poder en los diálogos de La Habana.

 
1 comentario

Publicado por en septiembre 5, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “EL PARO AGRARIO DESDE LAS VEREDAS

  1. julian barbosa

    septiembre 13, 2013 at 5:08 am

    los campesinos han hecho huelgas por la necesidad de mostrarse al mundo como personas de bien que quieren lo mejor para su país pero que el gobierno no ha querido dejar hacerlo ya que existe la corrupción, pero a pesar de eso las marchas y bloqueos son merecidos ya que tiene la justificación de los campesinos.-

     

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