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¿REPRESENTA LA U.P UNA RENOVACION EN LA IZQUIERDA?

22 Nov

REPRESENTA LA U.P UNA RENOVACION EN LA IZQUIERDAObtenido el reconocimiento de la personería jurídica la U.P. parecía condenada a ser uno de los tantos minúsculos aparatos y organismos con que la izquierda se repite para dar sensación de multipresencia y masa, y no es una afirmación despectiva, basta con mirar quienes dirigen unos y otros aparatos para encontrar siempre a los mismos actores; sin embargo las Farc y el sector ortodoxo de esa izquierda, han apreciado que reverdecer la U.P., con todo el legado de sensiblería que representa, es tener un vehículo propicio para acceder al escenario político del país, contando con el apoyo abierto de sus pares del Movimiento Continental Bolivariano y el llamado socialismo del siglo XXI.

Las Farc y esa izquierda ortodoxa han explotado al máximo la falaz tesis de que ellas son las víctimas y el Estado el victimario, idea que perversamente cala especialmente en algunos sectores académicos, organizaciones juveniles y estudiantiles, que no se toman el trabajo de realizar un verdadero análisis de los hechos históricos para sacar conclusiones, sino que se remiten a la teoría marxista-leninista para justificar la violencia narcoguerrilla como consustancial a la “combinación de las formas de lucha por la liberación de los pueblos”.

Y en esta ocasión no será diferente, sino que será el eslogan de su campaña; tratar de crear un sentimiento de culpa en la sociedad colombiana por la muerte de unos militantes de ese movimiento en su etapa inicial en los años 80, sin hacer referencia a que ello obedeció a la guerra que las Farc libraran con la organización narcotraficante de Gonzalo Rodríguez Gacha, alias el Mexicano, por el robo de un cargamento de cocaína que uno de los frentes terroristas hiciera en los Llanos Orientales. En aquella misma época Pablo Escobar, los hermanos Ochoa y otros narcotraficantes habían creado el movimiento Muerte A Secuestradores MAS, como respuesta armada al secuestro que hiciera el M-19 de Nieves Ochoa.

Todos estos hechos derivarían en el surgimiento de los llamados “paramilitares”, que convirtieron en objetivo a políticos, sindicalistas y líderes de la U.P. que representaba el brazo político de las Farc, organización que supuestamente negociaban una salida política al conflicto sin hacer entrega de las armas y sin someterse a la Constitución y las leyes de la república[1].

Por ello llama la atención que Aída Avella Esquivel, la candidata presidencial de la U.P que duró en el exilio más de 17 años, arribe señalando que encontró un país que ha cambiado muy poco en términos de apertura democrática, desconociendo los sustanciales cambios que en materia de participación política para todos los sectores introdujera la Constitución Política de 1991 en cuya conformación ella misma trabajara como constituyente representante de la izquierda.

Y Aída Avella llega al país para ser caja de resonancia del discurso de los negociadores de la narcoguerrilla en La Habana, de allí que una de sus primeras exigencias, respaldada por su correligionario Iván Cepeda Castro, es pedir la renuncia del Ministro de Defensa; no me siento segura con un ministro que habla todo el tiempo de la guerra… no me siento segura con un ministro que habla todo el tiempo así, le dice a los periodistas luego de su elección como candidata en el V Congreso de la U.P., lo mismo que dicen a diario los cabecillas terroristas en Anncol, en La Habana y en su comunicación permanente exigiéndole a sus aparatos políticos intensificar esa petición para presionar al gobierno y a las FF.MM.

No debe sorprender la actitud de la señora Avella; es consecuente con el pensamiento político que ha desarrollado toda su vida como funcionaria del Ministerio de Educación, como dirigente sindical de la Federación Nacional de Trabajadores Estatales FENALTRASE y como militante del Partido Comunista Colombiano, en el que llegó a ser parte de la línea dura del Comité Central al lado de Manuel Cepeda Vargas, Teófilo Forero y otros sustentadores de la validez de la combinación de las formas de lucha.

En mayo de 1996, cuando ocupaba una curul en el Concejo de Bogotá a nombre de la U.P., y para cumplir un acuerdo político con Mario Upegui, la señora Avella Esquivel cedió a este la representación edilicia, y se informó a la prensa que saldría por tres meses hacia Europa, en un comunicado, el entonces presidente del Concejo, Héctor Loaiza, dijo que Abella solicitó una licencia sin remuneración por tres meses, a partir del 13 de mayo, a la vez que Álvaro Vásquez, Secretario del PCC, anunciaba que no se trataba de un exilio político: Permanecerá dos meses en Suiza y luego recorrerá varios países de Europa para denunciar la situación que la UP enfrenta en Colombia y se espera su regreso dentro de aproximadamente tres meses. (http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-296347).

En esas condiciones Aída Avella Esquivel se dedicó en Suiza y otros países a hacer el trabajo del frente internacional de las Farc y para sorpresa de los colombianos, se declaró perseguida política cuando ese trabajo fue puesto en evidencia y exiliada hasta el día de su regreso a Colombia para volver a ocupar la dirección de la U.P. que entonces detentaba.

Uno de los mitos que rodean el exilio de Avella Esquivel es que había sido objeto de un atentado nunca aclarado, en las páginas del comunismo internacional se habla de que le dispararon con una bazuca, pero la realidad es que nunca hubo evidencia de tal cierto y nadie sobreviviría a un ataque de esa naturaleza en plena Autopista Norte como puede deducirlo quien conozca el ritmo de tránsito y la congestión de ese sitio de la capital colombiana, lo que habría causado no sólo la muerte de la dirigente comunista sino de más de una decena de personas que a esa hora se movilizaban por ese corredor.

Lo único que se supo con certeza es que el automóvil en que viajaba se colocó detrás de una camioneta carpada de una constructora y que de allí sobresalía un tubo de PVC, la paranoia que vivía la izquierda la llevó a denunciar que iban a atentar contra su vida y luego se tramo toda la película que debería convertirla en heroína del comunismo que sobrevivió al Estado, como en efecto ahora quiere presentarse.

De tal manera que el regreso de Aída Avella y de la U.P. no representan una renovación democrática de la izquierda, sino el retorno de los mismos talibanes marxistas al mismo escenario que habían abandonado hace más de 20 años.


[1] El nacimiento de la Unión Patriótica -explicaba Raúl Reyes antes de que lo bombardearan en territorio ecuatoriano- fue una idea del Secretariado de las FARC, particularmente de Jacobo Arenas y Manuel Marulanda, quienes consideraban que de avanzar este proyecto los colombianos por fin tendrían a su alcance un grupo político pluralista en el que podían participar las distintas fuerzas sociales así como integrantes de todos los partidos, incluidos el Liberal y el Conservador.

 
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Publicado por en noviembre 22, 2013 en Opinión Pública

 

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