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2014 UN AÑO DE RETOS PARA LA DEMOCRACIA EN COLOMBIA

30 Dic

UN AÑO DE RETOS PARA LA DEMOCRACIA EN COLOMBIASin duda alguna el país enfrenta grandes retos el próximo año, las elecciones de Congreso en Marzo y Presidenciales en Mayo, aderezadas por un posible referéndum sobre el proceso de paz en La Habana marcan unas metas altas para la ciudadanía colombiana y la posibilidad de consolidar la democracia participativa con principio fundamental del Estado social de derecho.

Los buenos vientos que soplan para la economía y la inversión social se ven opacados por la crisis de instituciones fundamentales como el Congreso mismo y el poder judicial, más allá de los debates personales de cabezas visibles de organismos de control como la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría, hay una pérdida real de la imagen de los poderes públicos que influye notablemente en la participación de los ciudadanos en la definición de los asuntos políticos a través del derecho-deber del voto tal como se consagra en el art. 95 y 258 de la Carta, previéndose entonces una baja participación en los comicios a celebrarse.

Indudablemente el camino de la prosperidad democrática depende esencialmente de esa participación ciudadana en la definición de los modelos y políticas que deben regir en el país durante el próximo cuatrienio, sin esa participación es difícil superar esos retos que representan consolidar la seguridad, disminuir el desempleo, eliminar la pobreza, y enfrentar los desafíos del cambio climático como fenómenos que afectan directamente la calidad de vida y de sociedad de los colombianos.

Puede decirse sin duda que quedó pendiente el objetivo trazado en el Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014 de lograr un país que confíe y sienta orgullo por las instituciones del Estado. Unas instituciones guiadas bajo los postulados del Buen Gobierno que cumplan a cabalidad compromisos ineludibles de gestión pública como la transparencia, la equidad, el pluralismo, la eficiencia, la eficacia, la austeridad, y la intolerancia absoluta con la corrupción. Un estado que procure la convergencia de las capacidades de desarrollo regional y abra y consolide espacios en que los ciudadanos participan en la construcción del bienestar de toda la sociedad. Alcanzar esa meta se convierte entonces en reto para la democracia colombiana para el cual deben unirse todas las voluntades y expresarse en una masiva participación ciudadana en las elecciones.

Aquí juega entonces un papel vital la capacidad de liderazgo y convicción que muestre la clase política nacional para motivar a los electores, basada en propuestas reales y alcanzables y no en el discurso populista y demagógico que conlleva la descalificación artera y desleal del contradictor. En un país donde el voto es más emocional que programático, tales circunstancias pueden conducir a optar por caminos erróneos y decisiones mediáticas al momento de elegir el próximo Legislador y el Ejecutivo que den al traste con la consolidación de la democracia como ha sucedido en algunos países vecinos con consecuencias desafortunadas.

Esta forma de hacer antipolítica propicia conductas que no son compatibles con la democracia y que han perjudicado por largo tiempo nuestro desarrollo institucional, como es la compra-venta del voto y alianza non sancta con organismos delincuenciales, aun cuando el país se encuentre inmerso en diálogos con uno de ellos para poner fin al cincuentenario conflicto armado. Aprovechar esas circunstancias de desorden social y político es el campo propicio para los actores de la violencia cuyo principio es la profundización de las crisis del Estado para obtener ventajas políticas.

En el país se encuentran pendientes reformas de fondo de las instituciones políticas y judiciales, las propuestas presentadas al Congreso en este período derivaron en una gravísima decepción nacional donde quisieron imponerse a mansalva intereses particulares por sobre el bien común y que sin duda contribuyeron a ese estado de insatisfacción generalizada con el sistema, favoreciendo las opciones de imposición de gobiernos de minorías más traumáticos que beneficiosos para la democracia.

Entonces, a los retos del próximo año se suma la necesidad de que los partidos políticos se consoliden como verdaderas fuerzas de gobierno o de oposición, el maridaje subsistente del Frente Nacional no le hace bien a la democracia, es una especie de incesto político que no motiva al elector y que permite el mantenimiento de vicios como el clientelismo politiquero y la corrupción del elector, cuyo único fin es el manejo de la burocracia estatal, el manejo de la contratación pública y otras conductas que terminan desbordando incluso el campo penal en la acción de los agentes del Estado.

Es bien difícil explicar cómo subsisten esos vicios políticos propios del modelo anterior a la Constitución de 1991 y cómo han sido alimentados incluso desde los poderes locales alcanzados por la misma izquierda que se presentaba como alternativa política de poder cuando precisamente esa Constitución, como fruto de un consenso nacional incluyente, buscaba ponerle fin a la nefasta práctica del uso del poder para asegurar lealtades y velar por el bien común.

Si bien la teoría habla de la existencia de un sistema multipartidista en Colombia, la realidad es que ese multipartidismo sigue girando en torno al bipartidismo tradicional, conservador y liberal, especialmente en las provincias y a la diseminación de la izquierda y los llamados independientes en los grandes centros urbanos; eso ha quedado demostrado actualmente con el giro de algunos representantes políticos del pasado paro agrario que han buscado resguardo en el liberalismo, el Polo Democrático, la Alianza Verde o el Progresismo, aprovechando la crisis institucional creada por el Alcalde Petro.

Es un hecho que la dispersión en la composición del Congreso es reflejo del sistema de partidos que caracteriza la democracia colombiana en la actualidad, cuya ineficiencia e ineficacia queda probada en sus grandes fracasos. La llamada Unidad Nacional hace agua precisamente por la evidente manipulación de intereses propios de sus componentes y las denuncias de acuerdos contrarios al espíritu democrático para mantener el poder, la izquierda política no juega distinto y el conflicto institucional que se ha querido montar en Bogotá se amarra al proceso de La Habana para obtener dividendos.

La opción del voto en blanco cobra alguna fuerza, ella significaría la anulación de las posibilidades de victoria de candidatos existentes para el Congreso o la Presidencia, pero tendría que ser mayoritaria en todos los casos para producir efectos políticos, lo contrario implicaría el triunfo de candidatos minoritarios y una grave crisis para el sistema democrático en su concepción.

Frente a las nuevas alternativas de poder, los colombianos deberían preguntarse si: ¿comparten o no los mismos objetivos y prioridades que los partidos establecidos? Si la respuesta es negativa, ¿cuáles son? Para los grandes partidos, el orden de posibilidades y preferencias, normalmente sería el siguiente: en primer lugar, gobernar con una mayoría absoluta; en segundo lugar, gobernar en coalición, como socio mayor; en tercer lugar, gobernar en coalición pero como socio menor; y en cuarto lugar, presentar una oposición al gobierno. Ya que se puede suponer que los grandes partidos están institucionalizados, no es necesario considerar otras preferencias, como la posibilidad de que éstos desaparezcan. Su existencia continua está, más que todo, dada como hecho (BOUDON, 1996)

Vamos a ver entonces cómo Colombia responde al reto que el 2014 representa con todos sus ingredientes.

 

 
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Publicado por en diciembre 30, 2013 en Opinión Pública

 

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