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SOBRE LAS NEGOCIACIONES EN LA HABANA

08 Sep

SOBRE LAS NEGOCIACIONES EN LA HABANAA la afirmación de que llevamos más de 50 años en un conflicto interno absurdo, hay que anotarle que de la misma manera llevamos cerca de 30 años negociando con el mismo actor de la violencia, las Farc. El proceso que se desarrolla en La Habana no es pues el primer intento de la nación por finalizar ese conflicto y lograr que quienes voluntariamente asumieron la guerra como instrumento político retornen a la civilidad y se sometan al juego democrático que rige para el Estado social de derecho.

Para entender lo que ha significado esos 30 años de negociaciones frustradas no puede perderse de vista el origen y la naturaleza de las Farc; desde finales de los años 40 el Partido Comunista Colombiano, obedeciendo las órdenes impartidas por Moscú, instrumentalizó reductos de las guerrillas liberales para conformar las llamadas “autodefensas campesinas” (1949), con la excusa de resistir la “ofensiva gubernamental” del Estado contra las nacientes repúblicas independientes en regiones como Marquetalia, El Pato y El Guayabero, o Viotá en Cundinamarca.

El Partido Comunista Colombiano PCC, bajo la orientación de Gilberto Vieira White y Manuel Cepeda Vargas (Ver: Comité Central del Partido Comunista de Colombia, Treinta años de lucha del Partido Comunista de Colombia, Bogotá, Editorial Los Comuneros, Pág. 94, s.f.), instituyó como parte de su programa político la “autodefensa de masas contra la violencia reaccionaria”, la “combinación de todas las formas de lucha” y la “transformación de la autodefensa en lucha guerrillera cuando las circunstancias lo hacen necesario”, sobre las que se construyen las bases para crear las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Farc, que surgen como tales en 1964 bajo el control del PCC que designa, entre otros, a Luis Alberto Morantes Jaimes, quien había sido parte de las Juventudes Liberales de Santander y diputado a la Asamblea de ese departamento por el MRL, y quien sería conocido con el alias de Jacobo Arenas, el comisario político de las Farc.

Así debe entenderse que la naturaleza de las Farc no es la de una organización política, sino la de un instrumento político de terror por cerca de 20 años; la crisis del bloque socialista y la caída del muro de Berlín, que coinciden con el segundo gran proceso de negociación de paz en Colombia, marca también una ruptura entre el PCC y las Farc, estas consideran que el partido se volvió demasiado “blando” cuando muchos de sus dirigentes más connotados plantean la salida política del conflicto como verdadera alternativa; las Farc que venían de ser parte activa de la política colombiana sin abandonar las armas en la experiencia de la UP, rompen amarras con el PCC y se dan a la tarea de crear su propia plataforma política, manteniendo los vínculos con dirigentes comunistas que sostenían la necesidad de mantener la vigencia de la combinación de las formas de lucha como el mismo Manuel Cepeda, Teófilo Forero y otros, a partir de la ortodoxia marxista-leninista más radical con el convencimiento de una fortaleza militar que les permitiría pronto pasar a una segunda fase de la “guerra revolucionaria” y provocar el colapso del Estado y con ello las condiciones objetivas para la toma del poder.

Su primer aparato político será el llamado Partido Comunista Clandestino PCCC o PC3, conformado por miembros del partido comunista tradicional enquistados en el Estado y en la sociedad, que guardan un bajo perfil para aumentar su penetración que alcanza niveles insospechados al abusar de las garantías de la democracia que combaten. Para la llamada “organización de masas” las Farc diseñan a partir de los mismos fundamentos lo que hoy se conoce como Marcha Patriótica cuya plataforma política en nada difiere con la presentada por las Farc a finales de los años 80 con la intención de alcanzar mediante la combinación de las formas de lucha un Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz rubricado por todas las fuerzas dispuestas a protagonizar el cambio de las injustas y anacrónicas estructuras, sin exclusiones, es decir mediante la adopción del Manifiesto de las Farc como norma suprema del Estado colombiano.

Su creciente involucramiento en el negocio del narcotráfico aprovechando la lucha contra los cárteles adelantada por el Estado, les permitió contar con unos recursos económicos incalculables y ampliar sus contactos con el crimen transnacional para la obtención de armas, municiones y explosivos, especialmente de los sobrantes en los arsenales de las desparecidas repúblicas soviéticas y de algunas repúblicas centroamericanas donde imperaban regímenes afines ideológicamente.

El lanzamiento de su plataforma bolivariana para la nueva Colombia y la creación de la llamada Coordinadora Continental Bolivariana CCB, le permitieron insertarse plenamente en los planes del llamado Foro de Sao Paulo convocado por Cuba y el Partido de los Trabajadores del Brasil como una estrategia para mantener la vigencia del modelo soviético a través del llamado socialismo del siglo XXI. El arribo al poder de regímenes matriculados a ese modelo dotó a las Farc de valiosos aliados no sólo en lo político, sino fundamentalmente por la vecindad fronteriza, para establecer refugios seguros y rutas de narcotráfico y contrabando de armas vitales para sostener la guerra contra el pueblo colombiano.

En su atavismo político las Farc todavía consideran que las condiciones de la Colombia rural de la primera mitad del siglo XX no han cambiado y que ellas han llegado a una situación de “equilibrio estratégico” con el Estado que les permite ser un poder político y militar de similar dimensión, falsedad que desafortunadamente comparten y divulgan incluso algunos miembros del estamento político del país; las acciones terroristas que han cobrado la vida de soldados, policías y población civil las tienen como signo de fortaleza armada y la instrumentalización de eventos como el reciente paro agrario la ven como inequívoco poder de convocación política.

Es cierto que su poder económico derivado del narcotráfico les permitió infiltrar en diversas regiones el paro agrario, movilizar recursos y personas y alimentar la maquinaria vandálica que terminó por desdibujar las justas intenciones de los campesinos colombianos que reclamaron en esas jornadas; pero es precisamente ese aprovechamiento abusivo e inconsulto que hicieron del paro el que les ha generado mayor rechazo entre la población, algo que se niegan a entender para modificar realmente su prepotente posición en La Habana que en nada difiere de la ya observada en Caracas, Tlaxcala o el Caguán.

Quienes han señalado que esta es la última oportunidad para las Farc para negociar y reintegrarse socialmente con dignidad, no se equivocan. La dilación injustificada de las negociaciones (en 9 meses no se han evacuado siquiera 2 puntos de negociación de la agenda de 5 que la componen), la burla y el desconocimiento de los derechos de las víctimas y sus cada vez más absurdas exigencias, serán el colofón de su derrota política, porque militarmente sólo podrán esperar la acción del Estado contra una banda criminal narcotraficante y terrorista, que ya ha sido repudiada mundialmente.

 

 
1 comentario

Publicado por en septiembre 8, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “SOBRE LAS NEGOCIACIONES EN LA HABANA

  1. Rosita Welcker

    septiembre 8, 2013 at 5:47 pm

    ESO SE SABE UNO NO PUEDE JUGAR A DOS BANDOS COMO LO HACE EL JUGADOR DE POKER DE SANTOS ADEMAS A ESPALDAS DEL PUEBLO MIREN LA CORTE LO QUE YA DIJO LAS FARC NO PUEDEN ESCAPAR DE LA CARCEL SANTOS HA QUEDADO COMO LOS ESTUPIDOS NEGOCIADORES DEL GOBIERNO EN UNOS VENDE PATRIA Y TRAICIONEROS SANTOS CADA VEZ VA PEOR NADA LE SALE BIEN COMO QUIERE JUGAR ALLI TIENE LO QUE SE MERECE TENER LA PAZ CADA DIA MAS LEJANA NUNCA HABRA PAZ DE LA MANERA DE SANTOS EL TRAIDOR .

     

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