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NO HAY NADA NUEVO EN EL DISCURSO Y ACCIONAR DE LAS FARC

10 Ene

NO HAY NADA NUEVO EN EL DISCURSO Y ACCIONAR DE LAS FARCContrario a lo que quieren ver algunos optimistas a ultranza en el proceso de La Habana, el discurso y el accionar de las Farc no ha variado con respecto a otros procesos similares que fracasaron por el divorcio histórico que la narcoguerrilla tiene con la realidad colombiana.

El 17 de diciembre de 2013, Luis Alberto Albán Burbano, alias Marcos Calarcá, quien asumió la vocería de la narcoguerrilla reiteraba que “en la antesala de la reanudación del diálogo que no nos encontramos en La Habana negociando una transición para dejar las armas a cambio de unos votos. Sesenta años de lucha armada buscando justicia social y verdadera participación política van mucho más allá del tema de esos votos” (STEREO, 2013); los medios de comunicación tomaron a la ligera esta afirmación presentándola como una respuesta al presidente Juan Manuel Santos, quien en la Convención de Cambio Radical había señalado que  “allá lo único que se está negociando es una transición para que esa gente deje las balas, deje las armas y las cambie por votos, por los argumentos, y ponerle fin al conflicto”.

El discurso y la acción de las Farc en torno a las negociaciones sigue siendo el mismo que el abatido alias Raúl Reyes señalara en julio de 2000 al presentar el plan estratégico de esa narcoguerrilla, a las Farc les importa un “carajo” la Constitución y la ley colombiana, porque están por fuera de ellas y eso lo tiene que resolver el Estado asumiendo el Plan Bolivariano para la Nueva Colombia si quiere la paz (VILLAMARÍN PULIDO, 2013)

En todos los procesos las Farc han advertido que no negocian su rendición, que no van a hacer entrega de las armas y que no están dispuestas a reconocer su responsabilidad en la violencia desatada desde mediados del siglo pasado contra el pueblo colombiano y por ende no aceptarán la acción de la justicia nacional o internacional frente a los delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos; en otras palabras, las Farc negocian la rendición del Estado colombiano y no su derrota en el campo militar, donde perdieron toda opción de alcanzar el poder por medio de las armas.

En el plan estratégico de las Farc antes enunciado, se señala taxativamente que esa narcoguerrilla adelantará cualquier diálogo con los gobiernos como parte del mismo, analizando hasta donde pueden llegar en el logro del objetivo de acuerdo a las circunstancias políticas y de confrontación existentes, buscando que ante la opinión siempre quede claro que la voluntad por buscar salidas políticas les corresponde y que es el Estado “terrorista” quien tiene la obligación de agotar esa opción aceptando sin oposición sus planteamientos de justicia social, participación política y reconocimiento de la narcoguerrilla como fuerza político-militar (VILLAMARÍN PULIDO, Et.al.)

Para las Farc las negociaciones con el gobierno nacional no tienen otro sentido que ganar posicionamiento político que les permita un reconocimiento como fuerza beligerante a la luz del derecho internacional y por ende que cese la calificación de organización terrorista y narcotraficante que la comunidad internacional con razón les ha impuesto desde los años 90; para ellas aceptar cualquier otra condición representa reconocer al enemigo de clase y por ende perder el fundamento de la lucha de clases a través de la combinación de las formas de lucha sobre la que basan su ideología y su praxis política.

Hoy cuentan con otra ventaja que no tenían en los procesos pasados; con el liderazgo de Cuba, los gobiernos militantes del llamado socialismo del siglo XXI a través del Foro de Sao Paulo y muy especialmente Venezuela, Nicaragua y Ecuador, son apoyo político para sus pretensiones y el gobierno colombiano ha cedido en denunciar que además de ese apoyo, esos países de manera no oficial y a través de aparatos como el llamado Movimiento Continental Bolivariano, apoyan a las Farc logísticamente, les prestan auxilio en territorios extranjeros con campamentos y protección e indudablemente son soporte en la consecución de otros apoyos internacionales. La denuncia presentada en 2008 ante el Consejo de seguridad de la OEA se ahogó en la renuncia tácita de Colombia a proseguir con ella y exigir el debido respeto al derecho internacional por parte de países vecinos.

En este momento, las Farc saben que su representatividad social y su legitimidad política son absolutamente marginales en el país. Por esta razón, la guerrilla trata de llenar este vacío utilizando los diálogos de paz como un instrumento que le puede permitir hacerse a la vocería de sectores  de la población  que siempre han rechazado sus métodos terroristas, o sobre los cuáles su influencia es mínima o inexistente; de ahí la persistencia de sus aparatos políticos como el PCC, la Marcha Patriótica y ahora la UP de empoderarse de la conducción de la protesta social, más que el Congreso de la República las Farc le apuntan a una representatividad importante en Asambleas y Concejos desde donde pueden mantener y estrechar un lazo más directo con los sectores poblacionales estratégicos para ellas.

El vehículo propicio es involucrar a esos sectores sociales inconformes con sus propuestas en La Habana. Para las FARC la legitimidad de los diálogos no la garantiza el hecho de que ellos hayan sido convocados por un gobierno legítimo en representación del pueblo, sino por la participación popular directa auspiciada por la guerrilla. Más aún, es la legitimidad misma del Gobierno la que se pone en juego en función de que se facilite o no la participación popular y se ejecuten o no las propuestas de reformas producto de esa participación popular. Así, afirman las FARC que “El Estado colombiano  reclama y dice ser un representante democráticamente elegido por los ciudadanos. Como  tal, pensamos que está en la obligación de no solo escuchar, sino también implementar las propuestas que ellos hagan” (RANGEL SUÁREZ, 2013)

Logrado ese posicionamiento político en medio de los diálogos y manteniendo en su poder las armas, para las Farc el siguiente objetivo es consolidar zonas de control integral territorial donde operar sus frentes dedicados al narcotráfico, de allí la insistencia en La Habana de un tratamiento laxo y dilatado en el tiempo al fenómeno criminal; las Farc intentan que el narcotráfico se vea en su caso como un delito conexo a la rebelión y un problema social que debe ser resuelto por el Estado sin recurrir a mecanismos coercitivos o punibles.

Entender esta realidad es un deber no sólo de las autoridades gubernamentales para no dejarse sorprender ingenuamente en la mesa de diálogos, sino para la sociedad civil en tanto le facilitaría tener una actitud menos emotiva y más racional frente a los diálogos de paz. También le permitiría evitar el exceso de expectativas infundadas, la manipulación emocional e interesada de la guerrilla, y contar con más elementos de juicio es imprescindible para ponderar las dificultades de las negociaciones de paz, al tiempo que exigirles transparencia y rigor a las autoridades que adelantan esos diálogos en su nombre.

 
1 comentario

Publicado por en enero 10, 2014 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “NO HAY NADA NUEVO EN EL DISCURSO Y ACCIONAR DE LAS FARC

  1. Juan Herrera G.

    enero 13, 2014 at 12:20 pm

    Todos aquellos inmersos en guerrillas, izquierda recalcitrante y caduca como Petro, Las Farc, PCC, Marcha Patriótica, UP, con el visto bueno del Polo, desconocen cínicamente la Constitución Nacional, por tal razón, sus propuestas tienen visos de comunismo retrógrado del que se acabó en la Unión soviética porque solo conduce a la miseria moral y material. Sabemos que Santos, un pobre diablo sin nada en su cabeza, pretende meternos a su idea de socialismo bolivariano sin embargo, en la medida del paso del tiempo nos damos cuenta que su táctica lo va a desmoronar al igual que a sus lacayos. Todos sabemos que su conducta no obedece a un ser sensato sino a un individuo casi bipolar que dice y contradice al mismo tiempo sin encontrar salida a su idea, es igual de bobo para hablar que para negociar. William Ospina, en el Espectador dice preferir la dirección vertical de Uribe a la esquizofrenia de Santos. Estamos de acuerdo.

     

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