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LA FÁBULA DEL PASTORCITO MENTIROSO

26 Feb

LA FÁBULA DEL PASTORCITO MENTIROSOComo demócratas y amantes de la libertad rechazamos cualquier acción criminal que pueda impedir el libre ejercicio de los derechos ciudadanos, incluso el de quienes se oponen por la vía legal al modelo del Estado social de derecho pues corresponderá a la sociedad decidir en las urnas ese modelo.

No han sido los demócratas en Colombia quienes han acudido a la llamada “combinación de las formas de lucha” para impedir mediante las armas el ejercicio de esos derechos fundamentales en cuya defensa han caído miles de colombianos de todos los estamentos socioeconómicos, especialmente de los más vulnerables, que no comparten el modelo estalinista de estado que propone la izquierda en el país. Han sido las Farc, el Eln y otras organizaciones terroristas ya desmovilizadas las que han preferido el uso de las armas por sobre el libre debate de las ideas.

Por eso con el mismo énfasis debemos rechazar la utilización de la falsa amenaza, la falsa interceptación, la falsa persecución o la falsa exclusión como argumento politiquero para polarizar la opinión ciudadana y presentarse como víctimas cuando han prohijado las perversas tesis que dieron lugar al surgimiento del terrorismo como instrumento político atendiendo órdenes foráneas durante la guerra fría, ese argumento perdió todo sustento con el derrumbe el imperio soviético en los 90 y el fracaso del neocomunismo que surgiera como alternativa.

El espíritu libertario de los colombianos no ha sido terreno fértil para propagar las ideas totalitarias y por ello electoralmente no han acompañado de manera representativa a quienes las proponen bajo las diferentes máscaras utilizadas; la izquierda no ha ido más allá de un 3 o 4% del total de votos en toda su historia pese a las dificultades sociales y económicas que han acompañado a nuestro pueblo a través del tiempo y ello obedece a esa profunda convicción democrática y no a otros factores con los que esa izquierda pretende explicar su fracaso.

Por ello es inconcebible que se quiera repetir en esta época preelectoral el mismo discurso lastimero sobre la existencia de amenazas de un paramilitarismo que ya no existe, las llamadas “Águilas Negras” no son más que una invención literaria para sembrar miedo porque lo que hay son bandas criminales narcotraficantes que hoy son socias en el narcotráfico de las antiguas guerrillas Farc y Eln, convertidas en organizaciones narcoterroristas sin horizonte político.

Lo sucedido este fin de semana en el departamento de Arauca es ejemplo de ese aprovechamiento insidioso y perverso de la falsa información y su explotación mediática como sinónimo de la mala política. Se habla de un atentado a la candidata presidencial Aída Avella Esquivel el pasado domingo 23 de febrero cuando transitaba entre Puerto Jordán y Pueblo Seco, en el departamento de Arauca, hecho que cobró, sin ser verificado, resonancia nacional y mundial hasta el punto de ser repudiado por el presidente Juan Manuel Santos y voceros de los partidos políticos.

Hasta las Farc se dan popularidad diciendo en La Habana que ese atentado era un balazo contra el proceso de paz que allí se adelanta. Esta narcoguerrilla y la izquierda lo toman como bandera para señalar a una supuesta extrema derecha guerrerista, al gobierno y en especial al Ministro de Defensa y al Ejército Nacional, sus acusaciones encuentran eco mediático en la prensa nacional e internacional y se dio como un hecho que en algún momento la vida de la candidata de la UP, que sigue siendo brazo político de las Farc de donde surgiera en los años 80.

La misma señora Avella señaló en sus primeras declaraciones que nadie de la caravana se dio cuenta de lo que sucedía con un vehículo de su caravana, en el que ella no se transportaba, que se rezagó en el camino. Sólo hasta que ese vehículo llegó y sus ocupantes comentaron de un cruce de fuego con 3 desconocidos y se dieran cuenta de 14 impactos de bala en el automotor se comenzó a explotar el rumor del atentado.

Las experticias de balística probarían que el vehículo blindada presentaba 3 impactos de arma de corto alcance en la parte externa y 11 en el parabrisas hechos de adentro hacia afuera, es decir a la reacción de unos escoltas que viajaban en él contra una presunta agresión realizada por 3 individuos que pretendían hacerle un alto en el camino que no atendieron.

Grabaciones de comunicaciones de organizaciones ilegales en el área probarían que esas 3 personas eran miembros de las redes de apoyo al terrorismo del Eln que delinquen en esa zona; dos radio-operadoras de la organización criminal dan cuenta de lo sucedido y demuestran su desconocimiento incluso de quién es la señora Aída Avella Esquivel, señalando que los terroristas que dispararon un revólver contra el vehículo querían indagar quién era el personaje y si era del Estado.

No hubo pues ningún atentado contra Aída Avella Esquivel o contra el director del periódico comunista Voz Carlos Lozano, candidato al Senado por la Alianza Verde, que viajaba en la misma caravana. Sus vidas jamás estuvieron en peligro y los hechos contra el vehículo de cierre de esa caravana fueron producto de la acción criminal de una organización narcoterrorista, que como las Farc, dice compartir las mismas tesis políticas e ideológicas de esas personas, de tal forma que como se dice en el argot de las armas, se trató de un “fuego amigo”.

Es reprochable que la UP y la izquierda, como algunos sectores políticos interesados, en trance electoral conviertan una mentira en una excusa para tratar de desvirtuar las instituciones democráticas y especialmente al Ejército Nacional; estas argucias politiqueras lo que hacen es restarle credibilidad a situaciones que podrían ser preocupantes para el devenir político del país, de su democracia, pues cuando llegaren a suceder, y ojalá nunca se dé el caso, la ciudadanía entonces ya no les creería; así ha sucedido con muchas conductas repudiables que terminan siendo legitimadas de hecho por la reiteración de señalamientos y denuncias falsas; en boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso dice el viejo adagio popular.

Que no termine sucediendo lo advertido en la fábula de Esopo sobre aquel pastorcito mentiroso, la izquierda tiene que aprender que cuando alguien miente continuamente para decir que cuando pide la ayuda o respaldo de los otros, argumentando que el lobo se va a comer sus ovejas, y su llamado resulta ser falso, pues finalmente, cuando el llamado es de verdad, nadie le creerá y el lobo finalmente, se comerá sus ovejas.

 
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Publicado por en febrero 26, 2014 en Opinión Pública

 

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