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MÁS QUE CUESTIÓN DE SENSACIONES

22 Oct

MÁS QUE CUESTIÓN DE SENSACIONESLos fracasos en los procesos emprendidos en Colombia en búsqueda de la paz han generado en la población desconfianza y falta de credibilidad en los mismos, sobre todo cuando no se aprecia una voluntad real de las organizaciones armadas ilegales por acatar el ordenamiento constitucional y legal que rige para todos los ciudadanos y sus acciones terroristas desdicen del todo su intención de cesar el conflicto.

La realidad estructural del país, con todo y sus deficiencias, es radicalmente opuesta a la que existía a finales de la década de los 40 del siglo pasado cuando el Partido Comunista introdujo la tesis de la “combinación de las formas de lucha para la toma del poder” y Colombia era un país eminentemente rural; la Constitución de 1991 cambió ese panorama y la urbanización de la vida de los ciudadanos, aunada al avance de la información y la tecnología, introdujo una nueva visión de las realidades sociales, políticas y económicas; en eso, el discurso justificativo de las Farc o Eln se quedó anclado en ese pasado que consideraban propicio para la insurrección popular.

Ya desde la década de los 90 los antiguos líderes de organizaciones terroristas en América Latina o de revoluciones triunfantes en los 60, advertían a las narcoguerrillas colombianas la pérdida de vigencia de la lucha armada como instrumento político, a lo que manera prepotente estas organizaciones respondían que era un “engaña bobos hablar de la perdida de vigencia de la lucha armada, esa que se levanta sobre la indignación de los marginados” (RESISTENCIA, 2012), afirmación que ratifican ahora cuando señalan que no dejarán las armas aún si se alcanzan acuerdos que permitan solucionar el conflicto, que las mantendrán como garantía para exigirle al Estado el cumplimiento de los mismos.

Otras organizaciones terroristas como el M-19, EPL, la mayoría del ELN y el ADO, fueron capaces de renunciar a esa violencia irracional como fundamento para construir la paz; desde hace 21 años cuando decidieron dejar las armas, han dado muestras de seriedad, han probado su compromiso por construir escenarios en los cuales sea posible dirimir las controversias y adelantar las luchas sin tener que recurrir a la violencia y el pueblo colombiano les dio una acogida que ni ellos mismos esperaban, fueron una fuerza política importante en la construcción de la nueva Constitución de 1991, han llegado a todas las corporaciones públicas, ministerios y otras instancias de poder, tanto así que hoy detentan la alcaldía de la capital de la nación.

A pesar de algunos cambios en el léxico y la implementación de las nuevas tecnologías, el discurso programático de las Farc y Eln no ha cambiado, sigue impregnado por esa ortodoxia fundamentalista del marxismo-leninismo soviético; la URSS se derrumbó por la falacia de sus fundamentos, pero para las narcoguerrillas parece que aún sigue existiendo y que no hay otro modelo político aceptable como se puede apreciar en la llamada Plataforma Bolivariana para la Nueva Colombia, más radical incluso que el neocomunismo propuesto por el Foro de Sao Paulo y su pretendido socialismo del siglo XXI, o bolivarianismo, o progresismo, como se le llama por algunas de sus sectas.

Es evidente que esa falta de contextualización histórica de las narcoguerrillas, y en general de la izquierda colombiana, les ha impedido tener calado político en Colombia, hecho que ha querido ser justificado, como siempre lo hacen, atribuyendo a otros la culpa de sus fracasos. En los 60 y 70 podía tener algún sentido hablar de exclusión política por el modelo bipartidista que caracterizó el Frente Nacional, pero este dejó de existir desde 1974, y desde entonces han surgido toda suerte de movimientos, coaliciones y partidos que se disputan el poder en las mismas condiciones y oportunidades que lo hacen liberales y conservadores, es más ese resurgimiento político significó también el declive de los partidos tradicionales, sin embargo la izquierda no ha podido jugar un papel protagónico o constituirse en alternativa de poder porque su discurso no convence al pueblo colombiano. De tal manera que no es la exclusión política, el paramilitarismo o cualquier otro fenómeno el causante de ello, sino la falta de argumentos, propuestas y realizaciones que motiven al elector a dar su apoyo masivo a sus representantes.

Es más, si algo ha contribuido al fracaso de la izquierda es el cerrero canibalismo que existe en ella. No debe olvidarse que precisamente fueron las Farc las responsables del aniquilamiento de quienes se desmovilizaron y pretendieron optar por la vía política y el modelo democrático; y ello sucede desde los años 80, cuando contribuyeron al asesinato de líderes de la UP que consideraron agotado el movimiento armado y en los 90 con el asesinato de líderes del antiguo EPL y otros grupos reinsertados, aún ahora las Farc hacen ingentes esfuerzos por asesinar a quienes se desmovilizan de sus frentes y cuadrillas hastiados de una guerra sin sentido.

Los anteriores procesos de paz, y todo parece indicar que lo mismo sucederá con el actual, han fracasado porque las narcoguerrillas pretenden alcanzar en las mesas de diálogos triunfos que las armas jamás les darían, imponiendo un modelo de estado comunista que el país rechaza; el empecinamiento y terquedad de los narcoterroristas por exigirlo todo sin entregar nada a cambio ha sido la constante. En La Habana, por ejemplo, las Farc no sólo pretenden que se legitime por parte del gobierno la tenencia de las armas como mecanismo de presión, sino que se les concedan zonas territoriales donde solamente ellas puedan ejercer el poder político, social y militar, es decir la fragmentación de la república.

En ello pesa más el interés narcotraficante de las Farc y sus aliadas Bacrim, que el interés real por la paz y el sometimiento a la justicia, el orden y la ley que impera para todos los colombianos; si se superpone un mapa donde aún existen estructuras criminales de esta narcoguerrilla con las zonas de siembra, producción y comercialización de narcóticos, la imbricación es absoluta; las llamadas “zonas de reserva campesina” que proponen las Farc corresponden en un todo a las zonas de narcocultivos y de control terrorista que hoy existen.

Esa y no otra, es la razón subyacente en los paros, bloqueos y otros hechos violentos propiciados en los últimos meses; la utilización mediática de estas situaciones de hecho para presentar en la mesa de negociaciones las exigencias estratégicas para la narcoguerrilla como una “expresión de la voluntad popular”. Ciertamente hablan de situaciones lamentables del campesinado, los indígenas y la población en general, pero ello es la excusa para introducir lo que realmente pretenden y que denominan la legitimación del “derecho a la rebelión armada” y el reconocimiento de un status de paraestado dentro del mismo Estado social de derecho, sin que dicho reconocimiento sea verdaderamente expresión de la voluntad nacional a través de los mecanismos de consulta consagrados en la Constitución sino como una imposición política de los acuerdos que se alcanzaren.

Hay tres aspectos que son vitales para ellos: las zonas de reserva campesina, autónomas y bajo su control, la tenencia de armas y la redefinición de la doctrina militar y las instituciones castrenses que hoy existen; lo demás es accesorio y complementario a esos puntos y es utilizado como cortina de humo para ocultar sus propósitos reales, lo que explica que en un año de diálogos no se haya avanzado más allá de algunos puntos de los dos capítulos tratados (cuestión agraria y participación política), lo que no es un avance sino una reedición de experiencias pasadas.

 
1 comentario

Publicado por en octubre 22, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “MÁS QUE CUESTIÓN DE SENSACIONES

  1. Rosita Welcker

    octubre 22, 2013 at 12:58 pm

    MIREN NO NECESITO APOSTAR QUE EL PROCESO DE PAZ ES UN TOTAL FRACASO PORQUE COMO DECIA JULIO CESAR TURBAY UNO NO NEGOCIA SI NO CON EL ENEMIGO VENCIDO PERO NO ARRODILLADO COMO HACE EL IMBECIL TRAIDOR DE SANTOS CANALLA NO JAMAS Y ADEMAS DEJEMOS DE SER INGENUOS QUE UDS CREEN QUE LAS FARC VAN A FÍRMAR PARA IR A LA CARCEL Y DEJAR EL NEGOCIO MAS LUCRATIVO QUE ELLOS TIENEN EL NARCOTRAFICO NI PENDEJOS QUE FUERAN CUANDO CONOCEN COMO ES SANTOS DE HIPOCRITA MENTIROSO ESO OLVIDENLO PORQUE LAS FARC LOS CRIMENES COMETIDOS DE LESA HUMANIDAD Y CRIMENES DE GUERRA ESO NO PRESCRIBEN NUNCA Y SI BIEN YA LO DIJO LA FISCAL DE LA CORTE INTERNACIONAL QUE TIENEN QUE PAGAR CARCEL Y NO PUEDEN PARTICIPAR EN POLITICA ASI UDS CREEN QUE LAS FARC VAN FIRMAR ASI EN ESAS CONDICIONES LOS TRATADOS INTERNACIONES JAMAS SE PUENDEN DESCONOCER Y EL MARCO PARA LA PAZ NO LO ACEPTA LA CPI ASI EL FISCAL COMUNISTA ESE MONTEALEGRE DIGA HABLE LO QUE NO SABE MENOS EL INEPTO DE PRESIDENTE QUE TENEMOS.

     

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