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LA REBELIÓN DE LAS BASES

28 Ene

LA REBELIÓN DE LAS BASESLo sucedido este fin de semana pasada en la Convención del Partido Conservador es más que un campanazo de alerta para la dirigencia de los partidos políticos colombianos, especialmente para los tradicionales y aquellos de reciente conformación, pero que son conducidos por políticos de la “vieja escuela”, donde la voluntad de la dirección o del cacique de turno era ley para sus copartidarios y seguidores.

El hecho de que un cacique tradicional como Roberto Gerlein, congresista conservador por más de 40 años, no pudiera ni siquiera dirigirse a los convencionistas para sustentar por qué su partido debía apoyar una eventual reelección del actual presidente de Colombia, acallado por quienes participaban del evento, es más que diciente de la pérdida de credibilidad en políticos de este cuño y de una sublevación de las bases de los partidos contra esa clase de dirigencia que no propone, sino que impone.

Hechos como el supuesto reparto de dineros para comprar adhesiones, la llamada mermelada, habían caldeado ya el ambiente y presagiaban una Convención diferente a las acostumbradas en el más tradicional de los partidos; las sombras de duda y hasta la aceptación explícita por parte del representante Arturo Yepes, de Caldas, de que había pagado pasajes y viáticos a  seguidores suyos para que respaldaran su propuesta de que los conservadores se sumaran al proyecto reeleccionista del actual mandatario Juan Manuel Santos, dejaron esa sensación de que en la política colombiana priman los intereses clientelistas por sobre los principios de los partidos.

Advierte Luis Alejandro Arévalo en un interesante ensayo sobre los partidos, que en el sistema democrático, cuando los partidos políticos no logran penetrar la sociedad con sus ideas y propuestas, demostrando, además, divisiones y pugnas internas, el ciudadano deja de comprender el sistema como uno de partidos. Por lo anterior, una sociedad en donde sus partidos políticos tradicionales disuelven sus ideas y valores en personalismos y en donde la participación política tiende a una irremediable apatía, la aparición de nuevas fuerzas políticas y su traducción en partidos políticos se hace posible. En este escenario, el ciudadano que participa del sistema democrático percibe al político y a los partidos políticos como representantes de tendencias, menos que comprender sus ideas y valores particulares de partido (ARÉVALO RODRÍGUEZ, 2012)

Sin duda los partidos políticos, son una de las instituciones más emblemáticas de la democracia liberal, pero es recurrente que se hable de una crisis de su representatividad real como paso previo a la instauración de formas populistas y de tendencias ideológicas contrarias a esa democracia. Las numerosas referencias a apatía y/o despolitización ciudadana se multiplicaron, a la par los recursos de los individuos a diversas movilizaciones y movimientos sociales, a acciones desde organizaciones de la sociedad civil, a presentaciones en medios de comunicación, proliferando, en síntesis, la activación de espacios alternativos de expresión desde los cuales, sino una resolución definitiva, promover al menos la posibilidad de que ciertas cuestiones problematizadas por distintos sectores de la sociedad sean efectivamente atendidas desde el Estado, trascendiendo de esta forma los estrechos límites que la tradición liberal había reservado para la participación ciudadana, constituyendo con ello lo que Arditi (1995) llamó “la política después de la política” (CARNÉ, 2010)

Sin duda alguna la Constitución de 1991 dio paso a una democracia participativa que ha ido siendo asumida por los ciudadanos. Lo sucedido en la Convención conservadora y los recientes actos de movilización social, distintos a los abiertamente estimulados por las narcoguerrillas, muestran un desplazamiento de las formas políticas organizadas y la asunción de nuevas expresiones de organización social, en las que la izquierda marxista-leninista ha querido ganar sin mucho éxito el espacio dejado por los partidos tradicionales; desafortunadamente para la democracia liberal los líderes políticos destronados se limitan a llamar a estas nueva expresiones “guacherna” de manera despectiva por divorcio con la nueva realidad social y política que se vive.

Un país como Colombia donde el poder público y especialmente el Legislativo y el Judicial, sufren de un grave desprestigio y deslegitimación donde la corrupción y la politiquería, en el filo de lo ilícito pero abiertamente inmoral y no ético, se convierte sin duda en un campo abonado para manifestaciones mesiánicas y populistas que se traducen en amenazas reales a los fundamentos del Estado social de derecho y la imposición de sistemas demagógicos y totalitarios, donde el espíritu violento desarrollado en más de 50 años de conflicto armado, desatado por las narcoguerrillas en aplicación de la combinación de las formas de lucha, puede involucionar a estadios imprevistos derivados de lecturas inapropiadas de esa realidad por parte de fuerzas políticas afines a esa tesis perversa, como ocurrió con el modelo de la cultura narcotraficante o “traqueta” que tanto daño hizo al país en la segunda mitad del siglo pasado.

La política hoy no se está haciendo con propuestas y programas creíbles, en su mayor parte los aspirantes fundamentan sus intenciones mediante el discurso descalificador de sus contrincantes; dice Beatriz Talegón,  en términos generales el desprestigio de la política responde a cuestiones que poco tienen que ver con los hechos circunstanciales, con los chorizos de turno o con los que se aprovechan de su responsabilidad pública para obtener beneficios privados (todo ello reprobable, por descontado). La deslegitimación del servicio público a través del ejercicio de la política es, en definitiva, la deslegitimación de  la democracia. Y como quiera que sea este sistema lo más parecido que tenemos a la soberanía del pueblo, deslegitimar el sistema democrático trae consigo la deslegitimación de la participación ciudadana -aunque sea a través de representantes-. (TALEGÓN, 2013)

 

 
1 comentario

Publicado por en enero 28, 2014 en Opinión Pública

 

Una respuesta a “LA REBELIÓN DE LAS BASES

  1. Silviomahoch

    enero 30, 2014 at 9:41 pm

    Si hubo debate sino montonera informe,muy calcada a la del Centro despocratico

     

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