RSS

TROPICALISMO PREELECTORAL

05 Feb

TROPICALISMO PREELECTORALTambién en Colombia se impone esa moda odiosa de hacer política denigrando y descalificando al contradictor en lugar de proponer ideas o programas de desarrollo para hacerse elegir por voto popular a un cargo público, incluso con las arandelas más rufianescas del castro-chavismo de señalar al otro como enemigo para ganar mediante la polarización el afecto de los electores.

Ese tropicalismo inane que se reviste de semántica demagógica y populista para ganar adeptos entre las mayorías más pobres, a las cuales las clases políticas sólo acuden en tiempos de elecciones o que el llamado socialismo o neocomunismo latinoamericano del Foro de Sao Paulo explota como plañidera de males irremediables mientras se mantenga el odiado capitalismo como modelo político y económico y que se esconde como vergüenza en países que como Cuba llevan 55 años tratando inútilmente de cambiar el paradigma, como Venezuela que convirtió el boom petrolero de inicios de siglo en banco para comprar fidelidades a los postulados bolivarianos mientras su pueblo se empobrecía y sucumbía a la violencia instigada por las tesis de la lucha de clases.

Un tropicalismo atávico que ha impedido darle la sepultura definitiva a las consecuencias de las tesis que a mediados del siglo pasado importaran los comunistas criollos desde la finada URSS sobre la combinación de las formas de lucha y que estimula no sólo la aparición de las narcoguerrillas sino los métodos violentos e irracionales para cualquier reclamo social, económico o político, para mostrar que el Estado capitalista es el violento, el que agrede, el que oprime cuando debe recurrir a la fuerza legal para contener muchedumbres desbordadas que amenazan la convivencia pacífica de los ciudadanos.

Tropicalismo perverso que permite que un funcionario público sancionado disciplinariamente por violar las normas administrativas decida atornillarse al poder, eludir la acción legal y concitando el “apoyo de las masas” logre pervertir el ordenamiento constitucional y fomente una especie de cisma en los poderes públicos, amenazando de formas varias al Estado social de derecho y a los cimientos mismos de la sociedad; amenazas que van desde revivir la violencia del “bogotazo” (9 de abril de 1948), hasta el abuso irracional del derecho promoviendo tutelas que por alguna razón ideológica terminan siendo aceptadas por magistrados con intereses clientelistas creados y provocando una crisis judicial amén del enfrentamiento absurdo de las cortes y los organismos de control constitucionales.

Tropicalismo que en esta época preelectoral permite que cualquier candidato de las minorías de izquierda agite el fantasma del exterminio de la UP para concitar lástima y ganar votos, presentándose a su vez como amenazados por un ya inexistente “paramilitarismo” y por fuerzas oscuras que se oponen a la realización de la democracia; muchos de esos amenazados son promotores de la violencia en los recientes paros del 2013 y que para impedir caer en el olvido denuncian y gritan a los cuatro vientos que están siendo víctimas de amenazas y atentados contra sus simpatizantes; por allí cruzan los mismos actores del partido comunista para quienes el cuento les mantiene visibles porque de realizaciones nada, salvo obtener ingentes indemnizaciones por denuncias de falsas víctimas; no es extraño ver desfilar con tal arenga a toda suerte de personajes y personajillos que quieren cobrar importancia social y política transitando por las calles en carros blindados y un ejército de escoltas para tratar de ser notorios.

Lo malo es que esa proterva forma de hacer política de la izquierda en todos los tiempos infeste los partidos políticos tradicionales o las derivaciones de ellos que han nacido en los últimos años. Es inconcebible que cuando un grupo representativo de estos partidos es derrotado, o sus propuestas no son aceptadas, al interior de las Convenciones estatutarias que definen el rumbo del partido, de sus propuestas y candidatos, entonces generen una división e inmediatamente salgan a hablar de trampa o de negación de la democracia, dividiéndolos para placer y gozo de sus opositores.

Esas son las consecuencias de una torcida interpretación de la democracia que ha empoderado a los sectores minoritarios por sobre las decisiones mayoritarias y el bienestar general, que ha paralizado proyectos necesarios para el desarrollo nacional porque a X o Y minoría no le gustan o no obtienen mayores provechos que los demás; así se ha vista en los megaproyectos de infraestructura, paralizados porque a un particular no le dan lo que quiere por su predio sino lo que vale, peor aún ha dado lugar a comunidades itinerantes que de la noche a la mañana aparecen establecidas sobre el trazado de una autopista o carretera y la suspenden indefinidamente porque deben ser consultadas para continuar la obra.

Qué decir de la invasión de los espacios públicos, que son de todos los ciudadanos, amparándose en dudosas interpretaciones de lo social para favorecer a verdaderas mafias que se han apoderado de la actividad del mercado informal para obtener provecho económico o político, porque también hay ahora profesionales de la política que explotan la necesidad de los menos favorecidos con las llamadas tesis incluyentes socialistas que excluyen a toda la sociedad.

Pero la cereza ahora la pone quien estando en el poder quiere continuar en él, señalar de “enemigos de la paz”, “confabuladores y complotistas” a quienes se oponen o cuestionan sus procesos con narcoterroristas a espaldas y con desconocimiento de los ciudadanos y exigen fidelidad absoluta a su imperial voluntad; de ahí a judicializar a la oposición como hacen los socialistas del siglo XXI hay un corto trecho.

Hoy, lo más grave es que estos emperadores de papel llegan a sacrificar a las instituciones para conseguir sus fines. El show mediático montado ahora en torno a la necesaria labor de inteligencia militar para prevenir acciones terroristas contra la democracia, es farisaicamente presentado desde el mismo poder político como una violación a los DD.HH. Esta hipocresía termina costándole mucho a la democracia y permite el ascenso de las corrientes ideológicas que precisamente buscan acabar con ella y entronizar totalitarismos comunistas donde tal práctica verdaderamente se ejerce para acabar con el disenso y la contradicción.

 
Deja un comentario

Publicado por en febrero 5, 2014 en Opinión Pública

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: