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FACTOR DE RIESGO PARA LA DEMOCRACIA

02 Nov

FACTOR DE RIESGO PARA LA DEMOCRACIAQuizá quienes más felices se encuentren, hasta el punto de ponerse a versiar, son los cabecillas de las Farc-ONT ante el confuso panorama de las instituciones democráticas, desdibujadas por la politiquería, la corrupción y el clientelismo antepuestos al interés general de que habla el art, 1 de nuestra Constitución.

Los poderes públicos han sido duramente golpeados por escándalos de toda naturaleza; los fines esenciales del Estado señalados en el art. 2 de la Carta se diluyen en medio de esos bochornosos hechos. Los ciudadanos de a pie pierden credibilidad en esas instituciones que deberían servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagradas en la Carta.

A fuerza de repetirsQe por años las promesas electorales se convierten en discursos vacuos que mueven a una parte muy pequeña de la ciudadanía que debe elegir sus gobernantes, ciudadanos que no se sienten representados por los partidos y movimientos políticos que otrora construyeran la republicanidad democrática, atomizados y con direcciones divorciadas de sus bases y que ahora se confunden solamente en el apetito de manejo clientelista del poder público sin propuestas que lleguen al grueso de la nación.

Si nos atenemos a las definiciones de partidos políticos como las del politólogo francés Maurice Duverger, en Colombia no hay partidos políticos de masas sino partidos de cuadros. Esto es, organizaciones políticas con estructuras precarias, poco disciplinadas, carentes de contenidos programáticos, que logran permanecer en el escenario político al consolidar el liderazgo de una persona con gran influencia en la circunscripción electoral (HOFSTETTER GASCÓN, 2011).

El actual espectáculo de agravios e injurias que satura el debate, apenas preelectoral, para los comicios de Congreso y Presidencia a desarrollarse en marzo y mayo del próximo año, son una fehaciente muestra de ese estado de postración política. El hecho de permitir la participación política de los ciudadanos en decisiones que le atañen (art, 40 C.N.), se hace nugatorio cuando esa decisión que debe tomar se amarra a intereses puramente electoreros y oportunistas de quienes aspiran a mantener el estatus quo que genera la crisis institucional.

Ese hecho, por sí mismo, demuestra sin lugar a duda la inexistencia de partidos políticos de masas en Colombia. Es decir, de que poseen una estructura organizacional fuerte y estable, en la cual la ideología prima sobre los liderazgos individuales. Aún partidos recientes como el Polo Democrático Alternativo, el Partido Verde (ahora Alianza Verde Progresista) y otros, siguen siendo partidos de cuadros y no de masas, que han figurado como fenómeno mediático y no como la proyección de alternativas reales de poder para cumplir los ideales y fundamentos del Estado social de derecho consagrado en la Constitución de 1991 como fruto de un serio ejercicio entre las fuerzas políticas y la insurrección armada desmovilizada.

Las Farc-ONT reeditan las mismas justificaciones que dieron origen a la “combinación de todas las formas de lucha” introducida por el Partido Comunista Colombiano, PCC, desde finales de los años 40 del siglo pasado, diciendo que hay exclusión política y democrática, fundamentándose hoy en la poca participación electoral de los ciudadanos, especialmente hacia las tesis de la izquierda; pero su afirmación se convierte en sofisma cuando no tienen en cuenta que la ausencia de propuestas y contenidos programáticos en todas las propuestas de los partidos sólo alimenta egos y liderazgos caudillistas, incluyendo el PCC.

Mientras el debate entre los partidos tradicionales en Colombia, conservador y liberal, y sus derivaciones y coaliciones, se centra en señalar cuál ha sido menos corrupto, politiquero o clientelista que el otro, es decir, aceptando tácitamente haberlo sido, en Colombia se incuba el mismo escenario que permitió al Foro de Sao Paulo o socialismo del siglo XXI, retomar las mismas tesis marxistas-leninistas fracasadas en el último decenio del siglo pasado, para presentarlas como alternativa de poder que recoge el descontento popular a partir de la crítica sistemática del modelo de Estado social de derecho, sin renunciar a él pero utilizando sus garantías para imponer el modelo socialista, en sus diferentes versiones, como ha ocurrido en otros países latinoamericanos.

Son los partidos políticos, tradicionales si se quiere e incluye sus nuevas versiones, los que alimentan con el discurso actual, irracional e inaceptable, las razones políticas añejas que motivaron el surgimiento de “la combinación de todas las formas de lucha” para atribuir a la democracia una naturaleza corrupta, politiquera y clientelista. Fundamentar el discurso electoral en demostrar que el otro es más corrupto que yo o sobre quiénes están en la cárcel o quiénes deberían estar, solo alimenta la desinstitucionalización y quiebre del Estado social de derecho.

Mientras los partidos y movimientos políticos democráticos se desgastan en esa inane discusión, la izquierda radical si está construyendo un proyecto político a partir de la propuesta de la Plataforma Bolivariana para la Nueva Colombia; sus resultados son evidentes, la penetración política al Estado a través del llamado PC3, comenzada en los fallidos diálogos para un acuerdo de paz con las Farc-ONT desde los tiempos de Belisario Betancur, han permitido que en Colombia, como ocurrió en otras naciones latinoamericanas, pudieran ejercer la presión suficiente para “profundizar la crisis del sistema y preparar la toma del poder” por la vía electoral, utilizando precisamente todos los derechos y garantías que la “democracia capitalista” podía ofrecerles.

Las Farc-ONT, y en la medida de su supeditación el ELN, precisamente ya anuncian en sus páginas de internet y en el discurso a las bases donde sus aparatos de terror actúan, el resurgimiento de su intencionalidad política, amplificada por medios de comunicación más pendientes de la ‘chiva’ que de la suerte nacional, que cualquier acuerdo nacional para el cese del conflicto, sin que ellos abandonen las armas y métodos terroristas, está sujeto a sostener lo ofertado por el actual gobierno y a su cumplimiento. El discurso de Santrich en La Habana hay que leerlo completo y entrelíneas, no a partir del mal verso que hubiere presentado, que fue el motivo mediático que la prensa llevó al pueblo colombiano.

De nuestra democracia madura, de las que nos enorgullecíamos hace un tiempo por la inexistencia de poderes surgidos desde golpes militares, acordado por liberales y conservadores, en tiempos del General Rojas Pinilla, pasamos a una democracia en desarrollo para equipararnos a otros país suramericano o centroamericano, y obtener como botín de oro, el destruir a nuestras FF.MM y de Policía, como bastiones de defensa de las instituciones democráticas (arts. 217 y 218 de la C.N.), estamos retornando a la ‘democracia incipiente’ atendiendo el lobby que contra Colombia se desarrolla e intensifica  desde la puesta en marcha de la Política de Defensa y Seguridad Democrática.

Nuestras FF.MM han estado comprometidas en Colombia en la realización del Estado social de derecho de 1991, o en el Estado de Derecho de la Constitución de 1886: de tal manera que utilizarlas con argumentos rabulescos es una ofensa grave al honor militar, que no busca impunidad, busca que desde lo conceptuado con el nacimiento de la república y dada la naturaleza de sus acciones deban encontrar el apoyo para el cumplimiento político de sus propósitos.

 
1 comentario

Publicado por en noviembre 2, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “FACTOR DE RIESGO PARA LA DEMOCRACIA

  1. Rosita Welcker

    noviembre 3, 2013 at 4:36 pm

    COLOMBIA ESTA COMO ESTE GOBIERNO TRAIDOR CONDENANDO MILITARES PARA DAR IMPUNIDAD TOTAL A LOS TERRORISTAS QUIENES COMO PETRO SIGUEN COBIJADOS POR LA AMISTIAS SEGUIR DELINQUIENDO PERO NO APRENDIENDO DEL PASADO NADA Y QUE QUEREMOS PAZ SIN IMPUNIDAD

     

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