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LA PAZ MÁS ALLÁ DE LOS DISCURSOS

28 Dic

LA PAZ MÁS ALLÁ DE LOS DISCURSOSJuan Pablo II decía con toda la razón, que no hay paz sin justicia y no hay justicia sin perdón; por eso cuando se escuchan discursos almibarados que hablan de que la paz se encuentra a la vuelta de la esquina en La Habana y la cabeza de la delegación del gobierno en las negociaciones remata su informe a los ciudadanos sobre el proceso con las Farc con una invitación a soñar con un país en paz, la primera inquietud que asalta a los ciudadanos es la ausencia de justicia, de reconocimiento de la verdad por parte de las narcoguerrillas para comenzar a hablar del perdón como fundamento de esa paz.

Y es que la verdad va más allá de la lacónica manifestación de las Farc de que han producido dolor con sus acciones, porque en el mismo discurso justifican ese dolor causado como algo necesario en lo que denominan su “lucha revolucionaria” atendiendo el nefasto calificativo de algún oscuro magistrado que dijera hace un tiempo que los narcoguerrilleros cometen crímenes para que otros vivan mejor. Las Farc se han negado sistemáticamente a reconocer a sus víctimas y tienen todo un andamiaje político para que éstas sean silenciadas e invisibilizadas y sólo se hable de víctimas del Estado o de los paramilitares.

Rodrigo Uprimny, profesor de derecho de la Universidad Nacional, señala que la paz no puede alcanzarse ignorando el deber del Estado de investigar y sancionar los crímenes atroces. Un proceso de esa naturaleza sería inviable jurídica y políticamente, pues no sólo es injusto con las víctimas sino que, además, mantendría abiertas las heridas y estaría sujeto a ataques permanentes ante tribunales nacionales e internacionales. Pero tampoco podemos conceptualizar los derechos de las víctimas de una manera que haga imposible una paz negociada, pues la paz es un presupuesto para el goce pleno de nuestros derechos y es en nuestra Constitución un derecho y deber de obligatorio cumplimiento (UPRIMNY YEPES, 2013)

¿Cómo conciliar ese derecho de las víctimas sin que se convierta en obstáculo para la paz? No es alentador cuando los voceros de las Farc, responsables de delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, dicen que no están dispuestos a pagar un solo día de cárcel y el Fiscal General de la Nación, que ahora asumió el papel de magistrado constitucional y no de defensor del ordenamiento penal, señala que no necesariamente las penas impuestas deben pagarlas en un establecimiento carcelario sino que pueden ser suspendidas o redimidas mediante trabajo social. La sola idea de este escenario es por si repulsiva y ahonda esas heridas abiertas en la sociedad por más de 50 años de depredación de los narcoterroristas.

El mismo autor citado señala con acierto que ningún colombiano defiende un proceso de paz insensible a las víctimas y fundado en la impunidad,  que quienes cuestionan el marco jurídico para la paz emanado del Congreso Nacional no pretenden obstaculizar el proceso de paz sino todo lo contrario: dotarlo de mayor solidez al armonizarlo con el respeto del deber estatal de investigar y sancionar crímenes atroces como lo demanda la más elemental noción de justicia y de paz. Cuando a las víctimas los altos voceros del gobierno nacional les señalan que sus victimarios no pagarán ni siquiera penas simbólicas intramurales por sus crímenes, como ocurre en el caso de las autodefensas ilegales desmovilizadas, la percepción de burla a sus derechos es inevitable y ahondan esas heridas en lugar de cicatrizarlas.

Lastimosamente Uprimny termina señalando en su artículo, de alto valor académico, movido quizá por su naturaleza ideológica, que los críticos del fantasioso marco jurídico para la paz obstaculizan el actual proceso presentándose como adalides de última hora de los derechos de las víctimas, desconociendo y descalificando el papel de organizaciones no gubernamentales y fundaciones que por años han asumido la vocería de esas víctimas ignoradas y silenciadas y desconociendo a las mismas víctimas que creyeron encontrar una oportunidad para expresarse; precisamente a las víctimas de las Farc las mueven los mismos ideales que él expresa en su artículo, el mensaje a las narcoguerrillas para que entiendan que quienes apoyamos el proceso de paz no vamos a admitir un acuerdo que humille los justos reclamos de las víctimas.

Cuando un colombiano, en ejercicio del deber-derecho consagrado en el art. 95.6 de la Constitución que nos impone el deber de propender por el logro y mantenimiento de la paz, cuestiona la ausencia de la justicia en el llamado marco jurídico para la paz, no está oponiéndose a la consecución de ese fundamento esencial del Estado social de derecho; está precisamente contribuyendo a su logro y mantenimiento como requisito esencial para mantener el tejido social que nos une como nación.

Descalificarlo con epítetos denigrantes no contribuye en nada para el establecimiento de esa paz anhelada. Los críticos del marco jurídico para la paz no son buitres, ni enemigos de la paz, son ciudadanos responsables al cual más, cuyo interés es la defensa de los fundamentos y principios que respaldan universalmente la existencia del Estado colombiano y no quieren volver a las oscuras épocas del estado fallido con el que país debió lidiar en la última década del siglo pasado gracias al desafortunado narcogobierno establecido en el período 1994-1998, cuyo efecto se propagó al fracaso del Caguán de 1998-2002.

El colombiano de a pie sabe que el país avanzó notablemente para la recuperación de su dignidad entre 2002 y 2010; son millones de ciudadanos que reconocen ese logro, aún sus críticos que quieren apropiarse de los logros alcanzados. Las perversas autodefensas ilegales fueron reducidas y sometidas al imperio de la ley, sus cabecillas se encuentran extraditados por su persistencia en el delito del narcotráfico y no puede ser distinto el camino para los narcoterroristas de las Farc o el Eln.

Las narcoguerrillas pasaron de ser una amenaza a la existencia misma del Estado a convertirse en un problema de seguridad ciudadana por su naturaleza criminal como cartel del narcotráfico que esgrime un discurso político para justificarse, como también lo hiciera Carlos Ledher en su momento; por algo son las socias naturales de las llamadas Bacrim que la izquierda pretende mostrar como vigencia del paramilitarismo.

En La Habana, Colombia no negocia con una guerrilla marxista-leninista, negocia  con la expresión más bárbara, después de los cárteles mexicanos, de la droga; negocia con una transnacional del crimen organizado como se ha evidenciado suficientemente.

Por cierto, para quienes pregonan que el perdón a los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra de las Farc debe equipararse al perdón otorgado por Dios a través de los sacerdotes en el sacramento de la confesión, debe decírseles que ese momento no es un show o un concurso de mentiras como los que acostumbran ciertos programas de televisión. Para el católico militante la confesión es un acto personal de reconocimiento del pecado, de arrepentimiento y solicitud de perdón, acompañado de una promesa de no repetición, realizado ante un juez, el sacerdote, que nos exime o nos ata al pecado cometido.

Sin ser fundamentalistas católicos, como lo son algunos críticos marxistas o agnósticos, estamos convencidos de que cuando pecas pierdes la amistad con Dios y se te cierran las puertas del cielo. Y que la CONFESIÓN es el sacramento que TE DA EL PERDÓN DE LOS PECADOS que has hecho, reconciliándote con Dios. De la misma manera esperamos que los narcoterroristas confiesen sus pecados y haciendo acto real de contrición contribuyan a la erradicación de los fenómenos criminales que los han acompañado en su actividad narcoterrorista. Esa sería la verdadera justicia que anhela el pueblo colombiano para establecer y consolidar la paz.

 
1 comentario

Publicado por en diciembre 28, 2013 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “LA PAZ MÁS ALLÁ DE LOS DISCURSOS

  1. Nestor Arboleda.

    diciembre 30, 2013 at 10:51 pm

    Sobre todos los temas que aluce la banda de terroristas de la Farc, sobre lo que les conviene, son habladurias de pataletas de ahogados contra las instituciones de cada gobierno libre. Ellos actuan con las armas contra lo que les plazca amedrentando y asesinando por donde se les venga en gana y se rien de sus fechorias, cuando deben mas muertes y de lesa humanidad que cualquier conflicto de guerra, del pasado con esas ideas absurdas de imbeciles sin educacion ni comienzo de primaria, menos de bachillerato. Son una banda de delincuentes a sueldo de los que trabajamos y hacemos patria. Se les debe de preguntar, porque existe el pais de los EEUU como ejemplo de soriadidad con el mundo libre…ellos que saben de trabajar y aprovechar hacer el bien, en lugar de jactanciones mediocres que son lo que demuestran…

     

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