RSS

DEL ORDENAMIENTO CONSTIUCIONAL AL DESORDEN SOCIAL RITUAL

20 Oct

DEL ORDENAMIENTO CONSTIUCIONAL AL DESORDEN SOCIAL RITUALNuevamente se volvió costumbre que marchas, paros y otras formas de protesta social legitimas contempladas en la Constitución Política se tornen en una especie de desorden social ritual donde no se reconocen límites legales, derivando muchas veces en injustificados actos de violencia contra las personas y sus bienes; incluso ahora quienes protestan se abrogan el derecho a secuestrar a miembros de la fuerza pública como demostración de su beligerancia o para erigir en norma de hecho el llamado “derecho a la rebelión  armada” que ahora pregonan las Farc en La Habana.

Es evidente que los poderes públicos han permitido este desbordamiento de las normas mínimas de convivencia pacífica al contemplar con laxitud y hasta tolerancia manifestaciones criminales que se cometen con pretexto de la protesta social. Ya no es la simple “pintada” de consignas y mamarrachos destruyendo fachadas de edificaciones públicas y privadas,   ni el estallido de artefactos ruidosos, ya se pasaron a otras acciones con uso de armas letales convencionales o no, secuestro de personas y de poblaciones enteras con los llamados bloqueos de las vías públicas, quema de vehículos y otros bienes generalmente de pobladores humildes que quienes promueven la violencia dicen representar.

Señala Boenaventura de Sousa Santos al referirse a los estallidos violentos en Inglaterra y otros países europeos, que sin darse cuenta las sociedades contemporáneas están generando un combustible altamente inflamable que fluye en los subsuelos de la vida colectiva. Cuando llegan a la superficie pueden provocar un incendio social de proporciones inimaginables.

Se trata de un combustible constituido por la mixtura de cuatro componentes: la promoción conjunta de la desigualdad social y del individualismo, la mercantilización de la vida individual y colectiva, la práctica del racismo en nombre de la tolerancia y el secuestro de la democracia por elites privilegiadas o de minorías que se constituyen en factores de presión, con la consiguiente transformación de la política en la administración del robo “legal” a los ciudadanos, rampante corrupción en todos los estamentos públicos y privados y del malestar que su práctica cotidiana provoca. Cada uno de estos componentes tiene una contradicción interna: cuando se superponen, cualquier incidente puede provocar una explosión[1].

Es innegable que en Colombia la crisis de los partidos políticos y su substitución paulatina por movimientos y otras expresiones coyunturales y puramente electoreras han dejado el campo abierto para que estemos frente a una denuncia política violenta de un modelo social y político que tiene recursos para rescatar a los bancos y no los tiene para rescatar a los jóvenes de una vida de espera sin esperanza, de la pesadilla de una educación cada vez más cara e irrelevante dado el aumento del desempleo, del completo abandono en comunidades que las políticas públicas antisociales transformaron en campos de entrenamiento de la rabia, la anomia y la rebelión[2].

Esta situación de pérdida de imagen y respeto institucional, propiciada por la politiquería, el clientelismo y la corrupción, vuelve a servir de abono para que el narcoterrorismo y sus aparatos políticos se infiltren en organizaciones sociales, gremiales, sindicales y populares con el único ánimo de “profundizar la crisis del sistema” como rezan los cánones del marxismo-leninismo en que se fundamenta su Plataforma Bolivariana para la Nueva Colombia, alentada también desde el exterior por fuerzas políticas afines a sus planteamientos ideológicos.

La presencia de niños, adolescentes y jóvenes en las protestas violentas son una expresión de esa anomia y rebelión alentada por aparatos políticos enemigos del Estado social de derecho, que buscan impulsar el socialismo del siglo XXI para instaurar un modelo de estado ajeno a la idiosincrasia y valores de los colombianos, desafortunadamente abandonados a su suerte por representantes elegidos democráticamente pero que olvidan su mandato y se dedican a cuestiones ajenas a la administración del Estado y la ejecución de los principios fundamentales señalados en la Constitución vigente.

Con razón advierte de Sousa Santos, estamos en la confrontación entre un poder político instalado que no atiende oportunamente las reclamaciones de la población y unos rebeldes urbanos, infiltrados por el narcoterrorismo, situación que crea una simetría perturbadora. La indiferencia social, la arrogancia, la distribución injusta de los sacrificios están sembrando el caos, la violencia y el miedo, y quienes están realizando esa siembra van a decir mañana, genuinamente ofendidos, que lo que ellos sembraron nada tenía que ver con el caos, la violencia y el miedo instalados en las calles de nuestras ciudades. Los que promueven el desorden están en el poder y pronto podrían ser imitados por aquellos que no tienen poder para ponerlos en orden[3].

O se recupera el imperio del orden y la ley en todos los estadios de la nación, especialmente en los poderes públicos que hoy no tienen ninguna aceptación entre los ciudadanos, o estamos condenados a repetir la oscura página de nación inviable con la que el país fuera calificado a finales del siglo pasado. Es un hecho que hoy se requieren reformas estructurales de fondo que no serán facilitadas o propiciadas por los mismos responsables del desbarajuste político y social que se vive, los autores, cómplices o sujetos de la corrupción que nos agobia.

Las reformas al Legislativo y el Judicial no dan más espera, hay que repensar estas instituciones que no representan hoy el sentir y los principios de los colombianos, pero no se puede esperar a que dichas reformas sean impuestas en una negociación dudosa entre el gobierno y los representantes de la violencia narcoterrorista que precisamente busca sustituir el Estado social de derecho.


[1] DE SOUSA SANTOS, Boenaventura. Los límites del orden. El Mundo. Lunes, 15 de agosto de 2011. En: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/subnotas/174489-55217-2011-08-15.html
[2] Ibíd.

[3] Ibíd.
 
Deja un comentario

Publicado por en octubre 20, 2013 en Opinión Pública

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: