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CONSTRUIR SOBRE LA MENTIRA

15 Oct

Construir sobre la mentiraEn entrevista del diario El Espectador[1], los cabecillas de la organización narcoterrorista Farc que hacen parte de la mesa de diálogos de La Habana, vuelven a reiterar el rosario de mitos y mentiras que han servido de justificación para la acción depredadora que por más de 50 años han desatado contra el pueblo colombiano.

Desafortunadamente en la distorsionada historia del conflicto colombiano se ha entronizado una mentira que a fuerza de ser repetida hace parte del imaginario público. Las Farc no surgieron como una respuesta armada de campesinos colombianos contra un sistema de gobierno excluyente como se ha querido hacer ver; las Farc surgen al final de la violencia partidaria de la primera mitad del siglo XX como un proyecto del Partido Comunista de armar un ejército popular que tomara el poder por las armas, atendiendo lo ordenado desde Moscú a Gilberto Vieira y Manuel Cepeda, quienes introdujeron al país la tesis de la “combinación de todas las formas de lucha” para establecer la dictadura del proletariado a imagen y semejanza de lo sucedido en la fracasada URSS.

El Partido Comunista Colombiano ha sido el más dogmático de los partidos marxistas-leninistas del continente americano. No reconoce la existencia de otras corrientes de pensamiento e interpretación de los dogmas comunistas y aún hoy considera otras manifestaciones de la izquierda como “aventuras pequeño burguesas” que deben combatirse al mismo nivel de las ideologías democráticas liberales como las que conforman el sustento de la democracia occidental que rige en el Estado social de derecho. De ahí que jamás el PCC haya podido construir una alianza duradera y real con otras corrientes de izquierda o centro izquierda; de ese partido dogmático y fundamentalista es que surge la ideología y los cuadros de dirección del movimiento armado que a partir de 1964 se conocerá como Farc.

Como señalan estudiosos del fenómeno como Eduardo Pizarro, si en América Latina en general la emergencia del movimiento guerrillero estuvo en gran medida determinada por la revolución cubana, en Colombia se debe subrayar que la guerrilla de inspiración comunista nació con una década de antelación. Sus primeros núcleos emergen ya a fines de 1949. Pero la diferencia no es solo temporal. Mientras que los primeros grupos que nacen en el país a raíz del ejemplo cubano, tienen todos una orientación foquista y voluntarista (el MOEC, el ELN, el PCML, las FALN) y un origen principalmente urbano de sectores de clase media radicalizada[2], las guerrillas comunistas nacen articuladas al proyecto moscovita de dominar el ajedrez estratégico en desarrollo de la guerra fría con los EE.UU, esa es la concepción con que nacen las Farc.

A finales de la década de los 40 y atendiendo las órdenes de Moscú, el PCC infiltra reductos de las guerrillas liberales en Cundinamarca y el Tolima con el fin de establecer las bases del movimiento armado que le permita la toma del poder; el Partido Comunista proclamará en 1949 la creación de comités de autodefensa[3] a donde concurren peligrosos bandoleros que no se acogieron a las propuestas de indulto y amnistía con las que el gobierno colombiano quiere superar la etapa de la violencia partidaria entre liberales y conservadores.

Es a partir de esa decisión y de la incorporación de bandidos como Desquite, Tarzán, Sangrenegra y otros que por años habían sembrado el terror en los campos colombianos, que el PCC establece sus “autodefensas campesinas” como simiente del “ejército de liberación” para la implantación de la dictadura comunista, desplegándose en el sur del Tolima así: a partir de 1949, en Chicalá, Horizontes, La Marina, Irco, todos en el municipio de Chaparral. A partir de 1950, El Davis, en el municipio de Rioblanco, y Paujil y Peña Rica-San Miguel, en el municipio de Ataco. A partir de 1951, Córdoba y Sucre en el municipio de Chaparral; a partir de 1952, el Davis II (Chaparral), El Cambrín (Rioblanco) y Saldaña o El Infierno (Ataco). A partir de 1953, Calarma en los límites de los municipios de Ortega y Chaparral. Los futuros comandantes de las guerrillas comunistas tuvieron todos, casi sin excepción, su origen o su debut militar en esta región del Tolima: Jacobo Prías Alape, Ciro Trujillo, Manuel Marulanda, Jaime Guaracas, Raúl Valbuena, Isauro Yosa y muchos otros. Incluso el futuro fundador del maoísta Ejército Popular de Liberación, Pedro Vásquez, estuvo en la zona como comisario político a nombre de la dirección del Partido Comunista[4].

De tal manera que los orígenes de las Farc en manera alguna están ligados a una lucha por los intereses populares, campesinos o indígenas, sino a una decisión política para tomarse el poder por las armas e implantar otro modelo político del Estado. El mito fundacional de las Farc hay que aclararlo y eliminarlo para no continuar justificando las acciones narcoterroristas de esa organización armada ilegal y entender la dimensión de las mentiras de alias Iván Márquez cuando sin ningún rubor señala que “el proceso de paz debe conducir a que las causas que originaron el alzamiento en armas sean superadas[5], porque es imposible definir unas causas que jamás existieron más allá de la decisión política del PCC de crear una nueva violencia a partir de la que se estaba superando en Colombia a mediados del siglo pasado.

Con estos argumentos, y así lo deja ver el cabecilla narcoterrorista,  las Farc sólo quieren llegar a sensibilizar sobre aspectos que para ellas son inamovibles: la no dejación de armas y el establecimiento de zonas territoriales bajo su control, de ahí que su planteamiento está orientado a que el tema fundamental de la mesa en La Habana lo constituye la terminación de la doctrina de la seguridad nacional y la eliminación del concepto de enemigo interno[6], para legitimar por esa vía el mantenimiento de las estructuras criminales que hoy las constituyen, como una especie de cuerpo parapolicial autónomo que controle las llamadas zonas de reserva campesina propuestas en Cuba.

La sociedad colombiana y la comunidad internacional deben entender que  la decisión de impulsar la organización armada desde 1949 quedó desde entonces inscrita en el centro mismo de la estrategia comunista para acceder al poder. Esto explica la decisión de jamás acceder a la desmovilización del movimiento armado, aceptando sólo su transformación en movimiento político por encima de las regulaciones mismas del Estado y con la capacidad para seguir aplicando su estrategia de “combinación de todas las formas de lucha”, como abiertamente lo han señalado desde La Habana al pretender legitimar un supuesto “derecho a la rebelión armada”. En esas condiciones, la paz no puede construirse sobre mentiras.

 


[1] EL ESPECTADOR. En la intimidad de la guerrilla. Martes, 15 de octubre de 2013. En: http://www.prensaescrita.com/adiario.php?codigo=AME&pagina=http://www.elespectador.com
[2] PIZARRO LEONGÓMEZ, Eduardo. Los orígenes del movimiento armado comunista.

[3] MEDINA, Medófilo, Historia del Partido Comunista Colombiano, Bogotá, Ediciones CEIS, 1980, pág. 557.

[4] PIZARRO LEONGÓMEZ, Eduardo. Ob.Cit.

[5] EL ESPECTADOR. Ob.Cit.

[6] Ibíd.
 
1 comentario

Publicado por en octubre 15, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “CONSTRUIR SOBRE LA MENTIRA

  1. Rosita Welcker

    octubre 16, 2013 at 3:56 pm

    CADA VEZ ES MAS VISIBLE EL SOCIALISMO COMUNISMO MEDIOCRE LADRON HAMPON PROSTIRUCION CORRUPCION NEGOCIOS ILICITOS TRAFICO DE PERSONAS DROGAS NEGOCIOS DE ESTAFAS COMISIONES TODO AGREGANDO MISERIA HAMBRE DOLOR MUERTE MEJOR DICHO HAY QUE ACABARLO DE NUESTRA SOCIEDAD .

     

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